Estudiantes de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán exploraron la identidad y la emoción a través de piezas experimentales. Mazatlán...
Estudiantes de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán exploraron la identidad y la emoción a través de piezas experimentales.
Mazatlán, Sinaloa.- El Museo de la Música se convirtió en un escenario íntimo para la exploración artística con la presentación de Bitácoras de Identidad, un programa experimental desarrollado por estudiantes de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán.
La función reunió diversas piezas concebidas especialmente para formatos cercanos, donde el público dejó de ser únicamente espectador para integrarse emocionalmente al proceso creativo y escénico.
Durante la jornada, alumnas y alumnos de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán presentaron propuestas coreográficas construidas desde la reflexión personal, la experimentación y el riesgo artístico, abordando distintas visiones sobre la identidad y las emociones humanas.
La codirectora de la EPDM, Xitlali Piña, explicó que este tipo de foro posee características distintas a las presentaciones escénicas convencionales.
“Es un espacio íntimo, donde se acuerpan las ideas, tanto las reflexiones como las dudas. Lo importante aquí es cómo esa idea se acuerpa, con qué lenguaje y con qué música la sienten”, expresó.
La también promotora cultural destacó que este formato permite al público percibir detalles emocionales y físicos imposibles de apreciar en escenarios tradicionales.
“Es un espacio noble porque no hay artificio; uno está muy cerca, alcanza a ver todo, el sudor, el cansancio y las emociones reales de los intérpretes”, comentó.
El programa artístico estuvo conformado por seis piezas:
- Recuerdos en el vacío, de Juana Gutiérrez.
- Visitante hambriento de un poema desposeído, de Antonio Ávila.
- Aquí existió algo, de Rafaela Negrete Ordóñez.
- Subcorriente, de Samantha Teuffer.
- Ayer fui viento, de Nathali Aragón.
- Sayomal, creación colectiva de Vania Benítez, Lilith Torres y Samantha.
Cada propuesta integró distintos lenguajes escénicos, recursos sonoros y estilos musicales contemporáneos, generando una experiencia sensorial cercana entre intérpretes y asistentes.
La presentación representó además el primer y último foro experimental del actual ciclo escolar para la EPDM, consolidando un espacio que permite a jóvenes creadores explorar nuevas formas de expresión desde la honestidad del movimiento y la cercanía con el público.
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