Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga "Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, to...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
"Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos" , Juan Carlos Onetti (1909-1994) Escritor uruguayo.
EPICENTRO
Paola Gárate Valenzuela salió a explicar su registro en el proceso abierto por el PAN y terminó haciendo algo políticamente más interesante: no escogió entre el PRI y Acción Nacional. Escogió hablar de una alianza total. Ahí está el verdadero mensaje de su conferencia.
Paola dejó claro que continúa siendo priista, que no piensa renunciar a su militancia y que haber aceptado la invitación del PAN no representa un cambio de camiseta. Pero tampoco retrocedió. No pidió disculpas, no calificó su registro como un error ni cerró la puerta que Acción Nacional decidió abrirle.
Por el contrario, justificó su decisión desde una posición aliancista. Eso cambia la discusión.
Hasta antes de la conferencia la pregunta era por qué una diputada priista, expresidenta estatal del partido, había decidido registrarse en un proceso panista. Paola volteó el argumento: si PAN y PRI hablan de construir acuerdos rumbo a 2027, ¿por qué tendría que resultar extraño que un perfil de un partido pueda ser considerado por otro?
La respuesta jurídica, si existe controversia, corresponderá a los órganos partidistas. La política es bastante más sencilla.
Paola quiere ser medida. Y no solamente dentro del PRI.
La legisladora habló de una alianza total de la oposición, una construcción que necesariamente tendría que involucrar al PRI, PAN, PAS y, si acepta participar, Movimiento Ciudadano. Prácticamente el mismo escenario que Roxana Rubio había comenzado a dibujar días atrás, pero ahora incorporando abiertamente al tricolor.
Eso coloca a Paola en otra dimensión. Ya no está hablando solamente como diputada del PRI. Está intentando participar en la definición de cómo debería competir toda la oposición sinaloense.
Y eso, aunque se diga que las aspiraciones personales deben quedar a un lado, también construye una aspiración. No hay que darle muchas vueltas. Paola permanece en el PRI, se registra en el PAN y propone una candidatura opositora construida por encima de las siglas.
Las piezas hablan.
La frase “que nadie le haga el trabajo sucio a Morena dividiendo a los partidos de oposición” tampoco fue gratuita. Tiene destinatarios dentro y fuera del PRI. A partir de ahora, cualquiera que pretenda cerrarle la puerta tendrá que hacerlo enfrentando una narrativa previamente construida: Paola dirá que ella busca unir mientras otros pretenden dividir.
Buena jugada. Pero también tiene riesgos. Porque resulta sencillo pedir que todos abandonen sus intereses personales cuando todavía no llega el momento de escoger candidato.
La verdadera prueba llegará cuando PAN, PRI, PAS y eventualmente MC tengan que colocar nombres sobre la mesa. Roxana Rubio tiene aspiraciones. Mario Zamora tiene historia y estructura. Paloma Sánchez construye su propio espacio.
El PAS tendrá algo que decir. Movimiento Ciudadano, si decide entrar, también exigirá condiciones. Y Paola acaba de colocarse en medio de todos. Por eso quizá estamos haciendo la pregunta equivocada.
Paola Gárate no parece estar buscando cómo salir del PRI. Está intentando demostrar que puede permanecer dentro y, al mismo tiempo, convertirse en una opción aceptable para quienes están afuera. Eso tiene nombre.
Construcción de candidatura transversal.
Falta muchísimo camino y ninguna alianza está cerrada. Mucho menos existe una candidatura definida.
Pero Paola ya consiguió algo. El PAN habla de ella. El PRI habla de ella. La oposición discute su movimiento y ella logró colocar como tema la necesidad de una alianza total. Ahora tendrá que demostrar que su discurso tiene fondo.
Porque si realmente considera que las aspiraciones personales deben quedar debajo del interés común, deberá aceptar una condición elemental: que llegado el momento, las mediciones puedan decir que ella no es la mejor opción.
Ahí se conocerá la diferencia entre construir una alianza para ganar Sinaloa y construir una alianza para ser candidata. Por ahora, Paola movió bien. Y dejó la pelota en la cancha de los demás.
CONGRUENCIA
El PRI quiere una alianza con el PAN. Paola Gárate también. El problema es que Paola decidió comenzar a practicarla antes de que las dirigencias terminaran de ponerse de acuerdo sobre cómo hacerlo.
Y ahí comenzó el ruido.César Emiliano Gerardo Lugo llamó a la diputada priista a actuar con congruencia después de su registro en el proceso abierto por Acción Nacional para quienes buscan ser considerados rumbo a la gubernatura de Sinaloa. Su argumento tiene lógica partidista: Paola ocupa una diputación de representación proporcional obtenida por el PRI, ha sido dirigente estatal, diputada federal, legisladora local y regidora bajo esas siglas.
Por eso el dirigente cuestiona que una decisión de esa dimensión se haya tomado sin informar previamente al partido.
Hasta ahí tiene un punto.
Una alianza se construye mediante acuerdos, no con movimientos individuales. Si Paola pretende convertirse en promotora de una oposición unificada, también tendrá que explicar por qué decidió registrarse en el mecanismo de otro partido sin comunicarlo previamente a la dirigencia del suyo.
Pero César Emiliano dijo algo todavía más importante.
Reconoció que, hasta este momento, Paola no ha cometido una falta directa a los estatutos porque no ha sido designada candidata por otro partido.
Y después soltó la frase que verdaderamente importa: “Estamos construyendo una alianza con el PAN”. Ahí cambia la historia.
Porque si PRI y PAN efectivamente trabajan para construir una alianza rumbo a 2027, tarde o temprano tendrán que hacer exactamente aquello que hoy provoca incomodidad: permitir que perfiles provenientes de distintos partidos sean considerados para encabezar candidaturas comunes.
Entonces el problema no parece ser que Paola crea en una alianza. El problema es que se adelantó. Y quizá que no pidió permiso.
Paola explicó que continúa siendo priista, defendió su registro como consecuencia de su convicción aliancista y pidió construir una oposición amplia donde las aspiraciones personales queden por debajo del objetivo común.
César Emiliano respondió que una cosa es construir acuerdos y otra “irse por la libre”. Los dos tienen una parte de razón. Y precisamente por eso el episodio resulta interesante. Porque representa en pequeño el problema enorme que PAN, PRI y cualquier otra fuerza que pretenda incorporarse a una coalición enfrentarán durante los próximos meses.
Todos pueden ponerse de acuerdo en derrotar a Morena.
Lo complicado será ponerse de acuerdo en quién encabezará el intento.
Roxana Rubio ya habló de una alianza PAN-PAS-Movimiento Ciudadano y dejó abierta la posibilidad del PRI. Paola propone prácticamente una alianza total de la oposición. Ahora César Emiliano confirma que el PRI ya trabaja en una construcción con Acción Nacional.
Las piezas comienzan a acomodarse. Pero todavía faltan los nombres. Y cuando éstos aparezcan comenzarán las dificultades verdaderas.
Porque todos quieren candidatos competitivos hasta que el mejor posicionado pertenece al partido de enfrente. Todos defienden las encuestas hasta que las pierden. Todos hablan de dejar atrás aspiraciones personales hasta que la aspiración que debe sacrificarse es la propia.
Por eso el caso Paola Gárate puede terminar siendo mucho más que una diferencia interna del PRI.
Es un pequeño ensayo de lo que viene. César Emiliano tiene razón en algo: una alianza no puede construirse por la libre.
Paola también tiene razón en otra cosa: si realmente quieren una alianza, tendrán que aprender a pensar más allá de sus propias siglas.
Entonces la discusión de fondo no parece ser sobre ideología. Es sobre control. Quién decide. Quién participa. Quién pone las reglas. Y, finalmente, quién encabeza. PRI y PAN pueden ponerse de acuerdo relativamente rápido para caminar juntos.
Lo difícil comenzará cuando tengan que decidir quién camina adelante. Y Paola Gárate acaba de darles un pequeño adelanto de ese problema.
Si este fuera el caso, Paola Gárate ya está en la lista para ser medida en una probable alianza, Roxana Rubio, Jesús Estrada Ferreiro, Eduardo Ortiz, Mario Zamora, Paloma Sánchez, Sergio "Pio" Esquer y ahora Robespierre Lizárraga Otero del PAS se une como aspirante a gobernador en este tema.
Ojo con eso.
REVIRE
Los números comienzan a adquirir otra dimensión cuando el calendario político también empieza a correr.
Raúl Montero Zamudio, secretario de Obras Públicas, puso sobre la mesa una cifra que merece atención: el Gobierno de Sinaloa acumula alrededor de 2 mil 681 millones de pesos en 218 obras licitadas o con fallo, además de otros proyectos que continúan en proceso.
Y Montero no solamente está administrando números. Sobre su dependencia comienza a recaer una responsabilidad importante en el cierre de esta administración: cumplir tiempos, terminar proyectos y convertir presupuestos en obras que la gente pueda ver y utilizar.
El mejor ejemplo está en Culiacán.
El nuevo Malecón de la margen izquierda del río representa uno de los proyectos de infraestructura más importantes de la administración. El propio Montero lo ha calificado como una obra sin precedente por su dimensión e inversión. La meta es concluir el Malecón el 11 de octubre y terminar el puente sobre Pedro Infante y su conexión frente al Congreso en marzo de 2027.
Y 2027 no será cualquier año. Será el de la sucesión.
Eso no significa que las obras tengan necesariamente una motivación electoral. Los proyectos responden a necesidades, presupuestos y procesos técnicos. Pero también sería ingenuo ignorar que una obra terminada construye percepción de gobierno.
Y eso también pesa políticamente.
Lo interesante es que Montero tiene frentes abiertos prácticamente en todo Sinaloa. Guasave con Las Glorias; Mazatlán con infraestructura deportiva y pavimentaciones; Ahome con drenajes y El Maviri; Badiraguato con su Malecón; Salvador Alvarado, Navolato, Escuinapa, Rosario, Elota y Eldorado con diferentes proyectos.
Hay obra. Hay territorio. Y ahora deberá haber resultados.
Porque conforme avance el calendario, Raúl Montero también estará bajo evaluación. Una obra concluida fortalecerá la narrativa de resultados del gobierno; una retrasada terminará convertida en argumento para sus adversarios.
Ahí está el verdadero reto del secretario. Ya no basta licitar. Hay que entregar.
El Gobierno estatal comienza a entrar en la etapa donde se construye el legado del sexenio. Y Obras Públicas será una dependencia fundamental para determinar qué tanto de ese legado podrá mostrarse físicamente cuando llegue 2027.
Mientras Morena define quién encabezará su proyecto político para conservar Sinaloa, Montero tendrá una tarea bastante menos discursiva: terminar lo que está construido y construir lo que está comprometido.
Porque el gobierno de Rubén Rocha Moya, que ahora encabeza Yeraldine Bonilla Valverde por cosas que ya sabemos, no aparecerá en la boleta de 2027, pero su gobierno inevitablemente estará sometido a evaluación.
Y buena parte de esa evaluación podrá medirse en concreto, puentes, carreteras y malecones. El calendario de Raúl Montero es de obra. Pero inevitablemente terminará encontrándose con otro.
El político.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
Facebook, Instagram y X: PeriodistaMarco
.png)

