Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga ¡Caer está permitido. Levantarse es obligatorio!, Proverbio ruso DE FRENTE Las elecciones se ganan co...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
¡Caer está permitido. Levantarse es obligatorio!, Proverbio ruso
DE FRENTE
Las elecciones se ganan con votos. Pero mucho antes de que aparezcan las boletas, las candidaturas se construyen con territorio. Con relaciones. Con presencia. Con gente que conoce gente. Con liderazgos capaces de abrir puertas donde otros apenas comienzan a preguntar cómo llegar. Y precisamente ahí puede encontrarse la principal fortaleza, pero también la gran interrogante, de Omar López Campos.
Porque Omar conoce Sinaloa. Lo ha recorrido desde diferentes responsabilidades públicas, particularmente desde una posición privilegiada para entender la geografía social del estado: Bienestar. Conoce comunidades. Sindicaturas. Ejidos. Campos pesqueros. Zonas agrícolas. Sabe dónde están muchas de las necesidades y seguramente también conoce a quienes durante años han servido como enlaces entre las instituciones y los ciudadanos. Pero ahora que quiere encabezar la Coordinación Estatal de los Comités en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, todo aquello deberá pasar por una prueba mucho más complicada.
Omar conoce el territorio. Falta saber cuánto del territorio reconoce políticamente a Omar.
Ahí está la diferencia. Y ahí puede estar su candidatura.
La ventaja que no aparece inmediatamente en las encuestas
Cuando comenzaron a acomodarse los nombres dentro del proceso de Morena, Omar López Campos probablemente no apareció para muchos como el aspirante más evidente. Hay personajes con mayor exposición mediática. Otros tienen décadas participando en política. Algunos gobiernan municipios importantes. Otros han ocupado espacios nacionales. Y algunos poseen apellidos o trayectorias que prácticamente no necesitan presentación.
Omar tiene otra cosa. Kilómetros. Muchos.
Su paso por la Delegación de los Programas para el Bienestar y posteriormente por la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable le permitió recorrer un Sinaloa que muchas veces solamente se vuelve importante para los políticos cuando comienza una elección. Ese Sinaloa alejado de las oficinas climatizadas. El de las comunidades rurales. El de los adultos mayores. El de los productores. El de los campos pesqueros. El de las familias que esperan una solución y no un discurso.
Eso explica probablemente por qué, cuando se registró, utilizó una frase que podría convertirse en la definición completa de su proyecto:
“Me conocen en tierra”. Ahora tendrá que demostrarlo.
Porque Bienestar no es una estructura electoral
Aquí hay que tener muchísimo cuidado.
Sería un error considerar que haber encabezado los programas de Bienestar significa automáticamente disponer políticamente de quienes reciben esos apoyos. Los programas sociales son derechos. No favores. Los beneficiarios no pertenecen a ningún funcionario. Mucho menos están obligados políticamente con quien circunstancialmente ocupó una responsabilidad administrativa.
Pero existe algo que sí permanece después de abandonar el cargo. El conocimiento.
Omar sabe cómo se mueve buena parte del territorio sinaloense porque estuvo ahí. Conoce liderazgos. Conoce problemáticas. Conoce regiones. Entiende que las necesidades de Choix no son necesariamente las mismas de Mazatlán. Que Navolato tiene otra dinámica. Que los campos pesqueros tienen sus propios problemas. Que el norte agrícola y la sierra hablan lenguajes diferentes.
Eso sí es capital político.
Pero el capital político solamente sirve cuando puede convertirse en confianza.
Y después en votos.
Todos descubrieron el territorio
Hay algo curioso en los procesos internos. De pronto todos caminan.
Todos visitan mercados. Todos entran a las colonias. Todos descubren los ejidos. Todos abrazan comerciantes. Todos escuchan productores. Todos se toman fotografías con pescadores. Todos organizan asambleas y todos aseguran que la política debe hacerse cerca de la gente.
No está mal. El problema es que el territorio tiene memoria. Y distingue perfectamente entre quien llegó cuando comenzó la competencia y quien ya había estado antes.
Ahí Omar puede tener una ventaja. Él puede argumentar que no comenzó a conocer Sinaloa cuando levantó la mano para buscar la Coordinación. Su relación con muchas comunidades viene de antes.
Pero incluso eso será insuficiente. Porque una cosa es haber estado. Otra es haber dejado huella.
El verdadero examen será cuando Omar no esté
Una estructura política no se mide por cuánta gente consigues reunir cuando llegas a una comunidad. Se mide por lo que ocurre cuando te vas.
¿Quién permanece?
¿Quién continúa hablando contigo?
¿Quién reproduce tu mensaje?
¿Quién organiza?
¿Quién convence?
¿Quién está dispuesto a poner su prestigio local detrás de tu proyecto?
Ahí comienza la verdadera estructura.
Porque llenar una reunión puede conseguirse. Construir territorio es mucho más complicado.
Y esa será una de las cosas que tendremos que observar alrededor de Omar López Campos durante las próximas semanas. Si sus recorridos solamente están produciendo fotografías o si debajo de ellos está creciendo una red política.
Si existe lo segundo, cuidado. Porque entonces Omar puede convertirse en un aspirante mucho más competitivo de lo que algunos están calculando.
Pero hay un elefante en la habitación
Y se llama grupo político.
Omar López no llega a esta competencia completamente solo ni políticamente aislado. Ha formado parte del Gobierno del Estado. Encabezó SEBIDES. Es suplente de Enrique Inzunza en el Senado. Ha convivido y trabajado dentro de una estructura de poder perfectamente identificable en Sinaloa.
Eso no constituye por sí mismo ningún pecado político. Todos tienen relaciones. Todos tienen grupos. Todos tienen aliados. El problema comienza cuando un aspirante no consigue demostrar dónde termina el grupo y dónde comienza él.
Esa será otra de las grandes pruebas para Omar.
Porque si durante todo el proceso permanece identificado únicamente como una pieza de determinado grupo político, tendrá dificultades para crecer fuera de ese perímetro. Pero si consigue construir relaciones propias, sumar liderazgos diferentes y desarrollar una identidad independiente, entonces habrá comenzado a transformarse.
De cuadro político a proyecto político. Parece lo mismo. Tampoco lo es.
¿De quién es Omar?
Esa pregunta seguramente comenzará a escucharse.
¿Es de Enrique Inzunza?
¿Es del grupo gobernante?
¿Es una carta para conservar determinada posición dentro de la sucesión?
¿O realmente está construyendo una candidatura propia?
No tenemos elementos para afirmar ninguna de esas hipótesis como una decisión tomada. Hacerlo sería especular.
Pero las preguntas existen.
Y Omar tendrá que responderlas.
No mediante entrevistas.
Con política.
Cuando comiencen a aparecer alrededor suyo personajes que no pertenecen necesariamente al mismo grupo. Cuando consiga sumar estructuras diferentes. Cuando tenga interlocución propia. Cuando sus números comiencen a hablar por él.
Entonces la pregunta dejará de ser:
¿Quién está detrás de Omar?
Y comenzará otra mucho más importante:
¿Quiénes están con Omar?
Ese cambio puede definir una candidatura.
“O coordino o me sumo”
Hay otra frase de Omar que me parece políticamente inteligente. “O coordino o me sumo”. En cinco palabras consiguió resolver públicamente algo que a Morena le preocupa muchísimo.
La unidad. Está diciendo: quiero ganar, voy a competir, pero si los ciudadanos y el partido determinan otra cosa, permaneceré aquí. Eso tiene valor. Especialmente cuando existen tantos aspirantes.
Porque todos hablan de unidad cuando creen que pueden ganar. La verdadera prueba llega cuando aparecen los resultados. Ahí descubriremos quién entendía la unidad como principio y quién la entendía solamente como una condición para que los demás lo apoyaran.
Omar ya dejó empeñada su palabra. Si gana, coordina. Si pierde, se suma. Habrá que recordarlo cuando llegue el momento.
Omar tiene que encontrar su propia palabra
Cada aspirante necesita construir una identidad. No pueden decir todos exactamente lo mismo.
Si Ricardo Madrid puede encontrar una narrativa alrededor de los acuerdos y el peso del Verde dentro de la alianza, y Rodolfo Valenzuela puede intentar colocarse dentro de la discusión del relevo generacional, Omar necesita apropiarse de un concepto que naturalmente corresponde a su trayectoria.
Territorio. Pero no como eslogan. Tiene que demostrarlo.
Si realmente existe una red construida durante sus años de trabajo público, este es el momento de que aparezca. No mediante servidores públicos. No utilizando programas. No confundiendo gobierno con partido.
Mediante relaciones políticas legítimas. Personas que lo conozcan. Personas que crean en él. Personas que puedan decir: Omar estuvo aquí antes de necesitar nuestro apoyo. Esa frase vale muchísimo en política.
El norte puede ser fundamental
También debemos observar geográficamente dónde consigue crecer. Omar necesita evitar convertirse en un aspirante de nicho.
Tiene que demostrar presencia en el norte, centro y sur. Pero particularmente su trabajo en municipios como Ahome, Choix y otras regiones del norte puede comenzar a construirle una base diferenciada.
Después tendrá que bajar. Guasave.Salvador Alvarado. Culiacán. Navolato. Elota. Mazatlán. Rosario. Escuinapa.
Una candidatura estatal no se construye con un municipio. Mucho menos con una sola región. Y ahí aparece nuevamente su experiencia territorial como ventaja potencial. Ya conoce el camino.
Ahora tiene que conseguir que el camino lo lleve a alguna parte.
La gran diferencia entre operador y candidato
Omar también enfrenta una transformación personal. Durante años pudo ser visto como funcionario, operador, delegado, secretario. Ahora quiere ser candidato. Y son actividades completamente diferentes.
El operador trabaja para que otro proyecto funcione. El funcionario ejecuta políticas públicas. El candidato tiene que conseguir que la gente crea en él.
Tiene que hablar. Tiene que emocionar. Tiene que generar identidad. Tiene que transmitir una razón por la cual alguien debería preferirlo sobre los demás.
Ese salto no siempre ocurre.
Hay extraordinarios operadores que nunca consiguieron convertirse en candidatos competitivos. Hay magníficos funcionarios que jamás generaron conexión electoral. Y también existen personajes que encontraron precisamente en una competencia la oportunidad para construir una personalidad política que antes no tenían.
Omar está entrando en esa prueba.
Tiene que dejar de ser “el ex”
El exdelegado. El exsecretario. El senador suplente. Todas esas referencias sirven para explicar de dónde viene. Pero ninguna sirve para explicar hacia dónde quiere ir. Ese es otro reto.
En algún momento Omar necesita dejar de ser presentado por los cargos que ocupó y comenzar a ser identificado por el proyecto que representa.
Cuando eso ocurra habrá dado un paso enorme.
Porque significará que construyó marca política propia.
Y ese quizá sea uno de los desafíos más complicados para todos los aspirantes que durante años crecieron dentro de estructuras encabezadas por alguien más.
Llegado determinado momento tienes que salir.
Y caminar solo.
Los números pondrán a todos en su lugar
Después de todas las asambleas, fotografías, discursos, reuniones y recorridos llegará una encuesta.
Y entonces comenzará la crueldad. Porque la encuesta no sabe de esfuerzos. No sabe cuántos kilómetros manejaste. No sabe cuántas reuniones realizaste. No sabe cuántas personas te dijeron personalmente que eras el mejor. Solamente mide.
¿Lo conoce?
Sí.
No.
¿Qué opinión tiene?
¿Votaría por él?
¿Puede ganar?
Ahí terminan muchas fantasías políticas. Y también comienzan algunas sorpresas. Omar necesita estar entre las sorpresas.
Si entra entre los dos, cambia todo
Supongamos que Omar consigue superar la primera medición y aparece entre los hombres que Morena llevará a la etapa definitiva. Entonces habrá que cambiar completamente la lectura. Porque significará que su estrategia territorial funcionó.
Que existe reconocimiento. Que tiene positivos. Que puede competir. Y, sobre todo, que aquel funcionario que durante años recorrió Sinaloa desde Bienestar consiguió convertir una parte de esa experiencia en capital político.
Entonces ya no importará demasiado quién lo impulsó originalmente. Porque los números comenzarán a darle autonomía. En política ocurre algo curioso. Mientras no tienes votos, todos quieren decir de quién eres. Cuando comienzas a tenerlos, empiezan a preguntar cómo acercarse.
Pero si no entra, tampoco necesariamente termina
Existe también el escenario contrario. Que los números no alcancen. Que el reconocimiento todavía sea insuficiente. Que otros perfiles aparezcan arriba. Eso tampoco necesariamente significaría el final de Omar López Campos.
Podría significar simplemente que llegó antes de tiempo. Porque esta competencia también está construyendo posiciones para el futuro. Quien salga con mayor conocimiento, estructura territorial y relaciones puede tener opciones en otros espacios.
2027 no termina en la gubernatura. Hay alcaldías. Diputaciones. Espacios federales. Responsabilidades partidistas. Y después vendrán otras elecciones.
Los políticos que solamente entienden una competencia como ganar o desaparecer suelen tener carreras bastante cortas.
Los que saben acumular capital entienden otra cosa. A veces perder una candidatura puede ayudarte a construir la siguiente.
El territorio no pertenece a nadie
Y aquí llegamos al punto central. Omar López Campos tiene razones para hablar de territorio. Lo conoce. Lo ha recorrido. Ha trabajado desde áreas relacionadas directamente con las necesidades sociales.
Pero el territorio no pertenece a quien lo administra. Tampoco a quien lo visita. Ni siquiera a quien lleva años recorriéndolo. El territorio pertenece a la gente. Y solamente presta políticamente su confianza.
A veces durante una elección. A veces durante varias. Después puede retirarla. Por eso Omar no puede reclamar el territorio como herencia de su paso por Bienestar.
Tiene que conquistarlo nuevamente. Ahora como aspirante. Ahora con su nombre. Ahora sin el cargo.
Ahora sin la estructura institucional. Ahora solamente con política.
Ahí vamos a conocer realmente a Omar
Quizá por eso este proceso sea mucho más importante para Omar López Campos que simplemente conseguir una Coordinación.
Vamos a descubrir qué quedó después de los cargos.
Qué relaciones permanecieron. Qué reconocimiento construyó. Qué capacidad tiene para convocar sin ser funcionario. Qué tanto puede crecer sin depender de una estructura gubernamental.
Y qué tan preparado está para convertirse en cabeza de su propio grupo.
Esa es la verdadera prueba. Porque funcionarios hay muchos. Operadores también.
Proyectos políticos propios, muy pocos.
Omar tiene frente a sí la oportunidad de demostrar si puede convertirse en uno. Y para hacerlo tendrá que responder una pregunta extremadamente sencilla. La misma que probablemente responderá la encuesta.
Omar López Campos conoce el territorio.
Eso ya lo sabemos. Ahora falta saber algo mucho más importante: ¿el territorio ya reconoce a Omar?
Si la respuesta es sí, cuidado.
Porque entonces no estaremos hablando solamente del hombre que recorrió Sinaloa desde Bienestar.
Estaremos hablando de alguien que convirtió aquellos kilómetros en capital político.
Y en una competencia tan abierta como la que hoy vive Morena, tener territorio puede terminar valiendo mucho más que tener solamente nombre.
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