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En una función histórica en el Palacio de los Deportes, El Hijo del Santo dijo adiós a la lucha libre profesional arropado por su hijo, compañeros y miles de aficionados que reconocieron su legado como heredero de la Leyenda de Plata.
El Palacio de los Deportes fue testigo de una escena cargada de simbolismo: Santo Jr. cargaba en hombros a su padre, El Hijo del Santo, mientras Las Golondrinas resonaban entre aplausos, ovaciones y el reconocimiento de luchadores y aficionados. Así, una de las figuras más emblemáticas de la lucha libre mexicana cerraba oficialmente una carrera de 43 años sobre los cuadriláteros.
Desde el exterior del recinto, la despedida ya se sentía especial. Máscaras plateadas, capas y todo tipo de artículos alusivos al Hijo del Santo dominaban la venta ambulante, mientras decenas de aficionados ingresaban portando con orgullo el símbolo del Enmascarado de Plata. En el interior, una pantalla proyectaba la película Santo: la leyenda del Enmascarado de Plata, protagonizada por el propio Hijo del Santo, como preámbulo a una noche de nostalgia y homenaje.
La función arrancó a las 20:35 horas con luchas que calentaron el ambiente, desde el combate de micros hasta la lucha femenil, donde Lady Apache y Julissa Mexa se llevaron la victoria. Entre cada enfrentamiento, videos con anécdotas y recuerdos del Hijo del Santo reforzaban el carácter emotivo de la velada, destacando el momento en que recordó la impotencia que sintió al no poder ayudar a su padre en su lucha de despedida en 1982.
El público respondió con intensidad a cada combate, especialmente en las luchas de alto impacto, donde los gritos de “¡Esto es lucha!” y el tradicional lanzamiento de monedas reconocieron el esfuerzo de los gladiadores. La función avanzó entre batallas vibrantes, sangre, castigos extremos y una conexión constante entre luchadores y afición.
Uno de los momentos clave llegó con la lucha máscara contra cabellera entre Santo Jr. y Ángel Blanco Jr., donde el heredero del Hijo del Santo, pese a sangrar y tener la máscara rota, logró imponerse y ganar la cabellera de su rival, consolidando su propio camino en el deporte espectáculo.
Cerca de la medianoche, se disputó la lucha estelar: El Hijo del Santo, Último Dragón y L.A. Park enfrentaron a Dr. Wagner Jr., Texano Jr. y el Hijo de Fishman. A una sola caída, la tercia del Hijo del Santo se llevó la victoria, cerrando la noche con el característico estilo que marcó su carrera.
Tras el combate, llegó el adiós definitivo. Micrófono en mano, el Hijo del Santo agradeció a generaciones enteras de aficionados y, con palabras cargadas de emoción, encomendó a su hijo al público, tal como su padre lo hizo con él décadas atrás. Con Las Golondrinas de fondo, abrazos entre colegas y el grito unísono de “¡Santo, Santo, Santo!”, se cerró una era en la lucha libre mexicana.
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