Columna periodística Carlos Avendaño Rocha Moya regresa: la silla, la polémica y las preguntas. Rubén Rocha Moya regresó a la silla del Gobi...
Carlos Avendaño
Rocha Moya regresa: la silla, la polémica y las preguntas. Rubén Rocha Moya regresó a la silla del Gobierno de Sinaloa después de más de 100 días de licencia. Más de cien días en los que el gobernador estuvo fuera del cargo mientras sobre su administración y su entorno político pesaban señalamientos y cuestionamientos relacionados con presuntos vínculos con el crimen organizado -con los narcos pues-. Y ahora regresa “con la frente en alto”, asegurando que la Fiscalía General de la República (FGR) no encontró ningún elemento para proceder en su contra. ¡Qué manera tan mexicana de cerrar un capítulo! Se pide licencia, pasa el tiempo, se acumulan las preguntas, llega una investigación y después… ¡aquí no ha pasado nada! Pero hagamos una precisión necesaria: que existan acusaciones o señalamientos no significa que Rocha Moya haya sido judicialmente declarado culpable de pactar con el crimen organizado. Hasta donde se conoce, no existe una sentencia que lo condene por estos hechos. Y esto debe de quedar perfectamente muy bien aclarado. Pero también hay otra verdad: una investigación puede cerrar un expediente, pero no necesariamente cierra las dudas de la sociedad. Porque los sinaloenses escucharon durante meses acusaciones gravísimas. Se habló de presuntos vínculos con grupos criminales, de protección política y hasta de supuestos acuerdos relacionados con la elección de 2021. ¿Pruebas judiciales suficientes? Esto corresponde determinarlo a las autoridades. ¿Preguntas legítimas? Estas sobran. Y ahí está el problema de fondo. Rubén Rocha Moya puede regresar legalmente a su despacho, pero la confianza ciudadana no se recupera mediante decreto. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo prácticamente dejó claro que regresar era decisión del propio Rubén. Hasta ahí está perfecto. Pero entonces también debería de quedar claro que los ciudadanos tienen derecho a decidir si creen o no en las explicaciones oficiales. Porque una cosa es la presunción de inocencia y otra exigirle a la sociedad que haga como si nunca hubiera ocurrido nada. Y mientras el gobernador vuelve a su oficina, el estado de Sinaloa sigue enfrentando una realidad bastante menos cómoda: violencia, miedo, familias afectadas y una ciudadanía cansada de vivir entre versiones oficiales y hechos que parecen caminar por caminos diferentes. Aquí no se trata de condenar a nadie sin pruebas, sino que se trata de preguntar, y hay una pregunta que sigue flotando: ¿Quién recupera la confianza que se perdió durante estos más de cien días? Porque Rubén Rocha Moya puede recuperar la silla, pero la credibilidad no se recupera sentándose en ella. Y si el gobierno federal o estatal pretende cerrar este episodio con un simple “no pasó nada”, entonces tendrá que explicarle a los sinaloenses por qué durante tantos meses parecía que estaba pasando de todo. La política puede intentar pasar página, la memoria ciudadana no siempre coopera. Y así termina este capítulo: Rubén Rocha Moya volvió al palacio de gobierno estatal, pero ahora falta saber si los sinaloenses están dispuestos a volver a creerle…
34 horas le duró el gusto a Rocha Moya. ¡Exactamente fueron 34 horas! Esto fue todo lo que duró el regreso triunfal de Rubén Rocha Moya a la silla del gobierno de Sinaloa. No fue ninguna estrategia, no fue ninguna jugada maestra, fue algo mucho más sencillo y mucho más incómodo: “aislamiento político”. Porque apenas puso un pie en el Palacio de Gobierno de Sinaloa, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, MORENA y todos los gobernadores de su propio partido marcaron su distancia públicamente. Nadie quiso cargar con el costo político de respaldarlo. Y cuando hasta los propios comienzan a hacerse a un lado, ya no hay operación política que alcance para tapar el boquete. Ahora Rubén Rocha Moya vuelve a pedir licencia indefinida. ¿Astucia? No lo creo, porque es quedarse solo. Porque Sinaloa no está para experimentar con “jugadas políticas” mientras la entidad lleva años hundida en una crisis de seguridad que ha dejado una estela de asesinatos, de desapariciones, de desplazamientos, de robos, de negocios cerrados, de desempleo y de una economía feamente golpeada. Las cifras son por demás brutales y que merecen respuestas, no maromas porque son: más de 3 mil asesinatos, miles de personas desaparecidas, comunidades desplazadas y más de 11 mil vehículos robados, según los diferentes cortes y reportes que han circulado durante este periodo. Y mientras tanto, miles de elementos de seguridad siguen desplegados en todo el estado de Sinaloa. pregunta por demás más que obligada: ¿Para qué? ¿Para que los sinaloenses sigamos viviendo con miedo? Porque aquí no estamos hablando de una novela política, sino que estamos hablando de vidas humanas, de familias que perdieron a alguien, de empresarios que cerraron sus negocios, de trabajadores que se quedaron sin empleo, de comunidades enteras que tuvieron que abandonar sus casas, de ciudadanos que ya no salen de noche porque no saben si van a regresar. Y en medio de todo esto, alguien creyó que podía volver al palacio de gobierno del estado de Sinaloa después de 112 días y actuar como si simplemente hubiera salido de vacaciones. Pues fíjese que no Rocha Moya, Sinaloa no es un tablero de ajedrez, y los sinaloenses no somos fichas para acomodarlas cuando a usted le convenga. Rubén Rocha Moya podrá tener derecho legal a solicitar una licencia y de regresar al cargo cuando corresponda. Pero existe algo que ningún decreto, ninguna encuesta y ningún partido puede fabricar: la confianza de toda la ciudadanía. Y esta confianza, después de todo lo ocurrido, está hecha trizas, añicos, pedazos. Por esto las 34 horas no son lo más importante. Lo verdaderamente importante es el mensaje: Rocha Moya regresó a la silla, y la silla le quedó políticamente demasiado grande. Porque cuando un mandatario necesita regresar y salir nuevamente en apenas 34 horas, algo está profundamente fracturado. Y no es solamente este gobierno Rochista, es la confianza entre el poder y los sinaloenses. Suyos los comentarios, estimado lector...
El pueblo por encima de todo… ¿También de Rocha Moya? ¡Vaya mensaje el que lanzó la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo! “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación”, dijo, al tiempo que recordó que los cargos son pasajeros y la responsabilidad ante México es permanente. Muy bonito verdad. De estos discursos que uno escucha y hasta ganas dan de aplaudirles. Pero aquí viene la pregunta incómoda: ¿El mensaje también aplica para Sinaloa o para quién o quiénes? Porque justo después de más de cien días de la licencia otorgada para -el señor doctor licenciado en educación que parece no tener ninguna pizca ética ni moral- Rubén Rocha Moya pues resulta que resalta que resultó que regresó a la gubernatura y anunció que concluirá su mandato hasta el 2027 -Dios nos libre a todos los sinaloenses por piedad-. Y entonces uno no puede evitar preguntarse: ¿En dónde termina el interés personal y en dónde comienza el interés del pueblo? La presidenta habló de que “El poder sin principios se vuelve arrogancia, el poder sin límites, abuso”. Caray, caramba, pues resulta que esto merece que lo subrayemos. Porque Sinaloa lleva ya dos años viviendo una crisis de violencia, de incertidumbre y de desconfianza institucional. Y mientras tanto, el todavía gobernador Rubén Rocha Moya vuelve a la silla que dejó temporalmente. No estamos diciendo que haya sido declarado culpable de los señalamientos que se le han hecho en su contra. Pero, una acusación no equivale a una sentencia, y esto debe de quedar perfectamente aclarado. Pero tampoco podemos pedirle al ciudadano que deje de hacer preguntas, porque si el pueblo está por encima de cualquier nombre, grupo o interés particular, como dijo la presidenta, entonces el pueblo también tiene derecho a preguntar, cuestionar y exigir explicaciones. Y aquí está el verdadero examen para MORENA: ¿El discurso de la presidenta se queda en el discurso o también se aplica cuando incomoda a los propios? Porque gobernar no es solamente ocupar una silla, es merecer la confianza de quienes te sentaron en ella. Y si “ningún interés personal” puede estar por enci
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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