La temporada de lluvias favorece la presencia de moho y ácaros que pueden desencadenar molestias oculares. Permanecer más tiempo frente a pa...
La temporada de lluvias favorece la presencia de moho y ácaros que pueden desencadenar molestias oculares. Permanecer más tiempo frente a pantallas y en lugares climatizados también puede contribuir a la resequedad.
Salud.- Llegan las lluvias, disminuye momentáneamente el calor y aparece una molestia que muchas personas reconocen: ojos rojos, ardor, lagrimeo y una intensa sensación de comezón.
Aunque podría parecer que la lluvia es responsable directa, el problema puede estar relacionado con los cambios que provoca la humedad en nuestro entorno.
Los ambientes húmedos favorecen la proliferación de moho y ácaros del polvo, cuyos componentes pueden actuar como alérgenos y desencadenar molestias en personas susceptibles.
Una de las consecuencias puede ser la conjuntivitis alérgica, caracterizada principalmente por comezón, enrojecimiento y lagrimeo.
¿Por qué aumenta la comezón?
Cuando el organismo identifica determinadas sustancias como alérgenos se produce una respuesta inmunitaria en la que interviene la histamina.
Esta reacción puede provocar inflamación y dilatación de pequeños vasos sanguíneos, lo que ayuda a explicar el característico enrojecimiento ocular.
La comezón puede llevar instintivamente a frotarse los ojos.
Pero hacerlo repetidamente no es recomendable.
Además de incrementar la irritación, las manos pueden transportar microorganismos y partículas hacia la superficie ocular. Frotarse con demasiada intensidad también puede provocar lesiones.
El aire acondicionado y las pantallas también cuentan
Hay otra situación aparentemente contradictoria durante los días lluviosos: los ojos pueden sentirse secos aunque exista mucha humedad ambiental.
Parte de la explicación está en nuestros hábitos.
Cuando llueve solemos permanecer durante más tiempo dentro de viviendas, oficinas o establecimientos con aire acondicionado.
El flujo constante de aire puede favorecer la evaporación de la película lagrimal y provocar sensación de resequedad, ardor o de tener “arena” dentro de los ojos.
A esto se suma el uso prolongado de celulares, computadoras y televisores.
Cuando fijamos la vista en una pantalla parpadeamos con menor frecuencia, reduciendo la distribución natural de las lágrimas sobre la superficie ocular.
¿Qué puedes hacer?
Algunas medidas sencillas pueden disminuir la exposición a posibles desencadenantes.
Mantener habitaciones ventiladas y controlar problemas de humedad ayuda a reducir la proliferación de moho. También resulta conveniente limpiar regularmente superficies, colchones y muebles y mantener limpia la ropa de cama.
Si existe resequedad, las lágrimas artificiales pueden ser útiles en algunos casos, aunque es recomendable elegirlas con orientación profesional cuando las molestias son recurrentes.
También debe evitarse utilizar indiscriminadamente gotas destinadas únicamente a “quitar lo rojo”, especialmente durante periodos prolongados.
¿Cuándo acudir al médico?
Una molestia ocasional no necesariamente representa una emergencia, pero existen señales que requieren valoración médica.
Dolor ocular intenso, sensibilidad marcada a la luz, disminución o alteraciones de la visión, secreción importante, traumatismo o síntomas que empeoran o no desaparecen justifican acudir con un profesional de la salud.
Y existe una regla sencilla durante esta temporada:
Si los ojos comienzan a picar después de las lluvias, evita frotarlos.
Lo que parece proporcionar unos segundos de alivio puede terminar aumentando la irritación.
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