Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga "El aburrimiento es una mala hierba, pero también una especia que hace digerir muchas cosas....
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
"El aburrimiento es una mala hierba, pero también una especia que hace digerir muchas cosas.", Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.
APUESTA
Gerardo Vargas Landeros parece haber encontrado la palabra sobre la que pretende construir la siguiente etapa de su proyecto político. Paz. No es casualidad. Tampoco parece una ocurrencia discursiva.
Mientras buena parte de quienes participan en el proceso interno de la Cuarta Transformación hablan de territorio, continuidad, soberanía, programas sociales y defensa del movimiento, Vargas comienza a colocar sobre la mesa otro argumento: experiencia para enfrentar el problema que más lastima a Sinaloa.
La seguridad. Y ahí intenta cambiar la conversación.
Porque si la competencia termina reducida a quién tiene mayor cercanía con determinado grupo, quién representa mejor el relevo generacional o quién posee mayor identificación histórica con Morena, Gerardo tendrá una batalla complicada frente a perfiles que construyeron su trayectoria dentro del movimiento.
Pero si la pregunta cambia, también cambia el escenario. ¿Quién tiene experiencia para gobernar un Sinaloa que necesita recuperar la paz? Ahí Vargas quiere jugar.
Su trayectoria le permite construir ese discurso. Ha ocupado responsabilidades en los tres niveles de gobierno, fue secretario General de Gobierno, jefe de gabinete y presidente municipal de Ahome, además de diferentes responsabilidades dentro de la administración pública.
Gerardo no puede venderse como renovación. Tampoco necesita hacerlo. Su apuesta parece exactamente la contraria. Experiencia. Y detrás de esa palabra aparece una frase que puede convertirse en el verdadero mensaje político de su estrategia: Sinaloa no está para ensayos.
Tiene destinatarios aunque no mencione nombres.
En una competencia donde algunos aspirantes presentan juventud, nuevos liderazgos o relevo generacional como fortalezas, Vargas intenta colocar otra discusión: hay momentos para experimentar y momentos donde se necesita alguien que ya conozca cómo funciona el gobierno.
Es una manera elegante de marcar diferencias sin confrontar directamente a nadie. Pero también implica riesgos. Porque quien presenta su experiencia como argumento inevitablemente abre su expediente para que sea revisado.
Si Vargas sostiene que ha dado resultados en materia de seguridad, tendrá que mostrarlos. Compararlos. Documentarlos. No basta decirlo.
La trayectoria puede ser una fortaleza cuando existen resultados que presumir, pero también permite a los adversarios revisar decisiones, episodios y responsabilidades acumuladas durante años de servicio público.
Gerardo conoce ese terreno. Por eso resulta interesante que haya decidido entrar ahí. También existe otra dificultad.
Para venderse como el hombre capaz de recuperar la paz necesita reconocer que Sinaloa tiene un problema grave de seguridad, pero debe hacerlo sin convertir su discurso en una confrontación con el gobierno emanado del mismo movimiento al que pretende representar.
La línea es delgada. Tiene que reconocer el problema sin responsabilizar a sus compañeros. Proponer un cambio sin hablar de fracaso. Ofrecer experiencia sin descalificar la renovación. Ahí estará buena parte de su habilidad política.
Lo cierto es que la sucesión comienza a adquirir narrativas propias.
Estrella Palacios busca apropiarse del relevo generacional. Tere Guerra insiste en justicia social y derechos. Imelda Castro tiene trayectoria, estructura y pertenencia histórica al movimiento. Otros aspirantes recorren territorio intentando construir su propio espacio.
Gerardo Vargas parece haber encontrado el suyo. Paz, seguridad y experiencia. No sabemos todavía si será suficiente.
Pero sí comienza a quedar claro que Vargas pretende llevar la competencia hacia un terreno donde considera tener argumentos para diferenciarse.
Porque en una encuesta con tantos nombres no basta con ser conocido. Hay que conseguir que el ciudadano relacione un problema con una persona capaz de resolverlo. Gerardo quiere que cuando se hable de paz aparezca su nombre.
Esa es la apuesta, ya sabe el camino, como secretario de gobierno hizo lo propio, y como alcalde de Ahome tampoco le erró en la estrategia.
Ahora tendrá que demostrar que detrás de la palabra existen resultados. Porque Sinaloa ciertamente no está para ensayos. Pero tampoco está para promesas. Está para resultados.
DERECHA LA FLECHA
En política existen las casualidades. El problema es que casi nunca ocurren cuando comienzan a repartirse candidaturas. Paloma Sánchez publicó una fotografía portando una gorra roja del PRI acompañada de cinco palabras: “Aquí somos orgullosamente priistas”.
Nada extraordinario para una senadora emanada del tricolor. Excepto por el momento.
La publicación aparece justamente cuando Paola Gárate ha provocado una discusión dentro del PRI después de registrarse en el mecanismo abierto por el PAN rumbo a 2027, defender su permanencia en el tricolor y, simultáneamente, proponer una alianza total de la oposición.
Paloma no mencionó a Paola. No necesitaba hacerlo. Tampoco podemos afirmar que el mensaje estuviera dirigido hacia ella. Pero en política importa tanto lo que se dice como el momento en que se decide decirlo.
Y ahí comienzan las interpretaciones. Paola sostiene que ser priista no resulta incompatible con permitir que otro partido la mida dentro de la construcción de una eventual alianza.
Paloma parece colocar sobre la mesa otro concepto: Identidad.
Son dos maneras distintas de comenzar a posicionarse frente a la misma discusión. Una dice prácticamente que las siglas deben quedar debajo del proyecto de otro partido. La otra recuerda orgullosamente las siglas que representa.
Y quizá estemos observando algo más profundo que un intercambio indirecto entre dos políticas. Estamos viendo aparecer la discusión que tarde o temprano tendrá que enfrentar el PRI sinaloense.
¿Hasta dónde debe abrirse para construir una alianza y hasta dónde debe conservar su propia identidad?
Porque una cosa es llegar acompañado a una elección.Otra es desaparecer dentro de la alianza. Paloma Sánchez tiene además suficientes razones para defender la marca priista.
Su trayectoria política está construida desde ese partido y su posición en el Senado la coloca inevitablemente entre los nombres que aparecerán cuando comience la conversación seria sobre 2027.
Paola también estará ahí. Y entonces la fotografía adquiere otra lectura. No necesariamente estamos frente a una confrontación. Todavía.
Pero sí frente a dos formas diferentes de comenzar a ocupar espacio dentro del mismo tablero. Paola movió primero registrándose en el PAN y hablando de una alianza total. Paloma respondió —intencionalmente o no— recordando dónde está parada.
Una gorra. Cinco palabras. Nada más.
Pero cuando dos figuras del mismo partido comienzan a construir narrativas diferentes rumbo a la misma elección, conviene prestar atención.
Porque quizá el mensaje más importante no sea: “Aquí somos orgullosamente priistas”.
Sino una palabra mucho más pequeña. “Aquí”.
Porque tarde o temprano habrá que saber quiénes siguen ahí. Y quiénes comienzan a buscar espacio en otra parte o mecanismos para llegar...
A RIN PELÓN
Algo está pasando dentro del PRI sinaloense. Primero Paola Gárate se registra en el proceso abierto por el PAN y propone una alianza total de la oposición. Después Paloma Sánchez aparece con gorra roja para recordar: “Aquí somos orgullosamente priistas”.
Ahora Erika Sánchez responde a las versiones que la acercaban políticamente a Movimiento Ciudadano y termina su posicionamiento con cuatro palabras: “Desde el PRI estoy lista”.
Demasiados mensajes en pocos días. Y nuevamente importa el momento.
Erika no niega su amistad con Sergio “Pío” Esquer. Al contrario, la confirma. Reconoce que mantienen una relación desde 2021, recuerda que coincidieron políticamente enfrentando a Morena y acepta que, aunque hoy pertenecen a trincheras distintas, comparten preocupaciones sobre el futuro de Culiacán.
Pero pone una raya. Una bastante clara. Su amistad está con Pío. Su militancia continúa en el PRI.
Eso no significa que cierre la puerta a una alianza. También ahí fue cuidadosa. Habla de coaliciones, candidaturas comunes y de sumar voluntades, pero coloca cualquier construcción futura dentro de los acuerdos institucionales que deberán tomar los partidos.
La diferencia con Paola Gárate es interesante. Paola decidió adelantarse y entrar directamente a un mecanismo abierto por Acción Nacional. Erika plantea prácticamente lo contrario: puedo dialogar con todos, puedo construir coincidencias con otros partidos, pero sigo haciendo política desde el PRI.
Y después está la frase. “Estoy lista”. Lista, ¿para qué? No lo especifica, pero suponemos, se quedó con el segundo lugar en la pasada elección para la presidencia municipal de Culiacán, y hay claros que mensajes que volverá a buscarla.
Tampoco hace falta demasiado para entender hacia dónde puede dirigirse el mensaje.
Erika Sánchez es regidora de Culiacán, tiene trayectoria política, mantiene reuniones con empresarios, sociedad civil y ciudadanos, habla de seguridad, servicios públicos, empleos y recuperación económica de la capital.
Eso ya comienza a parecer algo más que una agenda de Cabildo. No significa que exista una candidatura definida. Significa que está construyendo condiciones para participar cuando llegue el momento de definirla.
Y Culiacán será una de las posiciones más importantes de cualquier negociación opositora rumbo a 2027. Ahí es donde la relación con Sergio “Pío” Esquer adquiere todavía mayor interés.
Si PRI y Movimiento Ciudadano terminan encontrando coincidencias, Erika podría convertirse en uno de esos perfiles capaces de dialogar entre estructuras distintas.
Pero ella misma acaba de establecer la condición: Desde el PRI.
En pocos días tres mujeres priistas han comenzado a fijar posiciones. Paola habla de trascender las siglas. Paloma reivindica orgullosamente las suyas. Erika acepta las alianzas, pero aclara desde dónde está dispuesta a construirlas.
No necesariamente existe confrontación entre ellas. Pero sí comienza a existir una conversación. Y esa conversación se llama 2027. Todavía falta mucho.
Pero cuando los políticos empiezan a explicar dónde están parados antes de que alguien se los pregunte, generalmente es porque ya comenzaron a pensar hacia dónde quieren caminar. Erika Sánchez ya dijo que está lista.
Ahora solamente falta saber para qué. Aunque en política, algunas respuestas pueden entenderse mucho antes de que sean pronunciadas.
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