Los bombardeos han provocado cortes prolongados, escasez de calefacción y agua, y reparaciones que podrían tardar semanas; pese a la cris...
Los bombardeos han provocado cortes prolongados, escasez de calefacción y agua, y reparaciones que podrían tardar semanas; pese a la crisis, la población mantiene resiliencia y apoyo al frente.
Los ucranianos viven nuevamente un invierno marcado por apagones de hasta 16 horas al día debido a los ataques rusos a gran escala contra la infraestructura energética del país. En Leópolis, el sonido constante de decenas de generadores eléctricos portátiles acompaña la vida cotidiana, mientras negocios, hogares y servicios intentan adaptarse al impacto de los bombardeos.
El último ataque masivo registrado el pasado sábado incrementó drásticamente la magnitud de los cortes. Aun así, comercios como la librería donde trabaja Irina continúan operando pese a que sus baterías de respaldo se agotaron hace horas. Con lámparas portátiles, los clientes hojean libros bajo la tenue luz que logra imponerse entre las calles sumidas en la oscuridad. “Seguimos trabajando”, asegura Irina, aunque reconoce que su hogar moderno depende casi por completo de la electricidad para calefacción, agua y servicios básicos.
En Leópolis, algunos edificios antiguos mantienen mejor el calor gracias a sus gruesas paredes, pero en la mayoría de los hogares la situación se ha vuelto cada vez más difícil. Aun así, el ánimo de resistencia persiste. “Nuestros chicos en el frente lo tienen mucho peor, así que no podemos defraudarlos”, afirma Oksana Maziar, integrante de la Cocina Voluntaria de Leópolis, una organización que prepara alimentos para soldados desplegados en las trincheras. Bajo la tenue iluminación de lámparas a pilas, su puesto de donaciones continúa activo pese a los apagones.
Los habitantes han comenzado a organizar su rutina alrededor de los horarios provisionales de cortes, publicados por el operador de la red eléctrica. Para algunos, como la profesora de inglés Zoreslava Taraj, la adaptación se ha vuelto una forma de resistencia. “Al menos habrá electricidad cuando mis estudiantes tengan clase conmigo”, dice sonriendo. Otros vecinos almacenan leña para calentar sus viviendas ante temperaturas cercanas al punto de congelación.
La situación es crítica incluso con las reparaciones de emergencia operando las 24 horas. Vitali Zaichenko, jefe de Ukrenergo, advirtió que los daños acumulados por ocho ataques masivos desde inicios de año podrían tardar semanas en restablecerse y pidió a la población reducir al mínimo su consumo de electricidad. La estrategia rusa, explican analistas, busca partir el sistema energético ucraniano a lo largo del río Dniéper, afectando especialmente las regiones del este, donde se localizan infraestructuras de generación clave.
El último ataque tenía como objetivo la generación restante en el este del país, además de líneas de alta tensión que transportan la energía producida por nueve reactores nucleares ubicados en el oeste, lo que generó un déficit estimado de al menos 5 gigavatios.
Expertos prevén que los apagones podrían prolongarse durante todo el invierno, especialmente si Rusia mantiene un esquema de ataques cada 7 a 10 días. Para contrarrestarlo, se plantean medidas como expandir la generación distribuida, reforzar la defensa antiaérea y construir estructuras de protección adicionales. También exigen que las autoridades sean transparentes respecto a la magnitud del problema para preparar a la población ante posibles cortes más severos.
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