El sismo de magnitud 7.4 golpeó zonas de Risaralda, Caldas y otras regiones vinculadas a la producción de café; todavía no existe una estim...
El sismo de magnitud 7.4 golpeó zonas de Risaralda, Caldas y otras regiones vinculadas a la producción de café; todavía no existe una estimación de pérdidas en cultivos, pero las afectaciones carreteras podrían complicar la cadena productiva.
Bogotá, Colombia.- Después de la emergencia humana provocada por el terremoto de magnitud 7.4 que sacudió Colombia este lunes 10 de agosto, una segunda preocupación comienza a tomar fuerza: qué ocurrirá con la actividad económica de una de las principales regiones productoras de café del país.
El movimiento telúrico tuvo su epicentro en el departamento del Chocó, pero golpeó con fuerza ciudades y zonas rurales del occidente colombiano, incluidas áreas vinculadas al denominado Eje Cafetero.
Pereira y Manizales se encuentran entre las ciudades afectadas, mientras continúan las evaluaciones de carreteras, puentes, edificios, aeropuertos y otros componentes de infraestructura.
Para los caficultores, el problema no necesariamente comienza en las plantas.
Incluso una finca cuyos cultivos hayan resultado intactos puede enfrentar dificultades si los caminos utilizados para sacar el café quedan bloqueados o dañados.
El café tiene que salir de las montañas
La producción cafetera colombiana depende de una extensa red de caminos rurales y carreteras que conecta las fincas ubicadas en regiones montañosas con centros de compra, plantas de procesamiento y puntos de distribución.
Después de recolectarse, el café debe pasar por diferentes etapas de beneficio, secado, almacenamiento, transporte y comercialización.
Una interrupción prolongada en cualquiera de estos puntos puede provocar retrasos y elevar los costos para los productores.
El riesgo adquiere especial importancia para los pequeños caficultores, quienes necesitan trasladar periódicamente su producción hacia los centros de compra.
Derrumbes, afectaciones en puentes o cierres preventivos de carreteras podrían obligarlos a mantener temporalmente el producto en las fincas mientras se recupera la conectividad.
Todavía no hay una cifra de pérdidas para los cafetales
Hasta ahora resulta prematuro establecer cuánto dinero podría perder el sector cafetero colombiano como consecuencia del terremoto.
Las primeras evaluaciones se han concentrado principalmente en rescatar personas, atender heridos, inspeccionar edificios y restablecer servicios básicos.
Posteriormente será necesario llegar hasta las comunidades rurales para revisar las condiciones de las fincas.
La evaluación deberá incluir no solamente los cafetales, sino también viviendas rurales, bodegas, caminos, infraestructura para beneficio y secado del café y otros espacios indispensables para mantener funcionando la producción.
Por ello, un cultivo puede no presentar daños visibles y aun así sufrir consecuencias económicas si queda aislado.
Aeropuertos y carreteras, claves para recuperar la actividad
Las afectaciones reportadas en infraestructura aeroportuaria de ciudades como Pereira y Manizales agregan presión sobre la conectividad regional.
Aunque la mayor parte del café no sale de las fincas por avión, los aeropuertos permiten movilizar trabajadores, técnicos, insumos y servicios relacionados con la actividad económica.
Pero para los productores el punto fundamental estará en las carreteras.
Si las principales conexiones pueden recuperarse rápidamente, el impacto sobre la cadena cafetera podría mantenerse limitado.
Si los bloqueos, derrumbes o daños estructurales requieren semanas de reparación, el escenario sería diferente.
Los productores tendrían que buscar rutas alternas, enfrentar mayores tiempos de traslado y posiblemente absorber costos adicionales para colocar su producto en el mercado.
Miles de familias dependen de esta actividad
El café representa mucho más que una cosecha para departamentos como Caldas, Risaralda y Quindío.
Alrededor de la actividad funcionan empleos y negocios relacionados con recolección, transporte, insumos agrícolas, procesamiento, almacenamiento, comercio y servicios.
Por ello, una afectación prolongada a la infraestructura podría extender sus consecuencias hacia otros sectores de la economía regional.
La emergencia ocurre además mientras los productores enfrentan las variaciones habituales del mercado cafetero.
Este lunes, el precio interno de referencia de una carga de 125 kilogramos de café pergamino seco se ubicó en 2 millones 245 mil pesos colombianos, de acuerdo con el dato citado de la Federación Nacional de Cafeteros.
Si al comportamiento de los precios se agregan mayores costos de transporte derivados de la emergencia, algunos productores podrían enfrentar una presión adicional.
El recuerdo del terremoto de 1999
El nuevo terremoto inevitablemente lleva la memoria hacia el sismo del Eje Cafetero de 1999, una de las mayores tragedias naturales de la historia reciente colombiana.
Armenia y otras localidades de la región sufrieron entonces una devastación que dejó profundas consecuencias humanas y económicas.
Ahora el escenario y las características del movimiento son diferentes, pero nuevamente queda expuesta la vulnerabilidad de una región montañosa donde carreteras y caminos resultan fundamentales para la vida de las comunidades y el movimiento de su principal producto agrícola.
Por ahora, la prioridad continúa siendo localizar sobrevivientes, atender a los heridos y garantizar la seguridad de la población.
Después llegará el balance económico.
Y para el Eje Cafetero una de las preguntas fundamentales será cuánto tardarán en restablecerse completamente las conexiones entre las montañas donde se produce el café y los mercados donde finalmente se comercializa.
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