Entre risas infantiles, música y una historia que tocó corazones, la Gala Navideña de la URS se convirtió en un abrazo colectivo que unió ...
Entre risas infantiles, música y una historia que tocó corazones, la Gala Navideña de la URS se convirtió en un abrazo colectivo que unió a toda la comunidad universitaria.
Mazatlán, Sinaloa.— La tarde caía suave sobre la Unidad Regional Sur cuando las primeras luces comenzaron a encenderse. No eran solo focos: era el anuncio de que la Navidad había llegado oficialmente a la UAS. Familias enteras caminaban tomadas de la mano, estudiantes buscaban el mejor ángulo para sus fotografías y, desde el templete, los músicos afinaban los instrumentos mientras el olor a pino y el murmullo alegre llenaban el aire.
En medio de esa atmósfera cálida, casi de película, la comunidad universitaria se reunió para celebrar su ya tradicional Encendido del Árbol y Gala Navideña “Relatos de una Navidad”, una velada pensada no solo para inaugurar la temporada, sino para recordarle a todos que la universidad también es hogar.
Cuando el Vicerrector de la URS, Manuel Iván Tostado Ramírez, tomó la palabra, no lo hizo con solemnidad sino con un tono cercano, casi familiar. Agradeció la confianza de los padres, la entrega de los docentes y el entusiasmo de los jóvenes que, entre clases, tareas y sueños, encuentran en la UAS un espacio para crecer.
Las palabras “Feliz Navidad. Disfrutemos estas fechas con calidez, respeto y armonía” resonaron como un brindis colectivo antes de que el arte se apoderara del escenario.
Un espectáculo que viajaba entre la ternura, la nostalgia y la magia
El programa artístico fue un ir y venir de emociones. El público pasó de la risa a la nostalgia en cuestión de minutos: el Ensamble y Teatro Infantil robó suspiros con su “Pastorela”, mientras los más pequeños agitaban gorritos rojos desde las primeras filas. Luego, el Taller de Adultos Mayores arrancó aplausos sorprendidos; la edad no pesa cuando se canta “Santa Claus llegó a la ciudad” con el corazón.
Los profesores de cultura, los talleres de canto y baile, y los estudiantes de la Licenciatura en Educación Artística hicieron suyo el escenario con una historia que se volvió el centro de la noche: una viajera que recorre el mundo llevando consuelo y alegría a la infancia. A cada palabra se sumaba un gesto, un acorde, un paso de danza. Y entre luces doradas, aquella narración terminó por convertirse en un espejo: recordaba que todos, alguna vez, fuimos un niño esperando la magia.
Un detalle que también brilló
En medio de la algarabía, los ganadores del Primer Concurso de Esferas Navideñas recibieron sus reconocimientos. No hubo discursos largos, pero sí sonrisas grandes; pequeñas obras hechas a mano que dejaron claro que la creatividad universitaria también ilumina.
Aún después de la última canción, nadie tenía prisa por irse. Padres sacaban fotos frente al árbol recién encendido, grupos de estudiantes ensayaban una selfie colectiva y los más pequeños seguían correteando bajo la mirada cómplice de sus familias.
La Gala Navideña no solo inauguró la temporada: dejó la sensación de que, por un rato, la universidad fue un abrazo común, un recordatorio de que la cultura también es el lugar donde se tejen los afectos y donde la comunidad encuentra refugio.
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