Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga "Pero las palabras arden: como un sonido más allá de todo sentido, con un fulgor y hasta con un p...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
"Pero las palabras arden: como un sonido más allá de todo sentido, con un fulgor y hasta con un peso especialísimo", Gonzalo Rojas (1916-2011) Profesor y periodista chileno.
CONFRONTACIÓN
En política, los regresos también tienen significado. Enrique Inzunza Cázarez volvió al Senado después de una prolongada ausencia, pero regresó a un escenario muy distinto al que dejó. Separado de la bancada de Morena, convertido en senador independiente y bajo el peso de señalamientos formulados desde Estados Unidos que él rechaza, su reincorporación difícilmente podía pasar inadvertida.
Y no pasó.
La senadora priista Paloma Sánchez se encargó de colocar el contraste desde el primer momento. Su protesta en el escaño de Inzunza y posteriormente sus declaraciones públicas llevaron el asunto más allá de la situación personal del legislador. Lo colocaron dentro de la discusión política sobre Sinaloa.
Ahí comienza la lectura interesante.
Dos estrategias diferentes
Inzunza busca normalizar su regreso. Presentarse, ocupar su escaño, participar en las actividades legislativas y sostener públicamente su inocencia. Su apuesta parece sencilla: permanecer institucionalmente activo mientras enfrenta en el terreno político y jurídico los señalamientos existentes.
Incluso su separación de la bancada de Morena puede interpretarse como un intento de quitar presión al partido y, al mismo tiempo, construir una defensa propia.
Pero declararse independiente no elimina automáticamente su pasado político ni las relaciones construidas durante años.
Y eso es precisamente lo que la oposición intenta explotar.
Paloma Sánchez está haciendo exactamente lo contrario: evitar que el regreso de Inzunza se convierta en algo ordinario.
Cada aparición del senador puede convertirse para ella en una oportunidad para volver a colocar sobre la mesa los señalamientos que pesan en su contra y, sobre todo, vincularlos con la discusión sobre seguridad y gobernabilidad en Sinaloa.
Paloma encontró una bandera
Hay otro elemento.
La confrontación tampoco comenzó esta semana. Desde la campaña electoral de 2024 existían diferencias públicas entre Sánchez e Inzunza. Ambos terminaron representando proyectos políticos distintos de Sinaloa en la Cámara Alta: Inzunza llegó mediante la fórmula ganadora de Morena y Paloma Sánchez por la primera minoría opositora.
Ahora las circunstancias cambiaron.
Paloma parece haber encontrado en el caso Inzunza una bandera que puede darle presencia nacional y, al mismo tiempo, mantenerla dentro de la conversación política sinaloense.
Eso también debe observarse rumbo a 2027.
Porque mientras Morena reorganiza sus piezas alrededor de Imelda Castro y la oposición todavía discute cómo construir una eventual alianza, Sánchez está ocupando un espacio muy concreto: el de la confrontación política directa con algunos de los personajes que identifica con el anterior grupo goBernante en Sinaloa.
Pero existe una línea que no debería perderse.
Los calificativos utilizados por la senadora forman parte de su discurso político. No constituyen por sí mismos una resolución judicial ni acreditan responsabilidad penal de Inzunza. El senador rechaza las acusaciones y sostiene su inocencia. Esa diferencia debe mantenerse clara.
La batalla apenas comienza
El escenario resulta paradójico.
Inzunza necesita tiempo, institucionalidad y normalidad.
Paloma necesita mantener abierto el debate.
Uno busca demostrar que puede continuar desempeñando su responsabilidad legislativa pese a la tormenta política. La otra pretende impedir que los cuestionamientos desaparezcan de la agenda pública.
Por eso lo Ocurrido en el Senado probablemente no será un episodio aislado.
Y quizá ahí esté la verdadera dimensión del asunto.
La confrontación entre Paloma Sánchez y Enrique Inzunza dejó de ser solamente una diferencia entre dos senadores. Empieza a convertirse en otro frente de la disputa política por la narrativa de Sinaloa rumbo }a 2027.
Todavía falta mucho.
Pero las posiciones ya comenzaron a marcarse.
AVANCE
Después de dos años de pausa, el regreso de la zafra de tilapia en la presa El Salto tiene una lectura que va más allá del acto protocolario. Más de 200 pescadores regresan a una actividad de la que dependen directamente numerosas familias de Elota. Ahí está el verdadero dato.
La secretaria de Pesca y Acuacultura, Flor Emilia Guerra Mena, acompañó el reinicio con la entrega de cinco pangas y cinco motores. El apoyo es importante, particularmente porque dos beneficiarias son mujeres, pero también permite dimensionar el desafío: reactivar una actividad después de dos años requiere mucho más que equipamiento.
El reto será mantener condiciones para que la pesca vuelva a ser económicamente sostenible. Repoblamiento, vigilancia, infraestructura, comercialización y productividad tendrán que caminar juntos. De poco sirve abrir nuevamente la temporada si el ingreso de las familias no logra recuperarse.
Para el gobierno de Graciela Domínguez Nava, además, existe una oportunidad interesante. En momentos donde buena parte de la agenda estatal está dominada por seguridad y política, recuperar actividades productivas en las comunidades puede convertirse en otro componente de estabilidad social.
Porque en El Salto no solamente volvieron las pangas al agua.
Después de dos años, más de 200 pescadores volvieron a tener una oportunidad de trabajar. Ahora el reto será conseguir que esa oportunidad permanezca.
DATOS DUROS
El dato presentado por Mexicanos Primero Sinaloa merece atención: durante el ciclo escolar 2025-2026, en 105 de los 185 días del calendario oficial, alrededor del 57 por ciento, hubo al menos una escuela de Sinaloa donde se documentó suspensión de clases. No significa que todo el sistema educativo haya permanecido cerrado durante 105 días, pero sí revela una continuidad de interrupciones que difícilmente puede considerarse normal.
La plataforma Días Sin Clases, presentada por la directora general del organismo, Nuria González Elizalde, permite además ponerle causa al problema. De los casos clasificados, 41.3 por ciento correspondió a cuestiones operativas, 39.5 por ciento a inseguridad o violencia y 19.2 por ciento a fenómenos naturales. Es decir, prácticamente cuatro de cada diez interrupciones documentadas estuvieron relacionadas con el contexto de inseguridad.
Ahí está quizá la lectura más importante. La crisis de seguridad en Sinaloa no solamente debe medirse en homicidios, enfrentamientos, detenidos o aseguramientos. También tiene consecuencias silenciosas. Una de ellas ocurre dentro de las escuelas.
Y existe otra cuestión que la propia organización reconoce: todavía no puede determinarse con precisión cuántos estudiantes fueron afectados ni cuánto aprendizaje se perdió. La plataforma pretende precisamente comenzar a generar evidencia para responder esas preguntas.
Para el nuevo gobierno de Graciela Domínguez Nava, que ha planteado incorporar la atención social y educativa dentro de su estrategia de seguridad, estos datos pueden convertirse en un punto de referencia.
Porque recuperar la normalidad en Sinaloa no será únicamente conseguir que disminuyan los hechos violentos.
También será lograr que una familia pueda enviar a sus hijos a la escuela sin preguntarse primero si ese día habrá condiciones para tener clases.
.png)

