Sobre el camino Benjamín Bojórquez Olea. Hay una frase atribuida a la mafia siciliana que la política debería tatuarse en la memoria: “cuan...
Benjamín Bojórquez Olea.
Hay una frase atribuida a la mafia siciliana que la política debería tatuarse en la memoria: “cuando vayas a fallar, asegúrate de que no me vuelvas a necesitar nunca más”.
Porque en política la primera oportunidad se da, la segunda se gana y la tercera no existe.
Lo que ocurre hoy alrededor del exalcalde de Ahome, Gerardo Vargas Landeros, debería preocupar mucho más a Morena de lo que parece.
Si existen elementos para procesarlo, que enfrente la justicia. Si es culpable, que pague. Nadie debe estar por encima de la ley. Pero precisamente por eso la ley debe ser absolutamente ciega.
Porque cuando una investigación judicial aparece en medio de una feroz disputa política interna, la pregunta inevitable no es solamente qué delito se investiga, sino si las instituciones están actuando con absoluta independencia o si alguien pretende convertirlas en instrumentos de una batalla política.
No afirmo que exista persecución política como hecho probado. Pero sí afirmo que la sospecha ya es políticamente devastadora. Y ahí Morena tiene un problema.
Porque si sus propios militantes terminan viendo al poder como un garrote para disciplinar adversarios, entonces el partido deja de parecer movimiento y comienza a parecer una maquinaria de ajustes de cuentas.
Y si en esa percepción aparece el senador sin bancada Enrique Inzunza Cázarez como uno de los actores centrales de la disputa, la responsabilidad política no es acusarlo sin pruebas; es exigirle algo mucho más elemental: que explique, que aclare y que permita que las instituciones hablen por sí mismas.
Sinaloa tiene suficiente con la inseguridad, la división y el hartazgo social. Lo último que necesita es una guerra política disfrazada de institucionalidad.
Morena debería entenderlo antes de que sea demasiado tarde: las persecuciones políticas pueden destruir a un adversario, pero la percepción de justicia selectiva termina destruyendo al propio perseguidor.
Y esa es la pregunta que debería quitarle el sueño al partido guinda: ¿están construyendo justicia o simplemente están construyendo enemigos?
Porque los enemigos políticos se pueden derrotar. La desconfianza de una sociedad, no. Pero si alguien está utilizando la justicia para cobrar facturas políticas, tarde o temprano también tendrá que responder ante la historia.
GOTITAS DE AGUA:
El poder puede ganar una batalla, pero cuando pierde la credibilidad, comienza a perder el futuro.
“Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos el lunes”...
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