Columna Periodística Carlos Avendaño Rocha Moya, entre la espada y la pared. Rubén Rocha Moya está acorralado. El ex gobernado...
Columna Periodística
Carlos Avendaño
Rocha Moya, entre la espada y la pared. Rubén Rocha Moya está acorralado. El ex gobernador de Sinaloa -actualmente con licencia indefinida- pasó en cuestión de horas de sentirse nuevamente instalado en la silla del Palacio de Gobierno del Estado de Sinaloa, a convertirse en un problema político que nadie parece querer cargar. ¡Vaya manera de pasar del respaldo al abandono! Rocha Moya regresó después de 112 días de licencia y apenas tuvo tiempo de acomodarse en el despacho, porque un día estaba de regreso y al siguiente, ya estaba otra vez fuera. Y aquí viene lo meramente interesante: no solamente tuvo enfrente a sus adversarios, también comenzaron a tomar distancia los propios morenistas. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo lanzó mensajes contundentes sobre que ningún interés personal puede estar por encima del pueblo y de la Nación. MORENA y los gobernadores emanados de la 4T también marcaron su distancia de la decisión de Rubén Rocha Moya de regresar al cargo. En política, esto tiene un nombre bastante conocido: “quedarse sin padrinos”. Pero el problema de Rocha Moya no termina en las fronteras de Sinaloa. Los señalamientos provenientes desde los Estados Unidos de Norteamérica colocan el caso en una dimensión mucho más delicada, particularmente por las acusaciones que lo han relacionado con el crimen organizado. Y aquí es en donde debemos hacer una precisión indispensable: que una persona sea señalada o investigada no significa que judicialmente haya sido declarada culpable. Cualquier responsabilidad debe de probarse ante las autoridades competentes y conforme al debido proceso. Pero tampoco podemos ignorar que los señalamientos existen y que han generado una presión política y diplomática por demás considerable. Así que el escenario para Rubén Rocha Moya es cada vez más incómodo: en México perdió buena parte del respaldo político que alguna vez tuvo y, desde los Estados Unidos, enfrenta señalamientos que no desaparecen simplemente solicitando una licencia. Y entonces aparece la pregunta que nadie quiere contestar: ¿Hasta dónde llegará el gobierno mexicano para proteger a uno de sus morenistas? Porque si la respuesta es que nadie está por encima de la ley, entonces está perfecto. Que se investigue a todos, sin privilegios, sin blindajes, sin importar partido, apellido, padrino o cargo. Pero si existen presiones para entregar a un ciudadano mexicano a otro país, esto también debe de hacerse bajo los procedimientos legales, la evidencia y la cooperación judicial, no mediante rumores ni vendettas políticas. Lo cierto es que Rubén Rocha Moya pasó de ser gobernador a convertirse en un enorme costo político para MORENA. Y quizá esta sea la razón de que ahora sobran los silencios. Porque cuando el poder te protege, aparecen los amigos, pero cuando el poder comienza a soltarse, desaparecen hasta las fotografías. Rubén Rocha Moya está fuera de la gubernatura, MORENA ya tomó su distancia, la presión internacional continúa, y Sinaloa ya está intentando darle vuelta a la página. La gran pregunta ahora es: ¿El fin de Rubén Rocha Moya será también el principio del fin del Rochismo? Esto todavía está por verse, pero una cosa parece cada vez más evidente: la silla quedó vacía y los padrinos también…
#SePresumeQué Imelda Castro habría repartido el pastel antes de tiempo, y ahora, varios andan peleando por no quedarse sin un pedacito del pastel. Se presume que, mientras continúan las polémicas y los señalamientos políticos que rodean a la senadora, incluido el episodio conocido como el “Robo de la banqueta”, en su círculo cercano ya estarían haciendo cuentas rumbo al 2027. Ciertamente que todavía no comienzan formalmente las campañas, no hay candidaturas definidas, y, por supuesto, tampoco existen votos ganados. Pero esto parece no importarles demasiado en algunos corrillos políticos. Según las versiones que circulan, dentro del grupo cercano a Imelda Castro ya se estaría hablando como si Sinaloa tuviera dueño, el tablero estuviera resuelto y las piezas bien acomodadas. Según se tienen ya municipios asignados, acuerdos adelantados, espacios prometidos y proyectos políticos con nombre y apellido. ¡Qué rápido se sirve el pastel cuando todavía ni siquiera empieza la fiesta! Pero algo había cambiado en el escenario. Lo que ayer parecía una promesa segura para algunos, hoy comienza a verse como un posible reacomodo político. Espacios que supuestamente ya tenían dueño vuelven a ponerse sobre la mesa. Quienes se sentían seguros comienzan a inquietarse. Y los que ya se habían repartido las rebanadas más grandes, descubren que, en política, una promesa hecha en septiembre puede no valer lo mismo en noviembre. El mapa que algunos presumían definido comenzó a moverse, a unos les cambiaron la jugada y a otros les redujeron el espacio, y algunos otros más, estarían descubriendo que las promesas anticipadas también tienen fecha de caducidad. Porque en política nada está escrito hasta que se registra, se compite y, finalmente, se cuentan los votos para ver si ganaron. Lo demás son acuerdos de pasillo, cálculos de grupo y cuentas alegres. Y como ya se sabe, cuando el pastel se reparte antes de tiempo, siempre aparece alguien inconforme reclamando que le tocó la rebanada más chica…
¿Publicidad oficial o premio por portarse bien? ¡Vaya confesión mañanera! Claudia Sheinbaum Pardo reconoció que el Gobierno federal no otorga publicidad oficial a medios que lo critican, mientras que sí contrató espacios en otros medios con base, según explicó, en sus audiencias. ¡Pero qué conveniente coincidencia! Porque entonces surge una pregunta bastante por demás que sencilla: ¿La publicidad oficial se asigna por criterios técnicos y transparentes o también existe una especie de “premio” para los medios que resultan más cómodos para el poder? El dinero no sale de la bolsa de ningún funcionario, sale del presupuesto público. Es decir, de los impuestos de todos: de quienes aplauden al gobierno, de quienes lo critican y hasta de quienes ya están hartos de ambos. Por esto el asunto no es si a Claudia Sheinbaum Pardo le gusta o no un periódico. El gobierno no está obligado a simpatizar con los medios, sino que está obligado a ejercer el dinero público con reglas claras, objetivas y comprobables. Y aquí aparecen nombres como: El Reforma y El Universal, medios que han tenido posturas críticas frente al gobierno, y surge inevitablemente la gran duda: ¿Quién recibe cuánto? ¿Por qué? ¿Con qué criterios? ¿Y quién decide? Porque si un medio tiene audiencia, perfecto, que se justifique con métricas públicas. Pero si la crítica política termina convirtiéndose en motivo para cerrar la llave de la publicidad oficial, entonces ya no estaríamos hablando solamente de comunicación gubernamental, sino que estaríamos hablando de poder utilizar el dinero público como garrote o zanahoria. Y esto, viniendo de un gobierno que presume ser diferente a los de antes, merece una explicación mucho más que clara. Porque una cosa es decir “no compro medios”, y otra cosa muy distinta es, que el periodista tenga que preguntarse: “¿Cuánto me toca portarme bien?” Si MORENA llegó diciendo que venía a cambiar las viejas prácticas, entonces que empiece por algo muy sencillo: que el dinero público no tenga ideología. Porque la libertad de prensa no se defiende financiando amigos, se demuestra soportando enemigos, y ahí está el verdadero examen para cualquier gobierno…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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