Columna Periodística Carlos Avendaño Sheinbaum Pardo: dos años entre avances, tropiezos y fuego amigo. Entre claroscuros, as...
Columna Periodística
Carlos Avendaño
Sheinbaum Pardo: dos años entre avances, tropiezos y fuego amigo. Entre claroscuros, así es como llega la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo al cierre de su segundo año de gobierno. Porque, seamos honestos, no todo ha sido un desastre, pero tampoco todo ha sido la maravilla que nos han querido vender desde Palacio Nacional. En seguridad y economía, el Gobierno presume avances: reducción de homicidios y de delitos de alto impacto, estabilidad del peso y de crecimiento económico. Bien por esto, solamente que el problema aparece cuando dejamos de mirar las gráficas oficiales y comenzamos a mirar los problemas políticos, y ahí es en donde la cosa se pone bastante menos bonita. El frente con los Estados Unidos de Norteamérica se convirtió en una prueba permanente para la presidenta. Donald Trump presiona con los aranceles, la seguridad, las drogas y hasta con amenazas de intervención, y Claudia Sheinbaum Pardo responde defendiendo la soberanía, está correcto. Pero mientras hacia afuera hay que lidiar con Donald Trump, hacia adentro hay que lidiar con los propios. Y ahí es en donde está uno de los mayores dolores de cabeza de la 4T. Porque MORENA terminó cargando con personajes que, lejos de ayudar a la presidenta, le han generado un enorme costo político. Ahí están los casos del ex gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya y de Andrés Manuel “Andy” López Beltrán -hijo de AMLO-. Rocha Moya regresó a la gubernatura de Sinaloa después de más de cien días de licencia y duró tan solo unas cuantas horas antes de volver a separarse del cargo. ¡Ni las puertas giratorias trabajan tan rápido como este asunto! Y el episodio dejó una imagen difícil de esconder: MORENA terminó tomando distancia de uno de los suyos, el ahora innombrable: Rocha Moya. En el caso de “Andy” López Beltrán, la revocación de su visa estadounidense ha provocado también una férrea defensa política desde el oficialismo. Y entonces aparece la pregunta por demás que obliga e incómoda: ¿Hasta dónde llega la lealtad partidista y hasta dónde comienza la obligación de investigar? Porque una cosa es defender la soberanía nacional y otra cosa muy diferente es confundir soberanía con blindaje político. Lo mismo ocurre con el llamado: “Huachicol Fiscal”. Se anuncian detenciones, investigaciones y golpes contra redes de corrupción, hasta ahí todo perfecto. Pero la ciudadanía quiere algo por demás que sencillo: que la justicia llegue hasta donde tenga que llegar, tope donde tope y caiga quien caiga. Aquí no importa si el apellido es: Farías, Ojeda, López, Rocha, Inzunza, o cualquier otro. Porque si la justicia tiene colores partidistas, deja de ser justicia y se convierte en propaganda. Y mientras tanto, la afamada Reforma Electoral tampoco salió precisamente como la habían imaginado. MORENA tiene mayoría, así es. Pero sus propios aliados demostraron que mayoría no significa obediencia absoluta. El Partido Verde Ecologista Mexicano (PVEM) y Partido del Trabajo (PT) también han sabido hacer sus cuentas. Y cuando sus intereses han estado en juego, hasta los aliados descubren que tienen voluntad propia. Luego aparece el otro asunto igualmente delicado: los derechos de las audiencias. Porque una cosa es proteger al público y otra cosa muy diferente es que el Gobierno Federal tenga herramientas para decirle a todos los medios qué pueden decir, cómo deben decirlo y qué contenidos pueden resultar incómodos. Todo esto nos huele demasiado parecido a aquella vieja costumbre de “yo gobierno y tú no critiques”. En definitiva, así es como llega Claudia Sheinbaum Pardo a su segundo año de gobernanza: con avances que deben reconocerse, con problemas que no pueden esconderse, y con una oposición que observa cada tropiezo. Pero quizás el mayor desafío de la presidenta no esté en la oposición, sino que puede estar dentro de su propia casa morenista. Porque gobernar también significa saber cuándo defender a los propios y cuándo decirles: hasta aquí. La 4T prometió no ser igual que los de antes y al parecer varios morenistas -por no decir que todos- salieron más cabrones que bonitos. Entonces tendrán que demostrarlo justamente cuando la decisión sea por demás incómoda. Porque gobernar no consiste en proteger amigos, consiste en proteger a las instituciones. Y al final de cuentas estimado lector, la historia no juzga los discursos. juzga los resultados…
¿Seguridad nacional o información incómoda? ¡Qué conveniente resulta invocar la “Seguridad Nacional” cuando al gobierno no le conviene enseñar los números! Información sobre: el Tren Maya, el AIFA, la Refinería de Dos Bocas y el Tren Interoceánico, ha quedado bajo distintas reservas y restricciones. Y cada vez que los ciudadanos nos preguntamos: ¿Cuánto costaron? ¿Cómo se ejerció el dinero? O ¿Quién tomó las decisiones? Aparece la misma palabra mágica: “Seguridad Nacional”. ¡Ah, mire pues que bueno verdad! Entonces resulta que conocer cuánto costó una obra pública puede ser demasiado peligroso para la seguridad del país. Pero cuando se trata de hablar de “Derechos de las Audiencias”, ahí sí aparece el gobierno federal con la lupa y con la regla para decirnos: ¿Qué es lo que podemos escuchar? ¿Cómo es lo que debemos interpretar? Y ¿Quién sabe, quizá mañana hasta qué podemos pensar? Y aquí está el verdadero problema: ¿De verdad creen que los mexicanos no tenemos capacidad de razonar por nosotros mismos? El ciudadano no necesita que ningún Gobierno le administre la verdad, necesita información completa, datos verificables y libertad para sacar sus propias conclusiones. Si una obra cuesta lo que dicen, enséñalo y ya. Si cada peso fue utilizado correctamente, compruébalo y ya. Si no existe corrupción, abran los expedientes y ya. Porque esconder información detrás de la etiqueta de “Seguridad Nacional” alimenta precisamente aquello que después el gobierno federal dice combatir: “la sospecha”. Y cuidado con convertir los llamados derechos de las audiencias en una herramienta para controlar lo que dicen los medios. Porque una cosa es proteger al público de contenidos ilícitos o garantizar derechos, y otra cosa muy diferente, es utilizar la regulación para ponerle bozal a la crítica. El gobierno federal no necesita ciudadanos obedientes, necesita ciudadanos informados. Y si la 4T realmente confía en el pueblo “bueno y sabio” que tanto presume, entonces debería dejarlo escuchar, cuestionar, comparar y decidir. Porque intentar proteger al ciudadano de las opiniones que no le gustan no es respeto, es más bien subestimar su inteligencia. Y esto, estimado lector, no solamente es un acto de cinismo, sino que es un insulto a la inteligencia de millones de mexicanos…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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