Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Siempre me ha sorprendido la dificultad que el ser humano tiene para soportar las molestias cotid...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Siempre me ha sorprendido la dificultad que el ser humano tiene para soportar las molestias cotidianas y la valentía con que afronta las situaciones excepcionales”, Josefina Aldecoa (1926-2011) Escritora y pedagoga española.
SURSUM VERSUS
La Universidad
Autónoma de Sinaloa ha atravesado en este año una etapa compleja que puso en
evidencia las tensiones financieras y administrativas que se habían acumulado
en el tiempo, y que finalmente explotaron en un contexto en el que la
institución ya no podía postergar ajustes, definiciones y decisiones de fondo.
No se trató
únicamente de una crisis presupuestal, sino de un momento de confrontación
institucional con su propia realidad interna, una realidad construida por años
de compromisos laborales crecientes, limitaciones estructurales en el
financiamiento y un entorno económico nacional que exige cada vez más
eficiencia sin dejar de asumir responsabilidades sociales.
El peso del
sistema de jubilaciones, la presión que representan las obligaciones laborales
y la necesidad de recurrir de manera recurrente a apoyos extraordinarios
dejaron claro que el modelo financiero de la UAS requería una revisión
profunda.
Durante meses,
la universidad tuvo que equilibrar gestión, negociación, operación y
comunicación institucional mientras buscaba evitar afectaciones al personal, a
los estudiantes y a la vida académica.
Esa combinación
de presión financiera y desgaste administrativo generó incertidumbre, debate
público y cuestionamientos, pero también abrió una discusión que, tarde o
temprano, la universidad estaba obligada a enfrentar.
En medio de este
escenario, la gestión del rector Jesús Madueña Molina se desarrolló bajo una
exigencia constante.
No fue una
administración que pudo conducirse en un entorno de estabilidad, sino una
rectoría obligada a responder a la emergencia sin perder de vista la misión
académica de la institución.
Su conducción
apostó por el diálogo con los sectores universitarios, la interlocución con los
gobiernos estatal y federal y la búsqueda de alternativas que permitieran
sostener el funcionamiento de la universidad mientras se trabajaba en la ruta
de reordenamiento administrativo.
No se trató
únicamente de conseguir recursos para sortear coyunturas, sino de asumir el
reto de encabezar una etapa de transición hacia una estructura financiera y
operativa más consciente de sus límites y responsabilidades.
La reingeniería
administrativa propuesta desde rectoría no puede entenderse sólo como un plan
técnico, sino como una respuesta política e institucional ante una realidad que
no podía seguir siendo ignorada.
Contener el
impacto de la crisis, garantizar la continuidad académica y evitar la
paralización de actividades fue una tarea que se logró gracias a una
combinación de gestión, liderazgo y cohesión interna.
La UAS no se
detuvo, los programas académicos continuaron, los procesos educativos se
mantuvieron y la comunidad universitaria asumió, con madurez, que la
institución estaba atravesando un momento decisivo para su futuro.
En este
contexto, el respaldo del gobernador Rubén Rocha Moya fue una pieza clave. Su
apoyo no se limitó a gestos simbólicos o declaraciones públicas; se expresó en
acompañamiento institucional, gestión de recursos y una postura clara a favor
de preservar la estabilidad de la universidad.
El Gobierno del
Estado reconoció que la UAS no es únicamente una entidad administrativa, sino
una institución estratégica para el desarrollo social, educativo y económico de
Sinaloa.
Ese
reconocimiento no sólo tuvo impacto financiero, también permitió generar
confianza y certidumbre en un momento en el que el ánimo social dentro de la
universidad podía haberse fracturado.
El respaldo
gubernamental representó además un mensaje político importante: la universidad
sigue siendo un bien público que debe protegerse y fortalecerse.
En lugar de
apostar por la confrontación o la indiferencia, el gobierno estatal eligió la
ruta de la corresponsabilidad, entendiendo que la solución a los problemas de
la UAS no depende de una sola parte, sino de un esfuerzo compartido entre
autoridades, comunidad universitaria y Estado.
Ese
acompañamiento permitió que la universidad pudiera asumir ordenadamente un
proceso de ajuste, y no un escenario de ruptura institucional.
Sin embargo, más
allá de la gestión administrativa y del respaldo político, hay un elemento que
resulta fundamental para comprender lo ocurrido y lo que viene: la comunidad
universitaria.
Profesores,
trabajadores y estudiantes sostuvieron la vida académica en momentos de
incertidumbre, continuaron en aulas, laboratorios y proyectos de investigación,
defendiendo con su presencia cotidiana el sentido formativo y social de la
universidad.
La UAS demostró
que, aun en medio de la presión y la crítica, conserva una identidad colectiva
que la mantiene de pie.
La crisis, lejos
de debilitarla, terminó por evidenciar su capacidad de resistencia. Y es
precisamente en esa resistencia donde se encuentra la oportunidad de
transformación.
Hoy la
universidad tiene la posibilidad de avanzar hacia un modelo más sostenible, más
transparente y más ordenado; de revisar prácticas administrativas, fortalecer
mecanismos de planeación, mejorar la eficiencia de sus recursos y construir una
cultura institucional orientada al equilibrio entre responsabilidad financiera
y compromiso social.
El reto que
viene no consiste únicamente en estabilizar las finanzas, sino en consolidar
una nueva etapa de modernización universitaria.
La UAS tiene
ante sí la oportunidad de fortalecer su planta académica, potenciar su papel
científico, ampliar su vinculación con los sectores productivos, diversificar
sus áreas de impacto social y reafirmar su papel como motor de movilidad social
en Sinaloa. La crisis obligó a mirar hacia dentro, pero el futuro exige mirar
hacia adelante.
La Universidad
Autónoma de Sinaloa se encuentra hoy en un punto de inflexión.
Lo ocurrido en
este año no debe ser recordado sólo como un periodo de tensión, sino como el
momento en que la institución se vio obligada a replantear su estructura para
asegurar su permanencia y su evolución.
La combinación
de liderazgo institucional, acompañamiento gubernamental y compromiso
comunitario permitió que la UAS saliera adelante en medio de la adversidad.
Ahora, el desafío es convertir esa experiencia en una base sólida para su
fortalecimiento a largo plazo.
Lo que viene
para la UAS no es únicamente un proceso de recuperación, sino la construcción
de una etapa de consolidación.
Si la
universidad logra capitalizar las lecciones de este periodo, reforzar sus
mecanismos de administración responsable y mantener la cohesión de su
comunidad, podrá proyectarse como una institución más fuerte, más moderna y
preparada para responder a las necesidades educativas y sociales de Sinaloa.
La crisis fue
una prueba, pero también una oportunidad. Y hoy, la UAS está en condiciones de
transformar esa prueba en un punto de partida para su futuro.
IN CRESCENDO
Hablar del
alcalde de Elota, Richard Millán, es hablar de un liderazgo que, pese a la
polémica y las circunstancias adversas, ha logrado construir una figura
política con proyección más allá del ámbito municipal.
Su gestión ha
sido objeto de críticas, debates y episodios controvertidos, pero también ha
mostrado resiliencia, capacidad de respuesta y una presencia pública que lo ha
colocado, de manera natural, en el radar de la política estatal.
Hoy, más que un
actor local, Richard Millán se perfila como uno de los cuadros emergentes de
Movimiento Ciudadano en Sinaloa, un político que, con aciertos y errores, ha
logrado convertirse en un aspirante real a la disputa por espacios mayores,
incluida la posibilidad de competir por la gubernatura en un futuro próximo.
Su trayectoria
reciente ha demostrado que no es un alcalde que permanezca en la discreción
administrativa.
Al contrario, su
presencia en la agenda pública ha sido constante, incluso en escenarios
polémicos que lo han obligado a enfrentar cuestionamientos y a sostener su
narrativa política bajo presión.
Algunos
episodios —como la controversia por su viaje internacional, las críticas a
decisiones de imagen pública o los debates en torno a su estilo de gobierno—
han generado ruido político, pero también han evidenciado algo que pocos
alcaldes logran: mantenerse en la conversación pública estatal.
En un entorno
político donde muchos gobiernos municipales pasan desapercibidos, Millán ha
logrado consolidar una identidad política visible, discutida y reconocible.
Su gestión
también ha tenido momentos de tensión extrema, como el atentado armado del que
resultó ileso en la autopista Culiacán–Mazatlán.
Ese episodio,
más que debilitarlo, reforzó su narrativa de resistencia institucional y
fortaleció su imagen de funcionario que continúa de pie pese a la adversidad.
Después de aquel hecho, su postura pública fue la de un alcalde que no se
repliega, que asume el riesgo inherente a la función pública en territorios
complejos y que reafirma su compromiso con el municipio.
Esa capacidad
para resistir escenarios críticos y continuar al frente de sus
responsabilidades ha sido leída, en ciertos sectores políticos, como un rasgo
de carácter que lo proyecta más allá de su cargo actual.
Por otro lado,
no puede negarse que su perfil genera polarización. Sus decisiones y formas de
comunicación han sido motivo de debate y, en algunos casos, de inconformidad
social.
Sin embargo, en
la dinámica política contemporánea, ese tipo de liderazgo también es el que
logra abrirse paso dentro de estructuras partidistas que buscan figuras con
presencia mediática, narrativa propia y capacidad de posicionamiento.
Movimiento
Ciudadano ha demostrado, a nivel nacional, que apuesta por perfiles
disruptivos, con identidad política distinta a la tradicional, y Richard Millán
encaja en ese esquema: joven, controvertido, con narrativa propia y con
capacidad de generar conversación pública.
Richard Millán
no es, hoy, un actor concluido políticamente, sino un liderazgo en formación
que continúa acumulando experiencia, exposición pública, aliados y adversarios.
Sus controversias no lo han sacado del
juego; por el contrario, lo han obligado a demostrar capacidad de respuesta,
adaptación narrativa y aprendizaje político. En MC su nombre suena con fuerza
cuando se habla de figuras con potencial de crecimiento y, eventualmente, de
aspirantes a la gubernatura de Sinaloa.
Ojo con eso
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