En menos de una década, los pasivos del Gobierno estadounidense prácticamente se duplicaron; el aumento de las tasas de interés puede presio...
En menos de una década, los pasivos del Gobierno estadounidense prácticamente se duplicaron; el aumento de las tasas de interés puede presionar al peso, encarecer el financiamiento y afectar comercio y remesas.
Ciudad de México.— La deuda nacional de Estados Unidos superó los 40 billones de dólares en agosto de 2026, prácticamente el doble de los 19.9 billones registrados en 2017, un crecimiento que comienza a generar mayores presiones financieras no sólo para Washington, sino también para economías estrechamente vinculadas como la mexicana.
El Departamento del Tesoro reportó un saldo de 40.033 billones de dólares, de los cuales 32.279 billones corresponden a deuda en manos de inversionistas, instituciones financieras, la Reserva Federal y gobiernos extranjeros, mientras otros 7.754 billones son obligaciones internas del Gobierno federal.
¿Por qué se disparó la deuda?
Entre los factores que explican el crecimiento se encuentran los déficits presupuestarios persistentes, los recursos extraordinarios utilizados durante la pandemia de COVID-19, menores ingresos fiscales y el aumento del gasto en Seguridad Social, Medicare, defensa y pago de intereses.
Durante el primer mandato de Donald Trump se aprobó en 2017 una reducción de impuestos que disminuyó los ingresos federales respecto de las estimaciones anteriores. Posteriormente, tanto las administraciones de Trump como de Joe Biden implementaron programas extraordinarios de apoyo durante la pandemia.
Uno de los principales desafíos ahora es precisamente el costo de financiar esa deuda.
Los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años registran un rendimiento de alrededor de 4.7%, mientras los títulos a 30 años alcanzaron 5.2%, de acuerdo con la información recopilada en el documento. Esto significa que las nuevas emisiones y la deuda que debe refinanciarse resultan más costosas para Washington.
México también puede resentirlo
El problema adquiere especial relevancia para México por la integración económica entre ambos países.
Un incremento en los rendimientos de los bonos estadounidenses puede hacer más atractiva la inversión en esos instrumentos y provocar movimientos de capital desde mercados como el mexicano hacia Estados Unidos.
Esto puede generar presiones sobre el peso frente al dólar y elevar el costo del financiamiento para gobiernos y empresas mexicanas.
El impacto tampoco ocurre automáticamente sobre toda la deuda existente. Las obligaciones contratadas a tasa fija mantienen sus condiciones y el efecto se manifiesta principalmente cuando vencen y necesitan refinanciarse o cuando se contrata nueva deuda.
Comercio y remesas, otro frente
Una eventual desaceleración de Estados Unidos derivada del creciente costo de su deuda también podría reducir la demanda de productos mexicanos, particularmente en sectores altamente integrados como el automotriz, electrónico, agropecuario y de equipo industrial.
Las remesas representan otro canal de riesgo. México recibió 30 mil 759 millones de dólares durante el primer semestre de 2026, y tan sólo entre abril y junio alrededor de 15 mil 673 millones provinieron de Estados Unidos.
Aunque el crecimiento de la deuda estadounidense no significa por sí solo una crisis para México, su magnitud y el aumento de los costos financieros colocan un nuevo factor de presión sobre los mercados, el tipo de cambio, el comercio y los ingresos de millones de hogares mexicanos.
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