Investigadores de la Facultad de Ciencias Químico-Biológicas trabajan con películas elaboradas a base de almidón y extractos naturales como...
Investigadores de la Facultad de Ciencias Químico-Biológicas trabajan con películas elaboradas a base de almidón y extractos naturales como guamúchil rojo, muicle, bugambilia y amaranto; buscan reducir pérdidas postcosecha y el uso de plásticos
Culiacán, Sinaloa.- Una película tan delgada que puede ser comestible podría convertirse en una herramienta para que frutas y hortalizas sinaloenses duren más tiempo después de ser cosechadas, reduzcan su deterioro y lleguen en mejores condiciones a los mercados.
Investigadores de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) desarrollan películas y recubrimientos comestibles elaborados principalmente con almidón y enriquecidos con extractos de plantas disponibles en la región.
El proyecto es encabezado por el doctor Abraham Calderón Castro, investigador de la Facultad de Ciencias Químico-Biológicas e integrante del Laboratorio de Caracterización Fisicoquímica y Reológica del Posgrado en Ciencia y Tecnología de Alimentos.
La investigación persigue dos objetivos: reducir las pérdidas de alimentos después de la cosecha y generar alternativas al uso de materiales plásticos de un solo uso.
¿Cómo funciona una película comestible sobre una fruta?
La tecnología consiste en colocar sobre el alimento una capa delgada elaborada con materiales aptos para consumo, que funciona como una especie de barrera protectora.
“Estamos trabajando con películas comestibles, que son capas delgadas de material comestible, con la finalidad de reducir la pérdida de los frutos”, explicó Calderón Castro.
Estas capas son semipermeables, por lo que pueden contribuir a disminuir la respiración de los frutos y retrasar algunos de los procesos asociados con su deterioro durante almacenamiento y comercialización.
El investigador señaló que una parte importante de los alimentos se pierde durante las etapas posteriores a su cosecha, por lo que prolongar su conservación representa también una oportunidad económica para productores y cadenas de comercialización.
“Estas son alternativas de conservación que se pueden aplicar para mantener la calidad de los alimentos”, agregó.
De la bugambilia y el guamúchil a la conservación de alimentos
Uno de los elementos que distingue al proyecto es la incorporación de recursos vegetales disponibles en México y particularmente en la región.
Entre los materiales con los que trabaja el equipo universitario se encuentran:
- Guamúchil rojo
- Muicle
- Flor de bugambilia
- Amaranto
- Aceite esencial de citronela
Los extractos pueden aportar componentes bioactivos a las películas, mientras el almidón funciona como parte de la matriz estructural del recubrimiento.
“Esto satisface las necesidades de la economía circular: utilizar recursos de la región, darles un valor agregado y agregarlos a las películas comestibles”, señaló el investigador.
De esta manera, plantas o recursos vegetales que actualmente tienen un aprovechamiento limitado podrían encontrar nuevas aplicaciones dentro de la industria agroalimentaria.
Una alternativa pensada para una potencia agrícola como Sinaloa
El desarrollo adquiere especial relevancia en un estado como Sinaloa, donde la producción y comercialización de frutas y hortalizas representa una actividad económica fundamental.
Uno de los desafíos de estos productos comienza precisamente después de salir del campo: mantener calidad, apariencia e inocuidad durante almacenamiento, traslado y comercialización.
Si los recubrimientos logran prolongar esas características, podrían contribuir a disminuir las mermas que ocurren antes de que los productos lleguen al consumidor.
La investigación también abre posibilidades para reducir progresivamente la utilización de determinados empaques convencionales y aprovechar materiales biodegradables provenientes de fuentes naturales.
Del laboratorio al campo, el siguiente desafío
El equipo forma parte del cuerpo académico Procesamiento y Caracterización de Alimentos y continúa trabajando en la optimización de las formulaciones.
El objetivo a largo plazo es que el conocimiento generado pueda convertirse en una herramienta aprovechable por el sector productivo sinaloense.
Para ello será necesario determinar qué formulaciones funcionan mejor dependiendo del alimento, cuánto pueden prolongar efectivamente su vida útil y cómo pueden escalarse para aplicaciones comerciales.
La apuesta es particularmente interesante: utilizar ciencia desarrollada en Sinaloa y recursos vegetales de la región para ayudar a conservar durante más tiempo aquello que el propio campo sinaloense produce.
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