Especialistas advierten que una dieta equilibrada es clave para prevenir daños renales silenciosos que suelen manifestarse cuando el problem...
Especialistas advierten que una dieta equilibrada es clave para prevenir daños renales silenciosos que suelen manifestarse cuando el problema ya es avanzado.
A través de la alimentación, el cuerpo obtiene los nutrientes necesarios para realizar sus funciones de manera adecuada; sin embargo, estos no se encuentran distribuidos de forma uniforme en los alimentos, por lo que es fundamental mantener una dieta variada a lo largo del día, señala la Clínica Universidad de Navarra.
Especialistas coinciden en que muchas personas requieren ajustar sus hábitos alimenticios para incrementar el consumo de fibra dietética, calcio, vitamina D y potasio, nutrientes esenciales para la salud general, de acuerdo con un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.
En este contexto, los riñones son órganos especialmente sensibles a lo que se consume. Su función principal es filtrar la sangre, regular el equilibrio de líquidos y retener sustancias necesarias para el organismo, explica el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos.
Desde el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales se advierte que la mejor forma de proteger la salud renal es prevenir o controlar enfermedades como la diabetes y la hipertensión arterial. Para ello, se recomienda priorizar frutas y vegetales frescos o congelados, granos enteros y lácteos bajos en grasa, además de reducir el consumo de sal y azúcares añadidos.
Aunque existen alimentos que benefician la función renal, también hay otros que conviene limitar o evitar, ya que pueden causar daños progresivos y silenciosos, los cuales suelen detectarse cuando la enfermedad ya se encuentra en etapas avanzadas.
Entre los principales productos a moderar se encuentran los embutidos, debido a su alto contenido de sodio, que interfiere en el funcionamiento normal de los riñones. Asimismo, el consumo excesivo de carne, especialmente roja, puede sobrecargar estos órganos por su elevado aporte de proteínas, lo que incrementa el riesgo de inflamaciones. A ello se suman los caldos vegetales industrializados, que suelen contener grandes cantidades de sal añadida, dificultando el control del sodio ingerido diariamente.
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