Sobre el camino Benjamín Bojórquez Hay algo más peligroso que un político cuestionado: una clase política que necesita convertirlo en el ún...
Sobre el camino
Benjamín Bojórquez
Hay algo más peligroso que un político cuestionado: una clase política que necesita convertirlo en el único culpable para sentirse inocente. Eso está ocurriendo con Rubén Rocha Moya.
Su regreso a la gubernatura y su posterior decisión de solicitar nuevamente licencia abrieron una crisis política que ya no pertenece solamente a Sinaloa. Morena se deslinda de su decisión y la oposición encontró combustible para incendiar el relato.
Pero aquí aparece la pregunta que incomoda a todos: ¿Quién necesita a Rocha como culpable y quién necesita qué Rocha sea el símbolo de todos los males?
No se trata de exonerarlo. Las acusaciones formuladas desde Estados Unidos son graves y deben investigarse. Rocha tiene derecho a defenderse y las instituciones tienen la obligación de determinar responsabilidades con pruebas contundentes, no con propaganda política. Pero tampoco se puede convertir una acusación en una sentencia política.
Porque mientras la derecha utiliza a Rocha para intentar condenar a toda la izquierda, sectores de la izquierda utilizan las acusaciones para deslindarse de una supuesta embestida extranjera contra México.
Y ambos pueden estar haciendo lo mismo: simplificar una realidad monstruosamente compleja para beneficio propio. Ese es el verdadero sacrificio.
Un hombre colocado en el centro del altar político para que otros puedan lavarse las manos. ¿Y si Rocha no fuera el principio ni el final de la historia, sino apenas una pieza de un tablero mucho más grande?
Porque detrás de Sinaloa existen intereses políticos, criminales, electorales y geopolíticos que no caben en una consigna partidista.
Por eso hay que desconfiar de quienes ya tienen la sentencia antes de terminar la investigación.
Y mientras todos señalan a Rocha, alguien debería preguntar: ¿Quién está aprovechando el sacrificio?
El sacrificio político funciona precisamente así: uno cae para que muchos puedan fingir que nunca estuvieron ahí. Y eso puede ocurrir en la derecha. Puede ocurrir en la izquierda. Puede ocurrir en los medios. Puede ocurrir en las redes sociales. Puede ocurrir incluso entre quienes se presentan como guardianes de la verdad.
GOTITAS DE AGUA:
Hoy elevé deliberadamente el razonamiento crítico, analítico y reflexivo porque el tema lo exige.
Cuando aparecen las balas, versiones contradictorias, filtraciones y relatos enfrentados, la sociedad necesita algo más que indignación. Necesita pensamiento y distancia. Necesita preguntarse quién habla, por qué habla y qué pretende conseguir con aquello que está diciendo.
Como alguna vez resumiría la vieja sabiduría esotérica: cuando una sociedad atraviesa una crisis profunda, aparece la tentación de concentrar todos sus pecados en un solo individuo.
Y entonces surge la pregunta que nadie quiere responder: ¿acaso el sacrificio no es siempre un mensaje?
Tal vez el verdadero peligro no sea el hombre que todos están señalando. Tal vez sea todo aquello que nadie quiere mirar mientras todos señalan al mismo hombre.
Por eso, antes de apagar la luz, conviene mirar quién permanece en la habitación. Porque cuando cierran la puerta, no siempre sabemos quién quedó adentro. “Nos vemos mañana”...
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