Su trayectoria combina origen popular, ambición política, trabajo comunitario y una presencia digital que refuerza su identidad pública; una...
Su trayectoria combina origen popular, ambición política, trabajo comunitario y una presencia digital que refuerza su identidad pública; una figura que despierta apoyos y cuestionamientos en igual medida.
Mazatlán, Sinaloa.- Fernando Pucheta Sánchez es una de esas figuras que, para bien o para mal, no pasan inadvertidas en la vida pública de Mazatlán.
Su historia combina origen popular, vocación docente, perseverancia política y una intensa actividad social que lo ha acompañado tanto en campañas electorales como en etapas fuera del gobierno.
Más que un personaje lineal, Pucheta encarna una serie de contrastes que permiten discutir no solo su trayectoria, sino el modelo de liderazgo local que se reproduce en buena parte del país.
Nacido en Mazatlán y formado en el ámbito de las Ciencias Sociales, Pucheta desarrolló una carrera que transita entre la educación, el sector turístico y la función pública.
Antes de llegar a cargos de elección, ya había ocupado posiciones en organismos empresariales y comités locales vinculados a la promoción turística y la administración pública, espacios que lo acercaron a la dinámica institucional y al tejido social del puerto.
Su camino político no fue inmediato ni cómodo. Sus primeras candidaturas —a diputaciones locales y federales— terminaron en derrota, pero lejos de retirarse, construyó paso a paso una presencia territorial que más tarde lo llevó a la regiduría municipal y, posteriormente, al Congreso del Estado, donde presidió comisiones relacionadas con turismo y gestión social.
Esa etapa legislativa funcionó como plataforma para el momento clave de su carrera: su llegada a la presidencia municipal de Mazatlán tras una elección cerrada y polémica que terminó resolviéndose en tribunales.
Su periodo como alcalde fue breve debido a los ajustes electorales, pero simbólico para su narrativa personal: el ascenso del político que insistió, que regresó después de múltiples intentos y que se presentó como un gestor cercano a la gente.
Paralelamente, impulsó una labor social que se convirtió en uno de los ejes centrales de su identidad pública, articulada sobre la idea de ayudar a quienes menos tienen. A partir de ahí surgieron campañas comunitarias, apoyos en colonias y actividades asistenciales que, para sus seguidores, representan un genuino compromiso social; para sus críticos, una estrategia de presencia permanente con fines políticos.
En los últimos años, sus redes sociales han jugado un papel relevante en esa construcción de imagen. Plataformas como Facebook, Instagram y X no solo le han permitido mantener vigencia política, sino proyectar un liderazgo basado en cercanía, recorridos en colonias, entrega de apoyos y mensajes de carácter moral y comunitario.
Desde ahí se presenta como un actor activo incluso fuera de cargos públicos, alguien que “sigue ayudando” y que mantiene interlocución directa con una base social que lo respalda digitalmente.
Esa narrativa digital tiene dos lecturas. Por un lado, muestra a un político que entiende que hoy el territorio también se disputa en la esfera virtual, donde el contacto emocional y la visibilidad constante resultan tan importantes como la gestión administrativa.
Por otro, abre la discusión sobre cuánto de ese trabajo social deriva en resultados estructurales y cuánto permanece en el plano de la imagen, la empatía y el capital simbólico que busca sostener liderazgo de cara a futuros escenarios electorales.
Fernando Pucheta es, en síntesis, el reflejo de una política local que se mueve entre la vocación de servicio y la necesidad de legitimación permanente. Su historia habla de perseverancia, pero también de los límites del modelo asistencialista como herramienta de conexión con la ciudadanía.
Ahí está el debate: ¿qué tanto su figura representa la continuidad de una forma tradicional de hacer política y qué tanto expresa la demanda de un liderazgo cercano, visible y socialmente activo?
Más que juzgarlo en blanco y negro, su trayectoria invita a observar cómo los liderazgos locales se adaptan a nuevas formas de comunicación, fortalecen su presencia a través de redes sociales y mantienen un pie en la calle y otro en el escenario digital.
En esa intersección —entre lo comunitario, lo político y lo mediático— se ubica hoy Fernando Pucheta Sánchez, es el político con miles seguidores, más influencia, millones de reacciones en redes y con una vigencia que cualquiera quisiera tener. Y en cara al proceso electoral del 2027, estamos frente a una actor que puede llevar el protagonismo.
El tiempo tiene la última palabra.


