Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Dar hasta que duela y cuando duela dar todavía más”, Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) Mision...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“Dar hasta que
duela y cuando duela dar todavía más”, Madre Teresa de Calcuta (1910-1997)
Misionera de origen albanés naturalizada india
OPORTUNIDADES
En Mazatlán, los
mercados municipales representan mucho más que puntos de intercambio comercial.
Son espacios de convivencia, identidad barrial y sustento económico para
cientos de familias.
Sin embargo,
durante años han sido tratados como infraestructura secundaria, atendida solo
cuando el deterioro se vuelve evidente o el riesgo inminente.
Las recientes
declaraciones de la regidora My‑Lai Quintero Beltrán vuelven a colocar el tema
en la agenda pública, no como novedad, sino como recordatorio de una deuda
persistente.
El diagnóstico
no es nuevo: techos dañados, instalaciones eléctricas obsoletas, filtraciones
en temporada de lluvias y obras inconclusas heredadas de administraciones
pasadas.
Lo relevante es
que estas carencias ya no pueden analizarse solo como fallas de mantenimiento,
sino como un problema estructural que impacta directamente en la seguridad de
locatarios y usuarios, así como en la viabilidad económica de estos espacios
tradicionales.
El caso del
mercado de la colonia López Mateos, con un techo en condiciones riesgosas,
evidencia cómo la falta de intervención oportuna convierte problemas
previsibles en amenazas cotidianas.
A ello se suma
el ejemplo del mercado Pino Suárez, donde una inversión parcial permitió
atender canaletas, pero dejó pendientes críticos, como una subestación
eléctrica inconclusa.
La constante es
clara: acciones fragmentadas, sin una estrategia integral ni continuidad
administrativa.
Este panorama se
vuelve más complejo cuando se considera el arraigo social de los mercados.
Cualquier
propuesta de reubicación o reorganización genera resistencia en las colonias,
no por capricho, sino porque estos espacios forman parte del tejido
comunitario.
Ignorar ese
factor social puede convertir una solución técnica en un conflicto político
innecesario.
Atenderlo, en
cambio, exige planeación, diálogo y recursos suficientes.
El debate
presupuestal es inevitable. Mazatlán enfrenta rezagos en seguridad, servicios
públicos e infraestructura urbana, y cada peso tiene múltiples destinos
posibles. Sin embargo, postergar la atención a los mercados bajo el argumento
de prioridades mayores ha demostrado ser una falsa economía: el deterioro
acumulado eleva los costos futuros y expone a la autoridad a riesgos legales,
sociales y humanos.
Asignar recursos
a los mercados municipales no es un gesto simbólico ni una concesión política.
Es una decisión de gestión básica. Mantenerlos en condiciones seguras y
funcionales protege empleos, preserva la historia urbana y fortalece economías
locales que no siempre se benefician de los grandes proyectos turísticos.
La discusión
planteada desde el Cabildo abre una oportunidad: pasar del reconocimiento del
problema a una política pública sostenida, con diagnósticos claros, calendarios
de intervención y seguimiento real.
Si los mercados
continúan siendo atendidos solo cuando la urgencia obliga, el deterioro seguirá
siendo la norma.
Si se asumen
como lo que son —infraestructura económica y social estratégica—, su rescate
dejará de ser una promesa recurrente para convertirse, finalmente, en una
acción concreta.
CONTINUIDAD
La firma del
convenio entre el Ayuntamiento de Ahome y la Procuraduría Federal del
Consumidor para habilitar un módulo de atención en Los Mochis plantea un
objetivo claro: acercar la defensa de los derechos del consumidor a la vida
cotidiana de la ciudad.
En un contexto
donde las relaciones comerciales se intensifican —particularmente en temporadas
de alta demanda—, reducir la distancia entre la queja y la institución parece,
en principio, una medida lógica y necesaria.
El valor del
acuerdo radica en su dimensión práctica. Permitir que consumidores y
proveedores acudan a un módulo local, sin trasladarse a la capital del estado,
elimina una barrera recurrente: el costo y el tiempo que suele desalentar la
denuncia. En términos administrativos, es una descentralización básica; en
términos ciudadanos, un mensaje de accesibilidad.
La pregunta no
es si hacía falta, sino por qué tardó tanto en concretarse.
No obstante, la
instalación de un módulo no equivale automáticamente a una mejora sustantiva en
la protección del consumidor.
La experiencia
indica que el impacto real depende menos del anuncio y más de la operación:
personal capacitado, capacidad de conciliación efectiva y seguimiento de los
casos.
De lo contrario,
el módulo corre el riesgo de convertirse en un punto de orientación sin
consecuencias prácticas para quienes reclaman.
Desde la
perspectiva municipal, el convenio también cumple una función
política-administrativa: muestra coordinación interinstitucional y responde a
una demanda social visible.
La participación
del alcalde Antonio Menéndez De Llano Bermúdez y del titular regional de ODECO,
Israel Alcaraz Hernández, subraya una narrativa de colaboración que, en el
discurso, busca agilizar trámites y fortalecer la conciliación.
La clave será si
esa narrativa se traduce en resoluciones oportunas y en un aumento real de la
confianza ciudadana.
También hay un
ángulo económico que no debe ignorarse. Un sistema de defensa del consumidor
accesible contribuye a ordenar el mercado local: desincentiva prácticas
abusivas y genera certidumbre para los negocios que cumplen.
En ese sentido,
el módulo no solo protege a quien compra, sino que también beneficia a quien
vende de manera formal, siempre que las reglas se apliquen con equilibrio.
El reto,
entonces, no está en la ubicación ni en el horario, sino en la continuidad.
¿Habrá capacidad
para absorber picos de demanda? ¿Se medirá su desempeño con indicadores claros?
¿Se garantizará que la conciliación no se quede en intentos, sino en
soluciones?
Sin estas
respuestas, el convenio corre el riesgo de sumarse a la lista de buenas
intenciones administrativas.
En síntesis,
acercar a Profeco a Los Mochis es un paso en la dirección correcta, pero
insuficiente por sí solo.
La defensa del
consumidor no se consolida con módulos inaugurados, sino con resultados
verificables. Si el acuerdo logra traducirse en atención eficiente y
resoluciones concretas, habrá cumplido su propósito.
Si no, quedará
como otro recordatorio de que el acceso institucional, sin eficacia, es apenas
una promesa a medias.
ESFUERZO
Las
declaraciones de la alcaldesa Claudia Liliana Valdez Aguilar confirman que El
Rosario mantiene un refuerzo de presencia militar como medida preventiva tras
los hechos de alto impacto registrados en Escuinapa. La estrategia se enmarca
en un enfoque de contención regional, orientado a preservar condiciones de
estabilidad en el municipio.
En cuanto al
desplazamiento de familias en la zona serrana, el retorno paulatino a diversas
comunidades refleja una intervención institucional en proceso, coordinada
principalmente por la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable. El
hecho de que algunas familias ya hayan regresado y otras no, sugiere una
evaluación diferenciada de condiciones de seguridad y atención social.
De cara a 2026,
la autoridad municipal identifica la seguridad como prioridad, reconociendo que
su alcance depende de la coordinación con instancias federales. El señalamiento
de calma en la cabecera municipal y en comunidades como Santa María aporta un balance
puntual de la situación actual, aunque sujeto a la evolución del contexto
regional.
En conjunto, la
información describe un escenario de vigilancia reforzada y atención gradual al
desplazamiento, con énfasis en la coordinación intergubernamental como factor
central para sostener la estabilidad en El Rosario.
ENCAMINADOS
Las proyecciones
presentadas por la alcaldesa Estrella Palacios Domínguez colocan a Mazatlán ante
un cierre de año con expectativas favorables en materia turística.
Una ocupación
hotelera estimada en 80 por ciento durante el último tramo de diciembre
confirma que el destino mantiene atractivo tanto para visitantes nacionales
como internacionales, particularmente en la temporada invernal.
El flujo de
vuelos procedentes de Canadá y Estados Unidos, así como la llegada constante de
cruceros, refuerza la percepción de un puerto activo y con capacidad para
sostener una derrama económica relevante en comercios y servicios.
Estos
indicadores son consistentes con la vocación turística de Mazatlán y con la
estrategia de mantener conectividad aérea y marítima incluso en contextos
regionales complejos.
En paralelo, el
énfasis en el reforzamiento de los ejes carreteros y en el operativo
Guadalupe-Reyes apunta a un componente clave: la seguridad como condición para
que las proyecciones se materialicen.
Garantizar
traslados seguros y presencia institucional tanto en accesos como en colonias y
zonas turísticas es un factor que influye directamente en la confianza del
visitante.
El cierre de
año, en este sentido, plantea un equilibrio entre expectativas económicas y
responsabilidades operativas.
Las cifras
proyectadas son positivas, pero su impacto real dependerá de que la seguridad y
los servicios se mantengan de forma constante.
Más que un logro
anticipado, el periodo decembrino representa una prueba de gestión para
consolidar a Mazatlán como un destino competitivo y confiable más allá de la
temporada alta.
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