Último lugar en la tabla, la peor diferencia de carreras de la liga y apenas ocho puntos en el sistema por vueltas confirman que la tempor...
Último lugar en la tabla, la peor diferencia de carreras de la liga y apenas ocho puntos en el sistema por vueltas confirman que la temporada 2025-2026 es el punto más bajo de los Venados en años. Para la afición, no es una sorpresa aislada, sino la consecuencia de un proyecto que perdió rumbo desde hace tiempo.
Hay silencios que pesan más que los abucheos. En Mazatlán, ese silencio se ha ido apoderando de las gradas del Teodoro Mariscal mientras Venados de Mazatlán se hunden en el sótano de la Liga ARCO Mexicana del Pacífico. Lo que hoy muestran los números no es una mala racha: es la fotografía final de un proyecto deportivo que, desde hace varios años, viene en picada.
La clasificación general es brutal. Venados registra 19 victorias y 39 derrotas, porcentaje de .328, último lugar del standing y 16 juegos por detrás del líder. Es el equipo con menos carreras anotadas (189) y uno de los que más ha permitido (283), para un diferencial de -94, el peor de toda la liga. En los últimos diez juegos, la marca 2-8 confirma que no hay reacción ni señales de corrección. En casa, donde históricamente Mazatlán imponía condiciones, el récord 8-20 explica por qué la afición ha dejado de creer.
Pero el desgaste no nació esta temporada. Para entender el enojo contenido en las gradas hay que retroceder una década, al inicio de la administración de Espectáculos de la Costa del Pacífico, propiedad de la familia Toledo. El arranque fue inmejorable: campeonato en la temporada 2015-2016 y Serie del Caribe 2016. Aquella gesta generó una expectativa legítima: la construcción de un proyecto ganador y sostenido. Hoy, a diez años de distancia, ese título luce más como una excepción que como el cimiento de una era.
Desde entonces, Venados no ha vuelto a disputar una final. En diez temporadas, solo una vez alcanzó las semifinales. El resto del tiempo, el equipo se movió entre lugares medios y bajos: quintos, sextos, séptimos u octavos. Clasificaciones a playoffs que, en más de una ocasión, llegaron por combinación de resultados y no por dominio propio. En los últimos cinco años, el común denominador ha sido la eliminación en primera ronda.
El problema no es únicamente no ganar campeonatos. En una liga tan cerrada como la LAMP, eso puede pasar. El verdadero golpe está en la ausencia de crecimiento deportivo. No se observa una identidad clara, ni una evolución en la planeación del roster, ni ajustes que perduren. Temporada tras temporada se repite el mismo guion: planteles que no terminan de cuajar, pitcheo inconsistente, ofensivas cortas y decisiones que parecen más reactivas que parte de un plan a largo plazo.
Mientras otras organizaciones han sabido reinventarse —algunas apostando al desarrollo, otras a la inversión directa—, Venados quedó atrapado en una tierra de nadie: ni contendiente real ni proyecto en construcción. Esa indefinición es la que más ha erosionado la relación con la afición, que no exige títulos cada invierno, pero sí un equipo que compita, que tenga sentido y que haga creer.
Mazatlán es una plaza con historia, con estadio, con público y con memoria. El campeonato de 2016 demostró que se puede. Diez años después, los números indican que algo se rompió en el camino o, peor aún, que nunca se terminó de construir un proyecto sólido. Hoy, Venados no solo está lejos de los playoffs: está lejos de sí mismo.
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