Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “La seguridad de saberme capaz para algo mejor, me puso en las manos de la postergación, que al ...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“La seguridad de
saberme capaz para algo mejor, me puso en las manos de la postergación, que al
fin de cuentas es una arma terrible y suicida”, Mario Benedetti (1920-2009)
Escritor y poeta uruguayo.
ENFOQUES
Durante mucho
tiempo, la conversación en torno a la Universidad Autónoma de Sinaloa estuvo
marcada por los litigios, la confrontación política, la incertidumbre
financiera y el debate sobre su gobernabilidad. Hoy, el discurso institucional
parece haber cambiado de rumbo. La estrategia es clara: colocar nuevamente a la
academia en el centro de la discusión.
La más reciente
sesión del Consejo Universitario no solo sirvió para aprobar nuevos programas
de posgrado, un Centro de Inteligencia Artificial Aplicada e Innovación
Tecnológica y el calendario escolar del próximo ciclo. También representó un
ejercicio de comunicación política donde la Universidad buscó enviar un mensaje
preciso a la comunidad universitaria, a los gobiernos y a la sociedad: pese a
las dificultades económicas, la institución sigue produciendo resultados.
No es un mensaje
menor.
Mientras el
rector Jesús Madueña Molina hablaba de reconocimientos internacionales,
acreditaciones, investigación científica y movilidad estudiantil, también
informaba sobre las gestiones para garantizar el pago de salarios y
prestaciones. Dos temas que, lejos de ser contradictorios, terminan por
complementarse.
La narrativa
cambió. Ya no se trata únicamente de pedir recursos porque hacen falta. Ahora
el argumento es distinto: la Universidad cumple con indicadores nacionales,
mantiene liderazgo académico y atiende una de las matrículas más grandes del
país; por ello, sostiene que merece el respaldo financiero suficiente para
continuar operando.
Es una
diferencia importante.
La gestión de
recursos deja de ser presentada como una urgencia administrativa para
convertirse en una defensa del papel estratégico que desempeña la institución
en la educación superior de Sinaloa y del país.
Los datos
presentados durante la sesión fortalecen esa narrativa. Una estudiante de
Medicina que obtiene un premio internacional y viajará a Harvard;
investigadores colaborando en proyectos científicos en Japón; liderazgo
nacional en programas acreditados por los Comités Interinstitucionales para la
Evaluación de la Educación Superior; cientos de jóvenes participando en
programas de investigación en México y el extranjero; además de la
incorporación de herramientas de inteligencia artificial y el fortalecimiento
de la educación bimodal.
Todo ello
construye un mensaje que busca reposicionar la imagen de la Universidad.
Sin embargo, el
reconocimiento académico no elimina los desafíos financieros.
La propia
institución reconoce que sigue dependiendo de las gestiones ante la Federación
para cubrir compromisos laborales. El anuncio del pago de la primera quincena
de julio trae tranquilidad a miles de trabajadores, pero también deja claro que
la estabilidad financiera aún no está plenamente garantizada.
En ese contexto
cobra relevancia el agradecimiento público del rector a la presidenta Claudia
Sheinbaum Pardo y a la Secretaría de Hacienda por el respaldo brindado. Más que
un simple gesto protocolario, representa el reconocimiento de que la viabilidad
presupuestal de la Universidad continúa estrechamente vinculada a la voluntad
política del Gobierno Federal.
La realidad
obliga a mantener ese equilibrio.
Por un lado, una
Universidad que demuestra capacidad académica, innovación y formación de
capital humano; por otro, una institución que todavía enfrenta limitaciones
presupuestales que dificultan planificar con la certeza que requiere una casa
de estudios de esta magnitud.
El cierre del
ciclo escolar deja una lectura interesante. La UAS parece haber entendido que
su mejor defensa ya no pasa exclusivamente por el discurso político, sino por
la exhibición de resultados medibles, acreditaciones, investigación científica
y reconocimiento internacional.
Es una
estrategia inteligente.
En tiempos donde
las universidades públicas son observadas con mayor rigor en el uso de los
recursos públicos, demostrar productividad académica puede convertirse en el
argumento más sólido para defender el financiamiento institucional.
La educación
superior no puede medirse únicamente por estados financieros, pero tampoco
puede sostenerse únicamente con prestigio académico. Ambas dimensiones son
indispensables y deben avanzar de manera paralela.
La Universidad
Autónoma de Sinaloa intenta precisamente construir ese equilibrio: mantener el
liderazgo educativo mientras resuelve los retos económicos que aún persisten.
El verdadero
desafío comenzará después del periodo vacacional. Entonces se pondrá a prueba
si los compromisos financieros se consolidan, si la modernización tecnológica
continúa, si los nuevos programas académicos generan el impacto esperado y,
sobre todo, si la institución logra convertir esta nueva narrativa en una
estabilidad duradera.
Porque, al
final, las universidades no se fortalecen únicamente con discursos ni con
presupuestos; se consolidan cuando ambos caminan en la misma dirección. Y ese
será, probablemente, el mayor reto que enfrentará la UAS en los meses por
venir.
ACUERDOS
Hablar del
transporte público en Mazatlán es hablar de uno de los servicios que más
impactan la vida diaria de la población. Miles de personas dependen de él para
llegar a sus trabajos, escuelas o actividades cotidianas, por lo que cualquier
esfuerzo para mejorar su operación merece atención.
La instalación
de una mesa de trabajo permanente entre el Ayuntamiento y la Alianza de
Camioneros representa una señal positiva. No porque resuelva de inmediato los
problemas, sino porque reconoce que la movilidad urbana requiere coordinación y
diálogo, no decisiones unilaterales.
El reto, sin
embargo, va más allá de reunirse. Los usuarios esperan resultados concretos:
mejores unidades, rutas más eficientes, mayor puntualidad y un servicio que
responda al crecimiento acelerado de Mazatlán.
Es cierto que el
sector ha dado pasos importantes en materia de seguridad, como la instalación
de cámaras conectadas al C4 y el uso de plataformas digitales para la atención
de los pasajeros. Son avances que generan mayor confianza, pero todavía
insuficientes para responder a todas las necesidades del sistema.
La movilidad de
una ciudad no se mide por el número de reuniones entre autoridades y
concesionarios, sino por la experiencia de quienes todos los días esperan un
camión bajo el sol o recorren largas distancias para llegar a su destino.
La mesa de
trabajo ya está instalada. Ahora viene la parte más importante: convertir el
diálogo en acciones. Porque el transporte público no necesita más promesas;
necesita resultados que los ciudadanos puedan percibir desde la próxima parada
de autobús.
ACCIONES
as cifras son
contundentes: más de mil 742 millones de pesos destinados a 203 obras en los 20
municipios de Sinaloa. Carreteras, vialidades, drenajes, agua potable, espacios
deportivos y obras urbanas conforman el llamado Plan Sinaloa, una estrategia
con la que el Gobierno del Estado busca responder a necesidades que durante
años permanecieron rezagadas.
La inversión,
por sí misma, es relevante. Sin embargo, el verdadero éxito del programa no se
medirá por el monto ejercido ni por el número de proyectos anunciados, sino por
el impacto que estas obras tengan en la vida cotidiana de los sinaloenses.
Hay señales
positivas. La atención a problemas históricos de drenaje en municipios como
Navolato y Juan José Ríos, la modernización de vialidades y el avance del
Malecón Margen Izquierda en Culiacán muestran que existe una ruta de trabajo
definida. Pero también generan una expectativa que deberá cumplirse en tiempo y
forma.
Las obras
públicas tienen un valor que va más allá del concreto y el asfalto. Representan
competitividad, desarrollo económico y una mejor calidad de vida. Una carretera
conecta comunidades; un sistema de drenaje previene problemas sanitarios; una
vialidad eficiente reduce tiempos y costos para miles de personas.
El desafío para
el Gobierno del Estado será mantener el ritmo de ejecución y demostrar que esta
inversión no solo se refleja en estadísticas, sino en beneficios tangibles para
la población. Porque, al final, las mejores obras no son las que se anuncian, sino
las que los ciudadanos utilizan y reconocen como parte de una transformación
real.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
Facebook,Instagram,
X: PeriodistaMarco
.png)

