Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga "Prefiero saber apreciar lo que no puedo tener, que tener lo que no soy capaz de apreciar", ...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
"Prefiero saber apreciar lo que no puedo tener, que tener lo que no soy capaz de apreciar", Orison Swett Marden (1850-1924) Escritor de libros de autoayuda.
RECUENTO DE LOS DAÑOS
Hay una elección que todavía no aparece en las boletas, que jurídicamente no es una elección constitucional y en la que nadie puede pedir abiertamente el voto, pero que desde hace semanas mueve estructuras, provoca reuniones, llena salones, recorre comunidades y obliga a buena parte de la clase política sinaloense a hacer cuentas.
Es la sucesión de 2027.
Morena le llama proceso para elegir a la persona que encabezará la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Sinaloa.
El nombre es largo. La disputa es mucho más sencilla de entender.
Quien conquiste esa posición habrá ganado una ventaja enorme en la carrera por convertirse, eventualmente, en candidata o candidato de Morena y sus aliados a la gubernatura de Sinaloa.
Por eso nadie debería confundirse. Las asambleas importan. Los recorridos importan. Las fotografías importan. Los operadores importan. Los presidentes municipales importan. Los liderazgos regionales importan. Las estructuras importan.
Pero, sobre todo, importa sobrevivir.
Porque antes de preguntarnos quién puede ganar la gubernatura de Sinaloa en 2027, Morena resolverá una pregunta mucho más inmediata:
¿quiénes tendrán derecho a competir por ella?
Y ahí está la verdadera batalla.
La cobija
Morena abrió el proceso bajo una lógica políticamente inteligente: permitir que prácticamente todas sus expresiones encontraran una puerta de entrada. La lista formal llegó a 13 registros. Ahí aparecieron figuras con trayectorias, historias y pesos políticos completamente diferentes.
Imelda Castro.
Tere Guerra.
Estrella Palacios.
Graciela Domínguez.
Lucila Ayala.
Gerardo Vargas.
Omar López.
Rodolfo Valenzuela.
Jesús Ibarra.
Kristiam Espinoza.
Tomás López Bajo.
Y por los partidos aliados aparecieron Ricardo Madrid, del Partido Verde, y Fernando García, del Partido del Trabajo.
Trece nombres.
Pero no trece posibilidades iguales.
Porque una cosa es tener derecho a registrarse y otra muy diferente es tener condiciones para llegar al último tramo. Morena abrió la puerta para evitar que la exclusión ocurriera en un escritorio.
Ahora serán las mediciones las que comiencen a cerrarla. Ahí está la genialidad —y también el riesgo— del método. Porque al final alguien tendrá que decirles a varios aspirantes que su carrera terminó.
La primera aduana
Durante semanas la conversación pública se concentró en quién aparece primero en las encuestas. Quizá estábamos haciendo la pregunta equivocada.
La información que ha comenzado a revelar Ignacio Mier cambia completamente el tablero: Morena llevaría a la etapa definitiva dos mujeres y dos hombres, mientras PVEM y PT tendrían la posibilidad de incorporar un perfil cada uno.
Traducido al lenguaje político:
2 mujeres de Morena.
2 hombres de Morena.
1 espacio para el Verde.
1 espacio para el PT.
Hasta seis nombres.
Y entonces entendemos que la batalla más feroz no necesariamente será entre Imelda Castro y Gerardo Vargas, entre Estrella Palacios y Omar López o entre Tere Guerra y Rodolfo Valenzuela.
No todavía. La primera competencia ocurre entre los propios aspirantes de cada bloque. Las mujeres contra las mujeres. Los hombres contra los hombres. Porque antes de conquistar Sinaloa tienen que conquistar un boleto.
La guerra de mujeres
En el bloque femenino hay cuatro perfiles que mantienen presencia territorial y política visible:
Imelda Castro, Tere Guerra, Graciela Domínguez y Estrella Palacios.
Cuatro proyectos. Tres lugares.Ahí está una de las competencias más interesantes de todo el proceso.
Imelda tiene trayectoria nacional, experiencia legislativa, estructura política construida durante años y un posicionamiento que difícilmente puede ignorarse.
Tere Guerra posee experiencia política, conocimiento del aparato gubernamental, vínculos con sectores de Morena y una narrativa que intenta colocarla como una mujer preparada para asumir responsabilidades mayores.
Graciela Domínguez tiene historia dentro de la izquierda sinaloense, experiencia legislativa y administrativa y una trayectoria directamente vinculada con la construcción del movimiento.
Y Estrella Palacios representa otra narrativa: juventud, territorio, una carrera política ascendente y la posibilidad de presentar una cara generacionalmente distinta.
No están peleando todavía por ser gobernadora. Están peleando por no quedar fuera. Y eso modifica todo.
Cada recorrido municipal debe leerse desde esa perspectiva. Cada asamblea. Cada adhesión. Cada fotografía. Cada liderazgo que aparece. Cada estructura que se mueve. Porque si solamente pasan dos, dos proyectos femeninos políticamente relevantes recibirán un golpe antes de llegar septiembre.
¿Pelea sin cuartel?
Si entre las mujeres hay cuatro proyectos visibles para dos espacios, entre los hombres la competencia es todavía más compleja.
Gerardo Vargas.
Omar López.
Rodolfo Valenzuela.
Jesús Ibarra.
Kristiam Espinoza.
Tomás López Bajo.
Seis aspirantes morenistas disputando, bajo el esquema anunciado, solamente una posición. Aquí encontramos generaciones, experiencias y fortalezas completamente distintas.
Gerardo Vargas juega con una carta que ninguno de los demás puede reproducir fácilmente: experiencia ejecutiva, conocimiento del aparato gubernamental, operación política y una trayectoria propia construida durante décadas.
Omar López ha apostado por territorio, organización y una presencia cada vez más intensa dentro del movimiento.
Rodolfo Valenzuela intenta convertir su perfil político y legislativo en una opción competitiva, recorriendo municipios y fortaleciendo vínculos con las bases.
Jesús Ibarra tiene experiencia legislativa y conocimiento de las estructuras políticas.
Kristiam Espinoza ha convertido el número de actividades y recorridos en parte central de su narrativa: presencia, territorio, cercanía.
Tomás López Bajo completa una competencia donde nadie quiere aceptar públicamente que existe un favorito porque hacerlo significaría admitir que también existen rezagados.
Por eso la frase repetida desde la dirigencia es: “No hay nadie descartado”.
Probablemente sea cierto institucionalmente. Políticamente es otra cosa. Porque si hay seis personas buscando dos boletos, las matemáticas son implacables: en teoría cuatro quedarán fuera.
La visita de "Nacho"
La llegada de Ignacio Mier a la conducción política del proceso tampoco debe interpretarse como un asunto protocolario.
Mier no viene solamente a presidir reuniones. Viene a observar. A escuchar. A medir. A ordenar. Y, sobre todo, a evitar que la competencia termine convirtiéndose en una fractura.
Su anuncio de recorrer los 20 municipios de Sinaloa tiene una lectura que rebasa cualquier gira partidista. Cuando un operador nacional recorre estructuras municipales antes de una definición de esta naturaleza, no solamente conoce el territorio.
Conoce quién controla qué. Quién tiene gente. Quién solamente tiene fotografías. Quién genera consenso. Quién provoca resistencias. Quién tiene estructura prestada. Y quién tiene estructura propia.
Las encuestas pueden medir conocimiento. El territorio revela poder. Y Morena necesita ambas cosas.
La realidad
Aquí aparece uno de los grandes dilemas del proceso. Supongamos que un aspirante tiene alto conocimiento, pero genera enormes negativos. Otro tiene menor conocimiento, pero mayor potencial de crecimiento.
Uno controla estructuras políticas, pero no conecta con ciudadanos. Otro conecta con ciudadanos, pero carece de operadores. Uno puede ganar una encuesta interna. Otro puede ganar una elección constitucional.
¿Son necesariamente la misma persona? No.
Y ésa probablemente será una de las discusiones más importantes cuando Morena tenga enfrente a sus finalistas.
Porque elegir coordinador no debería consistir solamente en responder: ¿quién es más conocido?
La verdadera pregunta tendría que ser: ¿quién puede conservar unido a Morena y además ganar Sinaloa en 2027? Digo en las humildes palabras de un servidor.
Son cosas diferentes. Y en política, confundirlas suele resultar caro.
El otro juego
PVEM y PT no son invitados decorativos, aunque me los presuman así. Si mantienen sus espacios en la encuesta definitiva, Ricardo Madrid y Fernando García —o los perfiles que finalmente determinen sus partidos— pueden modificar el ejercicio.
Quizá alguien piense que sus posibilidades iniciales son menores frente a figuras consolidadas de Morena. Puede ser. Pero existe otro factor. Cuando reduces una competencia de diez o trece nombres a solamente seis, las preferencias se redistribuyen.
Los simpatizantes de quienes desaparecen del cuestionario no desaparecen con ellos. Buscan otra opción.
Ahí empieza la segunda elección.
¿A dónde se mueve el simpatizante de un aspirante eliminado? ¿Hacia el perfil ideológicamente más cercano? ¿Hacia quien representa al mismo grupo? ¿Hacia quien tenga mayor reconocimiento? ¿O hacia quien tenga menos negativos?
Ese movimiento puede cambiar completamente una encuesta. Por eso no necesariamente ganará quien llegue primero al filtro. Puede ganar quien tenga mayor capacidad de crecer después del filtro.
La otra señal
La reunión de los aspirantes en Guasave dejó una frase que merece atención: la encuesta decidirá quién será la persona capitana, pero todos forman parte del equipo.
Suena a unidad. Y lo es. Pero también es prevención. Morena ya está preparando políticamente el día después. Porque el problema de cualquier encuesta interna no es solamente definir quién gana. Es convencer a quienes pierden de que perdieron.
Y todavía más difícil: convencerlos de trabajar para quien les ganó. Ahí comienza el verdadero trabajo de Ignacio Mier. No solamente encontrar un coordinador. Construir las condiciones para que nueve, diez o doce proyectos políticos acepten colocarse detrás de uno.
Porque una encuesta puede producir un ganador. Pero también puede producir varios resentidos, hablando en plata pura.
¿Y Rocha?
Hay otro personaje que inevitablemente estará presente en todas las conversaciones aunque no aparezca registrado: el grupo político del gobernador.
Sería ingenuo pensar que una sucesión de esta naturaleza ocurre sin que los grupos locales intenten influir. También sería equivocado asumir que una sola expresión política puede decidir por sí misma el resultado.
La conducción nacional del proceso precisamente busca evitar que la sucesión sinaloense quede reducida a una decisión doméstica. Y ésa puede convertirse en una de las tensiones más interesantes de las próximas semanas: ¿cuánto pesará la estructura local y cuánto pesará la decisión nacional?
Porque no necesariamente quieren lo mismo. Y tampoco necesariamente tienen los mismos candidatos.
El factor Sheinbaum
Existe además una realidad imposible de ignorar. La elección de Sinaloa no ocurrirá aislada.
Morena deberá construir candidaturas para las gubernaturas que estarán en disputa en 2027 y cumplir criterios nacionales de competitividad y paridad. Por eso incluso ganar una medición estatal podría no cerrar completamente la historia.
Las decisiones nacionales tendrán que observar el tablero completo.
Cuántas mujeres. Cuántos hombres. Dónde son más competitivos. Dónde existen riesgos. Dónde pueden mantener gobiernos. Dónde necesitan recuperar posiciones. Sinaloa será una pieza de un rompecabezas mucho más grande.
Y sobre ese tablero está la dirigencia nacional de Morena, pero también existe un liderazgo político imposible de separar de la sucesión nacional:
Claudia Sheinbaum Pardo.
Pensar que la Presidencia será indiferente a quién pueda gobernar un estado estratégico como Sinaloa sería políticamente ingenuo.
Eso no significa que desde Palacio Nacional se vaya a imponer un nombre.
Significa que la gobernabilidad, competitividad, confiabilidad política y relación con el proyecto presidencial seguramente serán variables imposibles de ignorar.
Los peros
Este lunes apareció además otro ingrediente. Mientras avanza el proceso, comenzaron llamados públicos para que Morena revise no solamente encuestas, sino trayectorias, patrimonios y antecedentes políticos de quienes aspiran a encabezar el movimiento.
La discusión es relevante. Porque conforme la lista se reduzca, el escrutinio aumentará. Lo que hoy se comenta en círculos políticos mañana puede convertirse en debate público. Patrimonios. Decisiones tomadas en cargos anteriores.
Relaciones políticas. Resultados de gobierno. Contradicciones. Lealtades. Rupturas. Todo. La carrera no solamente será por demostrar quién tiene más simpatías. También será por demostrar quién tiene menos vulnerabilidades.
Porque la oposición está observando. Y seguramente ya está construyendo expedientes.
La realidad
Por eso vale la pena cambiar la manera en que estamos mirando este proceso. Durante las próximas semanas habrá, cuando menos, tres victorias diferentes. La primera será sobrevivir al filtro. Entrar al grupo de dos mujeres o dos hombres de Morena será, por sí mismo, una victoria política.
La segunda será ganar la encuesta definitiva frente a los perfiles que lleguen de Morena, PVEM y PT.
Y la tercera —la verdaderamente importante— será conseguir que esa victoria interna termine convirtiéndose en candidatura constitucional después de las decisiones nacionales de paridad y estrategia electoral.
Tres aduanas. Tres batallas. Tres posibilidades de quedar en el camino.
Y... ¿entonces?
Morena domina buena parte de la estructura política sinaloense.
Tiene organización. Tiene militancia. Tiene presencia territorial.Ignacio Mier ha señalado que el partido ronda los 300 mil afiliados en el estado. Pero ninguna estructura garantiza por sí sola una elección.
Mucho menos en un Sinaloa golpeado por problemas de seguridad, economía, incertidumbre y desgaste institucional. Por eso el verdadero desafío de Morena no será escoger al aspirante que mejor se mueva dentro de Morena.
Será encontrar al que pueda hablarle a quienes no son de Morena. Al empresario. Al agricultor.
Al pescador. Al joven. A las mujeres. A las clases medias. A quien está decepcionado. A quien votó por Morena y duda.
Incluso a quien nunca ha votado por Morena. Porque las internas se ganan con militantes y simpatizantes. Las gubernaturas se ganan construyendo mayorías.
El "Big Brother"
En público todos sonríen. Se abrazan. Hablan de unidad. Repiten que el movimiento está por encima de cualquier aspiración personal. Y seguramente muchos lo creen. Pero la política tiene una característica extraordinaria: pueden existir unidad y competencia al mismo tiempo. Hoy todos caben en la fotografía. Dentro de algunas semanas, no todos cabrán en la encuesta.
Y cuando Morena anuncie los nombres de las dos mujeres y los dos hombres que superaron el primer filtro, tendremos la primera fotografía real de la sucesión sinaloense.
Ahí sabremos quién tenía estructura. Quién tenía conocimiento. Quién tenía relaciones. Quién tenía territorio. Quién tenía narrativa. Y quién solamente tenía aspiraciones. Hasta entonces conviene no confundir ruido con fuerza.
Ni fotografías con votos. Ni recorridos con estructura. Ni encuestas publicadas con la encuesta que decidirá. Porque en esta carrera el primer gran triunfo no será llegar primero.
Será simplemente seguir corriendo cuando comiencen a cerrar la puerta.
Y esa puerta está a punto de cerrarse.
Tiempo al tiempo.
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