En la raya José Luis López Duarte UN TRISTE ADIÓS AL AMIGO JAVIER CASTRO GRACIANO DEP Y UN ABRAZO PARA TODA SU FAMILIA Hay escenas que expl...
En la raya
José Luis López Duarte
UN TRISTE ADIÓS AL AMIGO JAVIER CASTRO GRACIANO DEP Y UN ABRAZO PARA TODA SU FAMILIA
Hay escenas que explican un sexenio entero sin necesidad de estadísticas, informes ni discursos de plaza pública. Basta mirar al diputado Serapio Vargas batallando contra el agua, el lodo y la desgracia, para entender el tamaño del fracaso.
El legislador regresó, según dijo, al mismo sitio donde había estado diez años atrás. Lo encontró igual: inundado, abandonado y condenado a la promesa eterna de que ahora sí vendrá el cambio. Se mostró sorprendido. Casi conmovido. Como quien descubre que una deuda vencida sigue sin pagarse, aunque durante ocho años haya ocupado cargos públicos.
La memoria política suele ser selectiva. Serapio quizá olvidó que, durante buena parte de ese tiempo, él y sus compañeros fueron gobierno. Que no llegaron como espectadores al desastre, sino como protagonistas del poder. Prometieron transformar todo y terminaron administrando la misma tragedia, con la diferencia de que ahora hay más lodo, más miedo, más crímenes y menos autoridad en las calles.
Culiacán no necesita que sus políticos descubran el agua cada temporada de lluvias. Necesita que alguien explique por qué no hay obras, seguridad ni resultados. Pero pedir explicaciones a la 4T parece una grosería. Ellos prefieren hablar del pasado, de los gobiernos anteriores, de enemigos imaginarios y de cualquier asunto que no implique revisar su propio expediente.
Y ahí está la quinteta rumbo a la presidencia municipal para el periodo 2027-2030. Un auténtico desfile de credenciales, cargos y resultados extraviados.
Serapio Vargas: tres veces diputado y todavía sorprendido de que los problemas no se resuelvan solos. Tere Guerra: secretaria de la Mujer durante el gobierno de Rubén Rocha, diputada y presidenta de la Junta de Coordinación Política. Merari Villegas: diputado local, presidente de Morena y legislador federal reincidente desde 2018; todo un récord de permanencia sin que se conozca con claridad el tamaño de su cosecha social.
Luego aparece Jesús Ibarra, otro especialista en cambiar de curul como quien cambia de camisa: del Congreso local a la Cámara federal, siempre bien instalado en el alambrado del poder. Y cierra la lista Alfonso Ramírez Reyes, el novato de la fotografía, dispuesto a estrenarse como alcalde después de haber pasado por la burocracia capitalina.
Qué planilla. Más que una propuesta de gobierno, parece el inventario de una administración que se quedó sin resultados y decidió reciclar funcionarios. Cinco prospectos, varios cargos, múltiples discursos y una pregunta incómoda: ¿dónde está la obra, la seguridad, la gestión o siquiera una crítica firme contra el desastre que vive Culiacán?
Porque levantar la voz sería lo más fácil. La tragedia culichi está a la vista. No hace falta ser experto: basta salir a la calle, escuchar a los comerciantes, mirar las colonias y preguntar quién vigila, quién sanciona y quién responde.
Pero ninguno se atreve. No cuestionan a Rocha, ni a su ahijado político, ni a la dirigencia de la 4T. Tampoco incomodan a Graciela Domínguez ni a la presidenta Claudia Sheinbaum. Todos guardan silencio con la disciplina del empleado que teme perder el bono.
Ya veremos sus precampañas: mucha nostalgia, muchas culpas ajenas y cero autocrítica. Quieren seguir gobernando apostando a que la gente no tenga memoria.
El problema para ellos es que Culiacán sí recuerda. Y cuando el agua baja, queda el lodo. Ahí aparecen las promesas, los cargos y los resultados: casi todos hundidos.
.png)

