Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga "Las acciones pueden ser atroces, y las intenciones puras", Conde de Mirabeau (1749-1791) P...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
"Las acciones pueden ser atroces, y las intenciones puras", Conde de Mirabeau (1749-1791) Político, escritor y orador francés.
RELEVO
Hay momentos en política en los que la edad deja de ser un dato biográfico y comienza a convertirse en un argumento. Morena puede estar acercándose a uno de esos momentos en Sinaloa.
Porque detrás de la competencia por la Coordinación Estatal de los Comités en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional existe otra disputa que todavía no termina de colocarse abiertamente sobre la mesa.
La del relevo.
No solamente se está decidiendo quién tiene mejores números, quién moviliza más personas, quién posee mayor estructura o quién acumula más años recorriendo los caminos de la política sinaloense.
También se está comenzando a definir quiénes pueden conducir la siguiente etapa de la Cuarta Transformación.
Y ahí aparece un nombre que vale la pena observar con mayor detenimiento: Rodolfo Valenzuela Sánchez.
No porque hoy sea necesariamente el favorito. No porque tenga asegurado uno de los espacios finales.
Mucho menos porque exista una decisión tomada desde el centro del país. Sino porque representa una pregunta que Morena tarde o temprano tendrá que responder: ¿hasta cuándo los jóvenes serán solamente el relevo que viene y cuándo comenzarán a ser el relevo que llegó?
Ahí comienza esta historia.
Primero los palitos y las bolitas
Rodolfo Valenzuela tomó una decisión política importante. Su apuesta está en Morena. No está buscando utilizar al Partido Verde como una segunda puerta para llegar a la etapa definitiva. Ha colocado su participación dentro del proceso morenista y ahí pretende jugar sus cartas.
Eso modifica completamente la lectura sobre su proyecto. Porque significa que tendrá que competir directamente contra hombres con estructuras, relaciones políticas, experiencia y niveles de conocimiento importantes.
No tiene carretera alterna.Tiene que sobrevivir a la criba. Y ese probablemente sea su primer gran examen. Si Morena mantiene el esquema anunciado para seleccionar dos mujeres y dos hombres rumbo a la etapa definitiva, Valenzuela tendrá que colocarse entre los hombres mejor evaluados del movimiento.
No es una tarea sencilla. Pero precisamente por eso, si consigue hacerlo, el resultado tendría una lectura política mucho mayor.
Rodolfo no puede competir por quién tiene más pasado
Aquí está probablemente la primera decisión estratégica que debería entender su proyecto.
Rodolfo Valenzuela difícilmente puede ganar esta competencia intentando demostrar que tiene más historia política que quienes llevan décadas construyéndola.
No tendría sentido. Hay aspirantes con mayor trayectoria. Otros tienen mayor reconocimiento. Algunos poseen estructuras políticas construidas durante muchos años. Y otros han ocupado posiciones de enorme exposición pública. Entonces su batalla tiene que ser distinta.
Rodolfo no necesita demostrar que tiene más pasado. Necesita convencer de que puede tener más futuro. Parece una diferencia pequeña. No lo es. Porque cambia completamente la narrativa de su participación.
Renovación sin ruptura
Existe una palabra que suele provocar temor entre las generaciones políticas consolidadas: relevo.
Porque muchas veces se interpreta como desplazamiento. Como jubilación. Como la llegada de alguien que pretende borrar todo lo anterior para construir desde cero. Ese sería un error para Rodolfo Valenzuela. Su posibilidad está exactamente en lo contrario.
Renovación sin ruptura. No presentarse como el joven que viene a quitar a los viejos. Sino como integrante de una generación preparada para continuar lo construido. No enfrentarse con quienes levantaron la primera etapa de la Cuarta Transformación. Reconocerlos.
Pero al mismo tiempo plantear una realidad inevitable: ningún proyecto político puede sobrevivir si no forma a quienes deberán continuarlo.
Andrés Manuel López Obrador construyó una generación. Claudia Sheinbaum encabeza otra etapa. Y tarde o temprano esa segunda etapa necesitará nuevos cuadros en los estados. Y Sinaloa no será la excepción.
La 4T también envejece
Puede sonar incómodo. Pero es inevitable. Los movimientos políticos también envejecen. Los dirigentes envejecen. Las estructuras envejecen. Los discursos envejecen. Y los partidos que no entienden cuándo comenzar una renovación terminan enfrentando el relevo cuando ya es demasiado tarde.
Morena nació electoralmente como una fuerza que cuestionaba a las élites políticas tradicionales.
Pero después de años gobernando municipios, estados y el país, comienza a enfrentar un desafío diferente: evitar convertirse en aquello que alguna vez cuestionó.
Eso implica renovar cuadros. Abrir espacios.Permitir competencia.Y entender que los jóvenes no pueden permanecer eternamente cargando lonas, organizando asambleas, recorriendo colonias y defendiendo proyectos que siempre terminan encabezando los mismos.
En algún momento también tendrán que gobernar. Esa discusión está llegando.
Rodolfo quiere estar en esa conversación
Ahí puede encontrarse la verdadera oportunidad de Valenzuela. No necesariamente presentarse como el hombre que tiene que gobernar Sinaloa porque pertenece a una generación más joven.
Eso sería simplista. La juventud por sí misma no garantiza absolutamente nada. Ha habido jóvenes extraordinarios y jóvenes desastrosos en política. Lo que tendría que demostrar es otra cosa.
Que existe una nueva generación capaz de combinar formación, experiencia institucional, territorio, disciplina política y capacidad para gobernar. Rodolfo ya ha pasado por responsabilidades legislativas.
Ha presidido la Mesa Directiva del Congreso. Ha participado en tareas institucionales. Está recorriendo Sinaloa. Y ahora quiere competir. Entonces su desafío no consiste solamente en que la gente conozca su nombre.
Consiste en que comience a asociarlo con una idea: lo que sigue.
Pero Rodolfo no está solo
Y aquí el análisis se vuelve todavía más interesante. Porque hablar de relevo generacional no significa hablar únicamente de Rodolfo Valenzuela. Dentro del propio proceso existen otros cuadros que también pertenecen a generaciones políticas más recientes.
Omar López Campos.
Kristiam Alexis Espinoza García.
Jesús Alfonso Ibarra.
Estrella Palacios Domínguez.
Cada uno con circunstancias diferentes. Cada uno con relaciones distintas. Cada uno construyendo su propia narrativa. Entonces quizá lo que estamos observando no sea simplemente la aparición de un joven aspirante. Puede ser algo más profundo.
Una generación completa comenzando a tocar la puerta. Y Morena tendrá que decidir cuánto quiere abrirla.
El problema para los jóvenes es que el poder no se hereda
Aquí viene la parte complicada. Nadie les va a regalar nada. El relevo generacional suena extraordinariamente bien en los discursos hasta que llega el momento de repartir posiciones reales de poder.
Ahí desaparecen muchas simpatías. Porque una diputación puede negociarse. Una alcaldía puede acomodarse. Una dirigencia puede formar parte de un acuerdo.
Pero cuando hablamos de la conducción política del estado rumbo a una gubernatura, estamos hablando de otra cosa. Estamos hablando del poder. Y el poder rara vez se entrega voluntariamente.
Se construye. Se disputa. Se gana.
Por eso Rodolfo y los demás integrantes de esta generación tienen que demostrar que no solamente son jóvenes prometedores. Tienen que demostrar que pueden competir.
La encuesta será su primer juicio
Para Rodolfo Valenzuela, toda esta narrativa tendrá una prueba inmediata. Los números. Porque podemos hablar de renovación, futuro, generaciones y continuidad. Pero si no existe respaldo ciudadano suficiente, todo se queda en un discurso interesante.
La primera medición será brutalmente sencilla.
¿La gente lo conoce?
¿Lo identifica?
¿Tiene positivos?
¿Genera confianza?
¿Puede crecer?
¿Puede competir?
Y, fundamentalmente: ¿puede colocarse entre los hombres que Morena considere suficientemente competitivos para llegar a la siguiente etapa?
Si la respuesta es no, probablemente esta no sea todavía su elección. Pero eso tampoco significaría necesariamente una derrota política. Porque existe algo que los proyectos de largo plazo entienden muy bien: no todas las competencias se disputan únicamente para ganar hoy.
Algunas sirven para construir mañana.
2027 también puede ser 2033
Aquí está otra lectura. Quienes solamente están observando quién puede ser candidato a gobernador en 2027 quizá están viendo demasiado cerca. Morena también necesita construir su siguiente generación para 2030, 2033 y los procesos posteriores.
Necesita alcaldes. Legisladores. Senadores. Dirigentes. Funcionarios. Operadores. Y eventualmente gobernadores. Por eso este proceso puede convertirse en una enorme plataforma para quienes sepan aprovecharlo.
Si Rodolfo no alcanza la Coordinación, pero sale del proceso con mayor reconocimiento estatal, estructura territorial, relaciones políticas y una identidad propia, habrá avanzado. Si además consigue entrar entre los finalistas, habrá dado un salto mucho mayor.
Porque entonces dejaría de ser únicamente una promesa de futuro. Se convertiría en un competidor del presente.
Su discurso contra Malova comienza a tener otra lectura
Hace unos días Rodolfo Valenzuela endureció su discurso contra el gobierno que encabezó Mario López Valdez. Lo calificó como una etapa marcada por la simulación, la corrupción y la violencia, y cuestionó que personajes relacionados con aquella administración pretendan mantenerse vigentes políticamente.
Más allá de la confrontación específica, hay una lectura que resulta interesante. Valenzuela está intentando dibujar una frontera.
'Ellos representan el pasado. Nosotros debemos representar lo que sigue'.
Si mantiene esa estrategia, puede encontrar un espacio político interesante.Duro hacia afuera. Cuidadoso hacia adentro. Porque una cosa sería confrontar a los adversarios históricos de la 4T. Otra muy distinta comenzar una guerra contra sus propios compañeros.
Y en un proceso donde Morena ha colocado la unidad como condición fundamental, esa diferencia importa.Mucho.
No atacar a los mayores; convencerlos
Rodolfo tampoco necesita convertir la discusión generacional en una guerra de edades. Sería probablemente su peor error. Porque para llegar necesita también a quienes construyeron antes.
Necesita experiencia. Necesita estructuras. Necesita operadores. Necesita liderazgos municipales. Necesita gente que conoce elecciones mucho antes de que algunos de los nuevos cuadros comenzaran a participar en ellas.
Por eso el relevo inteligente no expulsa. Integra. No dice: “Ya váyanse”. Dice: “Ahora también déjennos construir”.
Esa diferencia puede determinar si una generación emergente provoca resistencia o comienza a generar aceptación.
¿Y Claudia Sheinbaum?
Aquí hay que caminar con cuidado. No existen elementos para afirmar que la presidenta Claudia Sheinbaum haya decidido impulsar a Rodolfo Valenzuela. Decirlo sin pruebas sería inventar una historia.
Pero sí existe una realidad política mucho más amplia. Sheinbaum necesita construir su propia generación de liderazgos. No para romper con el obradorismo.
Precisamente para darle continuidad. Un movimiento que depende eternamente de una sola generación termina teniendo problemas cuando esa generación comienza a retirarse.
Por eso el segundo piso de la Cuarta Transformación también tendrá que significar, tarde o temprano, un segundo piso de cuadros políticos.
Y ahí es donde Rodolfo debe intentar colocarse. No como “el candidato de Claudia”. Eso tendría que probarse.
Sino como un cuadro compatible con la generación política que deberá consolidarse durante el periodo de Sheinbaum.
Es diferente. Y políticamente puede ser mucho más importante.
Hay una batalla silenciosa dentro de Morena
Mientras todos observan las encuestas, existe otra competencia menos visible. La competencia por el futuro. Los liderazgos consolidados quieren conservar posiciones. Los grupos quieren mantener influencia.
Los aspirantes quieren ganar. Los aliados quieren espacios. Pero abajo viene una generación preguntándose cuándo llegará su turno. Y aquí Morena tiene una decisión delicada. Si abre demasiado rápido, puede provocar resistencias entre quienes construyeron el movimiento.
Si cierra completamente la puerta, puede terminar frustrando a quienes deberían sostenerlo durante los próximos diez o veinte años. Ese equilibrio no es exclusivo de Sinaloa. Pero aquí comienza a verse.
Rodolfo necesita demostrar que representa algo más que a Rodolfo
Este quizá sea su mayor desafío político. Para convertirse realmente en un referente generacional necesita dejar de representar únicamente una aspiración personal. Tiene que representar una causa política más amplia.
Tiene que lograr que otros jóvenes puedan verse reflejados en su proyecto. Que cuadros municipales encuentren espacio. Que profesionistas participen. Que nuevas estructuras se acerquen.
Que la generación que creció políticamente durante el obradorismo y ahora vive la etapa de Sheinbaum encuentre mecanismos para participar en las decisiones. Si consigue eso, cambia su dimensión.
Porque entonces ya no tendríamos a un joven buscando una candidatura. Tendríamos a una generación buscando representación. Y eso pesa mucho más.
La gran pregunta
Entonces hagamos nuevamente los palitos y las bolitas. Rodolfo Valenzuela tiene dos caminos. Puede convertirse en uno más de los aspirantes que participaron en el proceso de 2026 y no consiguieron llegar a la definición.
O puede utilizar esta competencia para convertirse en una de las figuras que representen el futuro de Morena en Sinaloa. Para lo segundo necesita números. Necesita territorio. Necesita discurso. Necesita estructura. Necesita paciencia.
Y necesita algo particularmente complicado: conseguir que quienes hoy tienen el poder comiencen a verlo no como una amenaza, sino como continuidad.
Ahí está su verdadera batalla.
El relevo no pide permiso eternamente
Todas las generaciones políticas creen durante algún tiempo que son indispensables. Hasta que llega otra. Ocurrió con el PRI. Ocurrió con el PAN. Ocurrió con las fuerzas políticas que los antecedieron.
Y también ocurrirá con Morena. La diferencia estará en cómo administre esa transición.Puede esperar hasta que los nuevos cuadros se cansen de tocar la puerta. O puede comenzar a construir una sucesión generacional ordenada.
Rodolfo Valenzuela quiere entrar en esa discusión. Todavía tendrá que demostrar si tiene tamaño político para hacerlo. La encuesta dará una primera respuesta.
Pero quizá el verdadero resultado de su participación no deba medirse únicamente preguntando si consiguió o no la Coordinación. Habrá que observar dónde queda parado después.
Porque si logra sobrevivir al filtro y colocarse entre los perfiles competitivos, la conversación cambiará.
Ya no será: “Rodolfo Valenzuela es uno de los jóvenes que vienen”.
Será: “Rodolfo Valenzuela ya está compitiendo con quienes están”.
Y cuando eso ocurre, el relevo deja de ser una promesa. Se convierte en una disputa por el poder.
Morena tendrá que decidir si abre la puerta. Rodolfo tendrá que demostrar que merece cruzarla.
Pero hay algo que comienza a quedar claro en Sinaloa: la generación que viene ya no parece dispuesta a esperar eternamente su turno.
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