Columna periodística Carlos Avendaño No estaban en campaña, sólo regalaban café. La imaginación de la clase política mexicana no tiene lími...
Columna periodística
Carlos Avendaño
No estaban en campaña, sólo regalaban café. La imaginación de la clase política mexicana no tiene límites. Cuando la ley prohíbe las campañas anticipadas, simplemente dejan de llamarlas campañas, y asunto resuelto. En estos últimos meses, varios personajes políticos de MORENA han solicitado licencia para buscar convertirse en los llamados “Coordinadores de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”, un nombre tan rebuscado como útil para evitar pronunciar la palabra que todos conocen: “candidatos”. Porque nadie está en campaña, sólo están coordinando, aunque la coincidencia resulta enternecedora. Durante meses comenzaron a multiplicarse los recorridos por las colonias, las reuniones con los simpatizantes, las fotografías con los ciudadanos, los saludos casa por casa y una generosidad que ni Santa Claus trae en diciembre. En todos estos eventos ha habido café gratis con pan, cobijas, juguetes, servicios médicos, volantes, carnes asadas, y, por supuesto, todo cuidadosamente adornado con el nombre, la fotografía y el rostro sonriente del benefactor. Qué casualidad, mire nada más, no era promoción personalizada, sino que era, seguramente, un extraordinario acto de filantropía. Porque resulta que decenas de personajes políticos descubrieron al mismo tiempo una inmensa vocación por regalar cosas, justo unos meses antes de registrarse para competir por una candidatura. Por eso es que la sincronía merece estudiarse. Lo más curioso es que durante todo este tiempo siguieron siendo senadores, diputados y presidentes, es decir, cobraban como funcionarios mientras construían su posicionamiento político rumbo a la siguiente elección. Y cuando finalmente llegó la convocatoria morenista, ¡sorpresa! solicitaron licencia. Como si toda la gira previa hubiera sido una simple coincidencia. La ley intenta impedir los actos anticipados de campaña, pero la política mexicana, en cambio, lleva décadas perfeccionando el arte de disfrazarlos. Ya no existen candidatos, ahora son coordinadores. Ya no existen campañas, ahora son recorridos informativos. Ya no existe propaganda, ahora son actividades de gestión. Ya no existen operadores políticos, ahora son promotores de la transformación. Vaya que el diccionario oficialista es una auténtica obra de creatividad. Mientras tanto, el ciudadano observa el espectáculo con una mezcla de resignación e ironía. Porque sabe perfectamente que cuando un político aparece regalando café, despensas, juguetes o cobijas, no está descubriendo de pronto una vocación humanitaria, sino que está sembrando reconocimiento de nombre, está construyendo estructura, está preparando una candidatura, y todos lo saben. Los partidos, las autoridades electorales, los propios aspirantes, y, sobre todo, los ciudadanos. La diferencia es que unos lo llaman campaña y otros prefieren llamarlo “coordinación”. Al final de cuentas, la pregunta no es si hubo promoción anticipada, sino que la verdadera pregunta es: ¿Si las autoridades electorales consideran que cambiarle el nombre a una campaña también cambia la realidad? Porque una carne asada con fines electorales, sigue siendo campaña, aunque la sazonen con el discurso de la transformación. Y mientras tanto el árbitro siga confundiendo el aroma del carbón con el perfume de la legalidad, la contienda continuará jugándose con reglas que parecen aplicarse sólo a quienes no visten los colores del poder -léase guinda-…
Ocho partidos ¿Y los mismos votantes? La política mexicana tiene una virtud extraordinaria: cuando los ciudadanos dicen que ya no creen en los partidos, aparecen más partidos. Con el registro de “Somos México” y del “Partido PAZ”, las boletas de 2027 tendrá ocho opciones más. En el papel, suena a democracia plural, pero en la práctica, todavía está por verse si habrá más alternativas reales o simplemente más logotipos compitiendo por el mismo electorado. El caso de “Somos México” resulta particularmente interesante, porque nace con el impulso de quienes participaron en la llamada: “Marea Rosa” y con la incorporación de ex militantes de distintos partidos, también de ex funcionarios electorales que durante años ocuparon posiciones técnicas y que ahora deciden dar el salto a la arena partidista, cosa que no deja de ser paradójico. Quienes durante décadas organizaron elecciones desde la imparcialidad institucional, ahora buscarán ganar elecciones desde la parcialidad natural que implica pertenecer a un partido político. No es ilegal, pero sí representa un cambio de papel que inevitablemente alimentará el debate público. Su reto tampoco será sencillo, porque no sólo deberán enfrentarse a MORENA y compañía, el partido que domina la escena nacional. También tendrán que competir con una oposición que lleva años intentando reconstruirse, es decir, “Somos México” no sólo buscará quitarle votos al oficialismo, sino que también tendrá que convencer a quienes tradicionalmente votan por el PAN, el PRI o Movimiento Ciudadano, de que existe una nueva opción con capacidad real de disputar el poder. Ahí comienza el verdadero desafío, porque fundar un partido es relativamente sencillo. Conseguir el registro quedó atrás, lo difícil será empezar a construir estructura, formar cuadros, presentar candidatos competitivos, financiar campañas, y, sobre todo, convencer a una ciudadanía cada vez más desconfiada de que no se trata de otro reciclaje político con nombre nuevo. Mientras tanto, el “Partido PAZ” también debutará en la contienda electoral, aunque ya muchos lo ubican como una fuerza cercana al oficialismo que actúa como actor independiente. Así las cosas, el tablero político de 2027 tendrá más jugadores, pero esto no significa necesariamente que cambie el resultado del partido. La gran incógnita es si estos nuevos institutos políticos llegarán para renovar la competencia democrática o simplemente para redistribuir los votos entre los mismos grupos de siempre. Porque en México, tenemos una curiosa costumbre, tan solo cambiamos siglas, estrenamos colores, inventamos nuevos eslóganes, registramos nuevos partidos, pero muchas veces los protagonistas terminan siendo exactamente los mismos de siempre. La pregunta realmente importa, ¿Estamos frente al nacimiento de una nueva oposición o simplemente ante una nueva franquicia de la vieja política con diferente envoltura? Los ciudadanos tendrán la última palabra, porque indudablemente el INE otorga registros, pero el único que concede legitimidad es el elector frente a la urna...
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
.png)

.jpeg)