Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Nunca entendemos lo poco que necesitamos de este mundo hasta que nos damos cuenta que lo hemos ...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“Nunca entendemos lo poco que necesitamos de este mundo hasta que nos damos cuenta que lo hemos perdido”, J. M. Barrie (1860-1937) Escritor escocés.
POSICIONAMIENTO
Imelda Castro
comienza a mostrar cómo pretende ejercer la coordinación política que ganó en
Morena.
Y la palabra
clave es territorio.
Su reunión con
los Coordinadores Operativos Territoriales de Culiacán y Los Mochis podría
parecer un encuentro más de estructura partidista. No lo es.
Los COT
representan precisamente esa parte de Morena que trabaja abajo: organización,
afiliados, contacto con simpatizantes y presencia en las colonias y
comunidades.
Por eso resulta
significativa la frase de Imelda: “Queremos irnos hasta abajo, con la gente”.
Después de ganar
la Coordinación Estatal, Imelda tenía dos posibilidades. Quedarse arriba
administrando acuerdos entre grupos, dirigentes y aspirantes.
O bajar a
construir con la estructura. Parece haber elegido la segunda.
Anunció que
recorrerá los 20 consejos municipales de Morena, comenzando por Badiraguato el
25 de septiembre. También pretende llevar al territorio los resultados del
Segundo Informe de Claudia Sheinbaum y, especialmente, lo que pueda conseguir
Sinaloa dentro del presupuesto federal de 2027.
Eso último será
importante. Porque una cosa es hablar de transformación.
Otra demostrar
qué significa para Sinaloa en pesos, programas y obras.
Sería ingenuo
pensar que estos recorridos solamente tendrán carácter informativo. Morena se
aproxima a sus siguientes definiciones. Vendrán distritos. Después municipios.
Y alrededor de
Imelda ya comenzaron a moverse quienes quieren aparecer en las próximas
encuestas.
Por eso recorrer
los 20 municipios también le permitirá algo políticamente indispensable:
conocer directamente quién tiene estructura, quién tiene territorio y quién
solamente tiene aspiraciones.
Ahí puede estar
la verdadera importancia de esta nueva etapa.
Imelda insiste
además en recordar sus orígenes, sus cuatro décadas en la izquierda y su
cercanía con las luchas sociales.
Es parte de la
narrativa que quiere construir. Pero ahora tendrá que convertirla en método.
Porque después
de ganar una encuesta viene una tarea bastante más complicada: mantener unido a
un movimiento donde muchos quieren lo mismo y los espacios nunca alcanzan para
todos.
Imelda dice que
quiere ir hasta abajo. Será interesante observar qué encuentra cuando llegue.
Porque desde
arriba todos pueden presumir estructura. Abajo es donde realmente se descubre
quién tiene gente.
EN CONSTRUCCIÓN
Hay una frase de
Graciela Domínguez Nava que merece más atención que el anuncio mismo del nuevo
plan: Sinaloa necesita fortalecer sus propias fuerzas de seguridad.
Ahí está
probablemente uno de los mayores problemas que ha dejado esta crisis.
Durante
demasiado tiempo, buena parte de la capacidad de reacción frente a la violencia
ha descansado en la Federación, el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional.
Su presencia ha
sido indispensable. Pero también deja una pregunta incómoda: ¿qué ocurriría si
mañana disminuyera ese despliegue federal?
Graciela parece
haber identificado el problema.
Por eso la
reestructuración del Plan Sectorial de Seguridad y Recuperación Económica no
debería medirse solamente por cuántas reuniones realice con empresarios o
cuántas propuestas termine incorporando.
El verdadero
indicador será otro: qué policía estatal deja Sinaloa después de esta crisis.
Cuántos
elementos. Qué capacitación. Qué inteligencia. Qué tecnología. Qué capacidad de
investigación. Qué coordinación con municipios.
Y, sobre todo,
qué capacidad real tiene el Estado para responder cuando ocurre una emergencia
sin esperar que todo venga desde la Federación.
Ese debería ser
el fondo. También resulta acertado juntar seguridad con recuperación económica.
Porque después
de dos años resulta difícil separar ambas cosas. Un restaurante que cierra
temprano por miedo tiene un problema de seguridad convertido en problema
económico. Un empresario que detiene una inversión también.
Una familia que
deja de salir por las noches igualmente termina afectando comercio, servicios y
empleo.
Por eso escuchar
a Coparmex y a otros sectores puede aportar información que difícilmente
aparece completa en una estadística oficial. Pero escuchar apenas es el
principio. Después habrá que decidir.
Graciela tiene
además una circunstancia particular. No recibió un gobierno en condiciones
normales. Recibió una administración atravesada por una crisis de seguridad,
desgaste institucional y afectaciones económicas.
Eso puede
explicar muchas cosas.
Pero conforme
avance su gobierno también dejará de ser suficiente como explicación. Su plan
tendrá que presentar objetivos medibles. Porque decir que habrá más tecnología
suena bien.
Decir cuántas
cámaras, patrullas, policías, equipos de inteligencia, recursos y en cuánto
tiempo, suena mejor.
Y demostrar que
eso redujo delitos y permitió recuperar calles, negocios y horarios será
todavía más importante.
La Federación
puede seguir ayudando. Seguramente tendrá que hacerlo.
Pero Sinaloa no
puede construir su seguridad suponiendo que siempre habrá alguien afuera
dispuesto a resolver lo que corresponde fortalecer adentro.
Por eso la
verdadera pregunta no es si Graciela presentará otro plan.
Es otra: cuando
termine esta etapa, ¿Sinaloa tendrá instituciones de seguridad más fuertes o
solamente habrá aprendido a depender mejor de la Federación?
LA OTRA CARA
La marcha por la
paz de este domingo dejó una imagen que el poder debería observar con atención:
miles de ciudadanos decidieron vencer el miedo y salir a la calle precisamente
para decir que están cansados de vivir con miedo.
La movilización
reunió familias, empresarios, jóvenes y familiares de víctimas, a dos años del
recrudecimiento de la violencia en Sinaloa.
No importa
demasiado discutir si fueron diez, veinte o cincuenta mil. Las cifras de
asistencia varían según las fuentes y los organizadores hablaron de alrededor
de 50 mil.
Lo
verdaderamente importante es por qué salieron.
Después de dos
años, una parte de Culiacán está diciendo que no quiere acostumbrarse a cerrar
temprano, modificar horarios, mirar hacia atrás cuando conduce o considerar
normal que una balacera altere la vida cotidiana.
La marcha
tampoco debería convertirse en patrimonio de ningún partido. Quien intente
apropiársela electoralmente cometerá un error. Y quien desde el gobierno
pretenda minimizarla cometerá otro.
Porque cuando
una sociedad sale a pedir algo tan elemental como poder vivir en paz, el
mensaje no necesita demasiada interpretación.
Ahora viene la
parte importante. ¿Qué ocurrirá mañana? Porque marchar sirve para levantar la
voz. Escuchar sirve para reconocer el problema.
Pero después de
dos años, Culiacán necesita algo más: resultados que permitan que la próxima
vez la gente salga a las calles no para exigir recuperarlas, sino simplemente
para disfrutarlas.
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