Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga "Si tuviera la posibilidad de elegir entre la experiencia del dolor y la nada, elegiría el dolor...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
"Si tuviera la posibilidad de elegir entre la experiencia del dolor y la nada, elegiría el dolor", William Faulkner (1897-1962) Escritor estadounidense.
En política hay movimientos que necesitan discursos, reuniones y fotografías. Otros requieren apenas llenar un registro para conseguir exactamente lo mismo: que todos comiencen a hablar.
Paola Gárate Valenzuela hizo lo segundo.
Su registro en el proceso abierto por el PAN para quienes buscan ser considerados rumbo a la gubernatura de Sinaloa provocó durante el fin de semana algo que difícilmente puede considerarse menor. Acción Nacional tuvo que aclarar que registrarse no significa tener una candidatura. El PRI pidió explicaciones sobre la actuación de quien fuera su dirigente estatal. Y mientras unos explicaban y otros reclamaban, Paola decidió reservarse las palabras.
Este lunes 17 de agosto ofrecerá una conferencia de prensa.
No adelantó el motivo.
Ahí está precisamente lo interesante.
Porque después de provocar semejante movimiento, guardar silencio también es hacer política.
Pero durante las últimas horas apareció otro elemento que modifica la lectura del caso: una defensa pública de Paola construida, paradójicamente, desde argumentos priistas.
El planteamiento esencial es sencillo.
Paola no ha renunciado al PRI. Tampoco ha sido designada candidata del PAN. Se registró en un mecanismo abierto para ser evaluada y, por tanto, quienes la defienden consideran precipitado hablar desde ahora de expulsiones o sanciones.
La discusión jurídica tendrá que resolverla el PRI si decide iniciar algún procedimiento.
La discusión política es otra.
¿Por qué una expresidenta estatal del PRI terminó tocando la puerta electoral del PAN?
Esa pregunta resulta mucho más incómoda.
Porque entonces habría que revisar también lo sucedido dentro del propio tricolor.
Quienes han salido en defensa de Paola recuerdan episodios que consideran agravios: su exclusión como consejera nacional, el distanciamiento de actividades partidistas y hasta aquel episodio en el que denunció públicamente que encontró cerradas las oficinas del partido.
A eso se agrega un contexto mucho más delicado: las amenazas que ha denunciado y la corona fúnebre que recientemente fue colocada afuera de su domicilio.
Nada de ello determina jurídicamente si podía o no registrarse en un proceso del PAN.
Pero políticamente sí construye contexto.
Y ahí el PRI tiene un problema.
Porque no puede reducir todo el episodio a preguntar por qué Paola volteó hacia Acción Nacional sin aceptar que alguien terminará preguntando también por qué Paola dejó de sentirse cómoda dentro del PRI.
Esa es la parte que puede terminar haciendo más daño.
Paola no es una militante recién llegada. Ha sido presidenta estatal del partido, diputada federal, legisladora local, regidora y durante años ha defendido públicamente las siglas del tricolor.
Si un cuadro con ese historial comienza a explorar opciones afuera, existen solamente dos posibilidades.
Que Paola haya decidido construir un proyecto político personal por encima de su partido.
O que dentro de su partido hayan dejado de existir condiciones para desarrollar ese proyecto.
Quizá haya un poco de ambas.
El PAN entendió la oportunidad
Acción Nacional tampoco llegó accidentalmente a esta historia.
Desde hace tiempo existen acercamientos públicos hacia Paola y ahora abrió un procedimiento donde pueden participar perfiles externos.
El PAN necesita candidatos competitivos.
Paola necesita mantener abierta su posibilidad de competir.
Los intereses coinciden.
Eso no significa todavía militancia panista ni candidatura.
Significa política.
Y ahí aparece otra pregunta que deberá responder el PAN: si eventualmente las mediciones favorecen a una priista, ¿estaría dispuesto a entregar la candidatura a alguien que no pertenece a su militancia?
Roxana Rubio ya manifestó sus aspiraciones.
Eduardo Ortiz también forma parte del tablero.
Paola acaba de meterse en medio.
Y eso necesariamente modifica la conversación.
El PRI enfrenta un dilema
Pero el problema más complicado continúa estando dentro del tricolor.
Si la dirigencia amenaza inmediatamente con sancionarla, puede convertir a Paola en víctima de aquello que precisamente denuncian quienes hoy la defienden: exclusión y cierre de espacios.
Si guarda silencio, acepta implícitamente que una de sus diputadas pueda explorar una candidatura desde otro partido.
Y si finalmente la expulsa, podría regalarle al PAN un cuadro político con exposición estatal.
Ninguna salida es sencilla.
Por eso sería un error convertir este asunto únicamente en una discusión disciplinaria.
Antes de preguntarse cómo castigarla, quizá en el PRI deberían preguntarse cómo llegaron hasta aquí.
Porque los partidos generalmente no pierden sus cuadros el día que éstos presentan una renuncia.
Los pierden mucho antes.
Los pierden cuando dejan de escucharlos.
Cuando comienzan a cerrarles espacios.
Cuando los grupos internos deciden quién pertenece y quién estorba.
Después solamente llega la firma que formaliza lo que políticamente ya había ocurrido.
Y Paola también tendrá que definirse
Tampoco puede construirse una historia donde solamente exista una víctima.
Paola tomó una decisión.
Sabía perfectamente que registrarse en un proceso del PAN provocaría consecuencias políticas dentro del PRI.
Tiene experiencia suficiente para entenderlo.
Por eso llegará el momento en que tendrá que explicar qué pretende.
¿Quiere continuar en el PRI?
¿Está dispuesta a incorporarse al PAN?
¿O está intentando convertirse en una candidata capaz de encabezar una eventual alianza opositora independientemente de las siglas?
La conferencia de este lunes puede comenzar a despejar esas preguntas.
Habrá que escuchar sus palabras.
Pero también observar quién aparece junto a ella.
Quién no aparece.
A quién agradece.
A quién reclama.
Y, principalmente, qué puertas decide cerrar.
Porque durante el fin de semana ocurrió algo que no debería pasar desapercibido.
El PAN habló de Paola.
El PRI habló de Paola.
Dentro del propio priismo comenzaron a defender a Paola.
Los medios hablamos de Paola.
Y Paola prácticamente no habló.
Eso tiene un nombre.
Posicionamiento.
Ahora falta conocer si fue una jugada calculada para salir del PRI, una estrategia para presionar hacia adentro o el primer movimiento para construir algo mucho más grande: una candidatura opositora que pueda sobrevivir incluso a las siglas.
Porque quizá la pregunta ya no sea solamente por qué Paola decidió registrarse en el PAN.
La pregunta que verdaderamente debería preocupar al PRI es otra:
¿Paola se está yendo… o desde hace tiempo comenzaron a empujarla hacia la puerta?
Y esa respuesta puede resultar bastante más incómoda que cualquier expediente de expulsión.
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