Sobre el camino Benjamín Bojórquez Olea. Los rumores rara vez aparecen por generación espontánea, pero tampoco se convierten en verdad por ...
Sobre el camino
Benjamín Bojórquez Olea.
Los rumores rara vez aparecen por generación espontánea, pero tampoco se convierten en verdad por repetirse en los pasillos del poder. La posible llegada de Jesús Ibarra Ramos a la Secretaría de Educación Pública y Cultura de Sinaloa abre una interrogante que va mucho más allá de un eventual nombramiento: ¿se está buscando fortalecer la educación pública o acomodar las piezas de una negociación política?
Si la versión se confirma, el movimiento tendría varias lecturas. Su cercanía con Mario Delgado, sus coincidencias políticas con Imelda Castro, su relación institucional con Graciela Domínguez Nava y su reciente incorporación al Partido del Trabajo dibujan un escenario de interlocución entre distintas fuerzas. Sin embargo, las relaciones políticas pueden abrir puertas, pero no sustituyen la experiencia, la capacidad administrativa ni una visión educativa.
La SEPYC no es una oficina para pagar lealtades, administrar inconformidades o resolver diferencias partidistas. Es una institución que tiene bajo su responsabilidad el futuro de miles de estudiantes, docentes y familias sinaloenses. Convertirla en moneda de cambio como lo ha sido hasta ahora sería confundir el servicio público con la repartición del poder.
El problema de fondo es que Sinaloa no atraviesa una etapa para improvisar con sus instituciones. La educación pública necesita conducción, no protagonismos; necesita planeación, no cuotas; necesita resultados, no negociaciones detrás de las cortinas. Y quien llegue deberá responder por rezagos educativos, infraestructura escolar, condiciones laborales del magisterio y calidad de la enseñanza.
Hay, además, un dato que merece atención: Jesús Ibarra cuenta con formación en Economía y una maestría en Administración Pública y Políticas Públicas, además de experiencia legislativa y administrativa. También ha participado en comisiones relacionadas con educación y ciencia. Su trayectoria es un elemento que debe considerarse, pero no constituye por sí misma una garantía de resultados.
La pregunta incómoda es otra: ¿quién está negociando realmente esta posición y qué compromisos acompañarían el eventual nombramiento?
Porque si algo necesita Sinaloa es que los cargos públicos dejen de funcionar como fichas de intercambio entre grupos políticos. La gobernadora interina, Graciela Domínguez, quien anteriormente encabezó la propia SEPYC, tiene una responsabilidad institucional particularmente importante: cualquier relevo debe responder a las necesidades del sistema educativo, no a las presiones de las distintas corrientes partidistas.
Y hay un detalle que tampoco debe perderse de vista: la versión sobre su incorporación al PT y el supuesto respaldo federal de Mario Delgado debe mantenerse en el terreno de las versiones políticas mientras no exista confirmación pública. Los registros legislativos consultados todavía lo identifican con Morena.
Ibarra podrá tener interlocución, relaciones y una personalidad política que lo mantenga en la conversación, pero la educación no puede convertirse en el premio de consolación de una negociación entre partidos.
GOTITAS DE AGUA:
La SEPYC no necesita un nuevo operador de equilibrios políticos, necesita un responsable capaz de demostrar que la educación está por encima de las ambiciones personales.
Porque cuando la política utiliza las aulas para acomodar sus piezas, el costo no lo pagan los políticos: lo pagan los estudiantes. Y en Sinaloa, el futuro de una generación no puede quedar sujeto al resultado de una negociación de pasillo. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”...
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