Columna Periodística Carlos Avendaño El malecón del vicio y de los desfiguros. La alcaldesa Lupita López, muy vernácula -por aquello de las...
Columna Periodística
Carlos Avendaño
El malecón del vicio y de los desfiguros. La alcaldesa Lupita López, muy vernácula -por aquello de las fiestas patrias- salió en defensa de su gran obra consentida el “Malecón”, y soltó una frase de esas que el tiempo se encarga de poner en su lugar: “El tiempo nos dará la razón, el Malecón empieza a cumplir las expectativas, los alvaradenses asisten a diario”. Pues sí, presidenta municipal, que bueno que la gente asista, esto nadie lo puede negar. Pero la pregunta es: ¿Para qué están asistiendo? Porque mientras usted alcaldesa pide a la ciudadanía cuidar una obra que todavía no está terminada y asegura que el Malecón le dará “otra cara al municipio”, por las noches comienzan a llegarnos los reportes ciudadanos sobre el consumo excesivo de alcohol, de escándalos, de trasnochadas y de conductas poco apropiadas para un espacio público. Y aquí es en donde la cosa se pone muy interesante. Porque si el gran atractivo del nuevo “Malecón” termina convirtiéndose en cantina al aire libre después de medianoche, entonces habrá que preguntarnos si realmente estamos frente a una obra de transformación urbana o simplemente frente a un nuevo punto de reunión para la parranda. Pregunta por demás más que obligada: ¿Será este el Malecón del Río Évora o el Malecón del vicio y de los desfiguros? Claro que cada quien es libre de divertirse como quiera, siempre y cuando respete la ley y los derechos de los demás. El problema comienza cuando la fiesta termina afectando a terceros, cuando aparecen conductores alcoholizados, cuando se generan accidentes, cuando hay ruido excesivo, cuando se deteriora la infraestructura, cuando el espacio público se convierte en un territorio sin reglas. Y aquí existe otra pregunta incómoda: ¿En dónde está la autoridad? Porque si la estrategia consiste en concentrar a quienes quieren beber en un solo lugar para que no molesten en otras zonas, entonces habrá que decirlo claramente. Pero si se pretende que el “Malecón” sea una obra emblemática para Salvador Alvarado, entonces también tendrá que haber orden, vigilancia y reglas. No basta con construir, también hay que cuidar. No basta con inaugurar, también hay que administrar. Y no basta con decir que “el pueblo está asistiendo a diario”. Hay que preguntarle al pueblo qué experiencia está teniendo, porque una cosa es llenar un espacio y otra cosa muy diferente es darle calidad de vida a una ciudad. Y hablando del alcohol, tampoco estaría de más que la autoridad municipal explique qué está pasando con los operativos de alcoholimetría. Si el alcoholímetro está suspendido, que se informe por qué, y si está funcionando, que se diga en dónde y con qué frecuencia, y si existen señalamientos ciudadanos sobre posibles abusos o cobros indebidos -moches de dinero- pues que se investiguen. La seguridad vial no puede depender de quién trae dinero en la cartera ni de quién conoce a quién. Innegablemente el municipio de Salvador Alvarado necesita espacios públicos para convivir, caminar, hacer deporte, llevar a los hijos y disfrutar de la ciudad. Ciertamente que el “Malecón” puede ser este espacio, pero también puede terminar siendo otra cosa si nadie le pone orden. Porque una obra pública no se mide únicamente por cuánta gente llega, también se mide por lo que ocurre cuando llega. Así que, alcaldesa: Lupita López, quizá el tiempo sí le dé la razón, pero también puede darle un buen jalón de orejas. Porque si el “Malecón” quiere tener “otra cara”, habrá que procurar que esta cara no sea la de una ciudad en donde después de cierta hora todo se vale. Una cosa es darle vida a la ciudad, y otra cosa muy distinta es darle rienda suelta al desmadre…
Paloma lleva a Sinaloa al senado: “el pleito está a la vista de todos”. La senadora sinaloense Paloma Sánchez Ramos decidió llevar a la máxima tribuna más alta del país lo que desde hace meses se discute en las calles, en las colonias, en las redes sociales y en los cafés de Sinaloa: “la crisis de seguridad y de gobernabilidad que vive el estado”. Durante la sesión dedicada al análisis de la política interior, dentro de la glosa del Segundo Informe de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la legisladora Paloma aprovechó el escenario para poner sobre la mesa la realidad sinaloense. Y no se anduvo por las ramas. Habló de homicidios, de las personas desaparecidas, de los menores que han sido víctimas de la violencia, del desplazamiento, del robo de vehículos, de la pérdida de empleos y del cierre de negocios. Es decir, llevó al Senado la otra cara de Sinaloa, está que difícilmente aparece en los discursos triunfalistas. Pero la intervención subió de tono cuando la senadora dejó de dirigir sus cuestionamientos únicamente al gobierno federal y se volteó directamente hacia el senador Enrique Inzunza Cázarez. Sánchez Ramos lo responsabilizó políticamente por lo ocurrido durante el gobierno de Rubén Rocha Moya y lanzó señalamientos todavía más delicados al hablar de supuestos acuerdos con el crimen organizado. Aquí hay que hacer una precisión obligada: estos señalamientos son acusaciones políticas formuladas desde la tribuna, mismos que deben de ser contrastados y, en su caso, acreditados por las autoridades competentes. Una acusación no equivale a una sentencia, pero políticamente el mensaje fue clarísimo. Y como si el discurso no fuera suficiente, después de hablar desde la tribuna, la senadora Paloma Sánchez Ramos caminó hasta la curul de Enrique Inzunza Cázarez con varias carpetas en las manos. Ahí ya no hubo intermediarios, ni micrófonos de por medio, ni distancia política, sino que fue el mensaje cara a cara. Las carpetas pueden contener documentos, cifras, señalamientos o elementos que la senadora considera relevantes. Pero lo importante es que decidió llevar la confrontación hasta el pleno del Senado y, posteriormente, directamente frente al legislador sinaloense. Y esto cambia el escenario, porque durante meses Sinaloa ha vivido una discusión política marcada por acusaciones cruzadas, señalamientos de inseguridad, cuestionamientos al gobierno anterior y una profunda exigencia ciudadana de resultados. Ahora esta discusión llegó al corazón del Poder Legislativo Federal. La jugada política de Sánchez Ramos parece más que evidente: contraponer el discurso nacional con la realidad que, según ella, están viviendo los sinaloenses. Mientras desde el centro del país se habla de avances, de programas y de resultados, ella quiso poner sobre la mesa los números y los testimonios que, desde su perspectiva, muestran otra realidad. La pregunta ahora es por demás inevitable: ¿Qué responderá Enrique Inzunza Cázarez? Porque después de lo que ocurrió en el Senado, guardar silencio tampoco parece ser una estrategia políticamente cómoda. Y tampoco basta con decir que todo es una campaña de desprestigio. Si existen acusaciones, habrá que responderlas. Si existen documentos, habrá que revisarlos. Si existen cifras equivocadas, habrá que corregirlas. Y si existen responsabilidades, que sean las autoridades competentes quienes las determinen. Lo que no puede hacerse es convertir la tragedia de Sinaloa en una guerra de discursos mientras las familias siguen pagando el precio de la violencia. La senadora Paloma Sánchez Ramos ya puso las cartas sobre la mesa. Ahora faltaría ver qué contienen estas carpetas y qué responderá el senador Enrique Inzunza Cázarez. Porque cuando un pleito político llega hasta la tribuna del Senado, ya dejó de ser un rumor de pasillo, porque ahora está a la vista de todos…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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