Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Si algo he aprendido en la vida es a no perder el tiempo intentando cambiar el modo de ser del ...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Si algo he
aprendido en la vida es a no perder el tiempo intentando cambiar el modo de ser
del prójimo”, Carmen Martín Gaite (1925-2000) Novelista española..
ESPALDARAZO
La política
tiene una particularidad que pocas veces falla: los mensajes importantes no
siempre se encuentran en los anuncios formales, sino en las palabras que se
pronuncian, los personajes que las respaldan y el momento elegido para hacerlas
públicas. Y lo ocurrido en la sindicatura de Pericos, donde el dirigente
estatal del Partido Verde Ecologista de México, Ricardo Madrid Pérez, expresó
su respaldo a Óscar Camacho Rodríguez, merece una lectura que va mucho más allá
de una reunión entre militantes y simpatizantes.
Porque en
política respaldar a alguien es una decisión. Pero hacerlo públicamente,
atribuyendo ese respaldo a una determinación de la dirigencia nacional,
representa un mensaje que también alcanza a los aliados.
Y en Mocorito,
rumbo a 2027, ese mensaje tiene destinatarios.
Ricardo Madrid
no acudió solamente a reconocer el trabajo de Óscar Camacho. Sus declaraciones
colocaron al dirigente estatal como portavoz de una posición partidista que,
según aseguró, cuenta con el acompañamiento de la estructura nacional del
Verde.
“Hay una
determinación clara y contundente de la dirigencia nacional. Estamos
convencidos que vemos en Óscar Camacho al perfil que Mocorito necesita para
salir adelante”, expresó.
La afirmación
tiene relevancia porque introduce un elemento que suele adquirir importancia
durante los procesos de negociación electoral: el respaldo de las dirigencias.
Una aspiración
personal puede sostenerse mediante recorridos, reuniones y presencia
territorial. Sin embargo, cuando una dirigencia estatal asegura que existe una
determinación nacional para acompañarla, la discusión comienza a desplazarse
hacia el terreno de los acuerdos partidistas.
Eso no convierte
automáticamente a Camacho en candidato. Tampoco significa que exista una
decisión sobre quién encabezará una eventual coalición con Morena y el Partido
del Trabajo. Pero sí establece públicamente la posición que Ricardo Madrid
atribuye al Partido Verde. Y esa diferencia resulta fundamental.
Durante los
últimos procesos electorales, las alianzas entre Morena, el Verde y el PT han
permitido construir acuerdos en distintas regiones del país. Sin embargo,
compartir una coalición no significa que las organizaciones renuncien a sus
intereses, procedimientos internos o aspiraciones municipales.
Cada partido
conserva su estructura y busca fortalecer su presencia territorial.
Por eso, lo
ocurrido en Pericos puede interpretarse como parte de una etapa de
posicionamiento en la que los aliados comienzan a presentar sus propios
perfiles antes de que se definan los mecanismos para seleccionar candidaturas
comunes.
No
necesariamente representa una confrontación.
Pero tampoco es
un movimiento que deba analizarse de manera aislada.
En Mazatlán, el
Partido Verde incorporó al expresidente municipal Fernando Pucheta Sánchez,
mientras el Partido del Trabajo expresó su respaldo político a María Joseé
Salazar Reyes. Ahora, en Mocorito, la dirigencia verde hace público su
acompañamiento a Óscar Camacho.
Son escenarios
municipales diferentes, con personajes y circunstancias distintas, pero
comparten un elemento: los partidos aliados de Morena están mostrando sus
propias cartas dentro de la discusión política de 2027.
Y aquí comienza
la interrogante de fondo. ¿Se trata de
aspiraciones construidas para competir dentro de los procedimientos que
eventualmente acuerden las fuerzas políticas o de posiciones que buscan
fortalecer la capacidad de negociación de cada partido? No existe todavía
información suficiente para establecer una respuesta definitiva.
Sin embargo, los
movimientos permiten observar que las dirigencias partidistas comienzan a
asumir un papel más visible en la configuración del escenario municipal.
Porque una cosa
es que una persona manifieste su intención de participar y otra que la
dirigencia de su partido cierre filas públicamente alrededor de ella.
En Pericos
ocurrió lo segundo. Ricardo Madrid aseguró que Óscar Camacho contará con el
acompañamiento de la estructura verde y destacó la organización de quienes
participaron en el encuentro.
“Hoy el Partido
Verde cierra filas desde Pericos y desde Mocorito con nuestro amigo Óscar
Camacho”, manifestó. La expresión resulta significativa porque traslada el
respaldo del terreno individual al institucional, al menos en el discurso
público de la dirigencia estatal. Y también plantea una responsabilidad.
Cuando un
partido presenta a determinado perfil como su propuesta política, adquiere la
obligación de explicar qué representa esa persona, cuáles son sus
planteamientos para el municipio y de qué manera pretende responder a las
necesidades de la población.
Porque el
respaldo de una dirigencia puede fortalecer una aspiración dentro de una
estructura partidista, pero no sustituye la discusión sobre los problemas
públicos.
Mocorito
necesita que la competencia política incorpore propuestas relacionadas con sus
comunidades rurales, la infraestructura, los servicios públicos, las
actividades productivas y las oportunidades de desarrollo.
Esos asuntos no
desaparecen por la intensidad de una asamblea ni por las expresiones de
respaldo que reciba un aspirante. Y ahí
se encuentra otra dimensión del mensaje de Madrid.
El dirigente
habló de resultados, trabajo y organización. Son argumentos políticos que
deberán contrastarse con la trayectoria y las propuestas concretas de Camacho
conforme avance el proceso.
La presencia de
simpatizantes constituye una expresión de organización, pero no puede
interpretarse automáticamente como una medición de las preferencias de todo el
municipio. Tampoco el respaldo de una dirigencia nacional, aun cuando se
formalice, equivale al respaldo electoral de la ciudadanía. Son niveles
distintos de legitimidad.
Y confundirlos
puede provocar expectativas que los propios procedimientos partidistas todavía
no han resuelto. Pero el caso de Óscar Camacho tiene un antecedente que ayuda a
comprender mejor el movimiento.
En marzo de
2025, el entonces dirigente municipal del PRI se incorporó al Partido Verde,
cuando ya desempeñaba funciones como regidor de Mocorito. Su llegada fue
presentada por Ricardo Madrid como parte del fortalecimiento de la estructura
partidista en la región del Évora. Ese
pasado político introduce una cuestión interesante.
El crecimiento
del Verde en Sinaloa también se está construyendo mediante la incorporación de
cuadros procedentes de otras organizaciones. No se trata exclusivamente de
formar nuevos liderazgos, sino de integrar experiencias, relaciones
territoriales y estructuras previamente desarrolladas.
Es una
estrategia que puede fortalecer la organización de un partido, aunque también
abre preguntas sobre la identidad política que pretende construir y los
compromisos que asumen quienes llegan desde otras fuerzas.
En el caso de
Camacho, su trayectoria priista forma parte de su historia pública. Su
participación actual corresponde al Partido Verde y será desde esa organización
donde tendrá que explicar sus propuestas y responder por sus decisiones.
El antecedente
adquiere relevancia porque las alianzas electorales no solamente reúnen
partidos. También incorporan trayectorias políticas distintas, algunas de ellas
construidas anteriormente desde posiciones que hoy forman parte de la
oposición.
Y eso obliga a
observar cómo se procesan esas diferencias dentro de un proyecto común. Hay
además un dato que permite dimensionar el trabajo organizativo del Verde en
Mocorito.
En septiembre,
Ricardo Madrid informó que el partido contaba con presencia en 109 secciones
electorales y 27 coordinadores de sección en el municipio. Son cifras
declaradas por la dirigencia, que muestran la estructura con la cual asegura
estar trabajando, aunque no constituyen una medición de intención de voto.
Ese elemento
ayuda a entender por qué el respaldo de Pericos no surgió de manera aislada. Existe
un trabajo partidista previo y una aspiración que el propio Camacho hizo
pública el 20 de octubre, cuando reconoció su interés en buscar la presidencia
municipal, pero aclaró que esperaría la convocatoria correspondiente. También
manifestó su disposición a respetar la decisión de las dirigencias sobre
competir en
Por tanto, la
declaración de Ricardo Madrid representa un paso adicional en una secuencia
política que ya venía desarrollándose.
Primero, la
incorporación de Camacho al Verde. Después, el fortalecimiento de la estructura
territorial. Posteriormente, la manifestación pública de sus aspiraciones. Y
ahora, el respaldo de la dirigencia estatal, atribuido también a la nacional.
Lo que todavía
falta es la definición formal. Y ahí aparece Morena. La organización encabezada en Sinaloa por
Imelda Castro atraviesa su propio proceso de construcción territorial y
definición de coordinaciones municipales. Sus procedimientos no son
automáticamente equivalentes a los que desarrolla el Partido Verde. Esa
diferencia tendrá que resolverse mediante acuerdos si ambas organizaciones
deciden presentar candidaturas comunes.
Porque el
respaldo que recibe Camacho dentro del Verde no obliga a Morena a reconocerlo
como candidato de una eventual coalición. Del mismo modo, las decisiones
internas de Morena no sustituyen por sí solas los procedimientos que correspondan
a sus aliados.
La negociación,
en consecuencia, deberá establecer reglas, tiempos y mecanismos aceptados por
las partes. Y este punto es particularmente importante.
El Partido Verde
ha expresado su intención de mantener la alianza, pero también ha reconocido
que cuenta con perfiles propios y que las definiciones electorales todavía
están pendientes. Ricardo Madrid ha sostenido públicamente esa posición en
otros municipios de Sinaloa.
Por ello, el
movimiento en Mocorito puede entenderse dentro de una estrategia estatal más
amplia, aunque cada municipio tendrá condiciones políticas diferentes.
La interrogante
es cuánto espacio tendrán esas propuestas en las negociaciones que se
desarrollen rumbo a 2027.
Porque una
alianza electoral no consiste únicamente en sumar emblemas a una boleta.
También implica resolver diferencias, distribuir responsabilidades y construir
acuerdos sobre las candidaturas.
Y mientras esas
decisiones no se formalicen, cualquier respaldo partidista debe entenderse
dentro de sus propios alcances.
En Pericos,
Ricardo Madrid colocó públicamente al Partido Verde detrás de Óscar Camacho.
Ese es el hecho político.
Lo que todavía
no existe es una definición sobre quién representará a una eventual coalición
en Mocorito. Y conviene mantener clara esa frontera.
Porque en los
próximos meses veremos más reuniones, declaraciones, respaldos y aspiraciones
en distintos municipios de Sinaloa. Cada movimiento tendrá su propia
interpretación, pero ninguno debería confundirse anticipadamente con una
candidatura definitiva.
La política
municipal comienza a mostrar que los aliados de Morena también tienen
estructuras, aspirantes y decisiones propias.
El reto será
determinar cómo pueden convivir esas aspiraciones dentro de un acuerdo
electoral común, sin que los procedimientos internos de una organización se
impongan automáticamente sobre los de las demás.
Al final, Óscar
Camacho tiene hoy el respaldo público de Ricardo Madrid y la promesa de
acompañamiento que el dirigente atribuye a la estructura nacional del Verde. Eso
representa una posición política. La candidatura será otra discusión.
Y quizá esa sea
la verdadera lectura de lo ocurrido en Pericos: el Partido Verde está dejando
constancia de sus aspiraciones antes de que comiencen las definiciones
electorales.
Porque en
política, llegar a una negociación con un nombre propio no garantiza obtener la
candidatura, pero sí permite establecer qué pretende cada organización y sobre
qué bases está dispuesta a construir acuerdos.
Y en Mocorito,
como en otros municipios de Sinaloa, la pregunta que terminará por definir el
rumbo de los aliados no será solamente quién tiene aspiraciones.
Será quién
establece las reglas, quién participa en las decisiones y qué sucede cuando dos
o más partidos consideran que tienen derecho a encabezar el mismo proyecto.
Porque compartir
una alianza puede ser relativamente sencillo mientras se habla de unidad. La
verdadera prueba comienza cuando llega el momento de decidir a quién le
corresponde la candidatura.
RECORRIDO
La política
tiene momentos en los que el discurso debe ceder su lugar a la realidad,
particularmente cuando las circunstancias obligan a los gobiernos a responder
ante situaciones que afectan directamente el patrimonio y la tranquilidad de
las familias.
La gira que
realizó este domingo la gobernadora Graciela Domínguez Nava por la comunidad de
El Caracol, en Guasave, tiene una lectura que va más allá de la entrega de
apoyos económicos a quienes resultaron afectados por el fenómeno de mar de
fondo registrado en las costas de Sinaloa.
Se trata de una
jornada que permite observar la capacidad de respuesta institucional, pero
también plantea interrogantes sobre la prevención, la vulnerabilidad de las
comunidades costeras y la necesidad de construir políticas públicas que no
dependan exclusivamente de la aparición de una emergencia.
El Gobierno del
Estado informó que 592 familias recibieron apoyos mediante una jornada
desarrollada simultáneamente en 21 comunidades de Ahome, Guasave, Angostura,
Navolato, Culiacán, Eldorado y Mazatlán, con una inversión de 2 millones 725
mil pesos.
A estos recursos
se sumaron 110 mil pesos destinados a 22 comerciantes de la Isla de la Piedra,
quienes también enfrentaron afectaciones derivadas de la salida del mar. Las
cifras permiten dimensionar la magnitud territorial del fenómeno, pero detrás
de cada cantidad existe una realidad que difícilmente puede explicarse mediante
estadísticas: viviendas dañadas, pertenencias perdidas, pequeños negocios
afectados y familias que deben encontrar la manera de recuperar parte de lo
construido durante años.
Porque una cosa
es contabilizar los apoyos entregados y otra muy distinta conocer cuánto tiempo
necesitarán los damnificados para recuperar su patrimonio.
La presencia de
Graciela Domínguez en Guasave, acompañada de la alcaldesa Cecilia Ramírez
Montoya y funcionarios estatales, representa una respuesta institucional que
merece analizarse desde dos perspectivas.
La primera
corresponde a la obligación administrativa de atender a las personas afectadas,
identificar daños y distribuir recursos mediante mecanismos de coordinación
entre los distintos niveles de gobierno.
La segunda tiene
una dimensión política, porque la cercanía de una autoridad con las comunidades
también forma parte de la relación que construye con la ciudadanía. Sin
embargo, sería un error considerar que la presencia gubernamental constituye
por sí misma una solución definitiva.
Las visitas
permiten escuchar, reconocer necesidades y establecer compromisos, pero los
resultados deben medirse mediante el seguimiento y la capacidad de resolver los
problemas que permanecen cuando concluye la jornada oficial.
Las comunidades
costeras de Sinaloa enfrentan condiciones particulares que las mantienen
expuestas a fenómenos naturales capaces de modificar su vida cotidiana en
cuestión de horas.
La pesca, el
comercio, los servicios turísticos y numerosas actividades familiares dependen
directamente de un entorno que ofrece oportunidades económicas, pero también
implica riesgos. Por ello, la entrega de recursos constituye una medida
necesaria de atención inmediata, aunque resulta insuficiente como única
respuesta gubernamental.
El verdadero
desafío consiste en revisar qué infraestructura requiere fortalecerse, cuáles
localidades presentan mayor vulnerabilidad, qué mecanismos de alerta deben
perfeccionarse y de qué manera pueden desarrollarse programas de recuperación
que permitan a las familias enfrentar las consecuencias de una contingencia sin
comprometer durante meses su estabilidad económica.
Aquí aparece una
cuestión que merece especial atención. Los 2 millones 725 mil pesos
distribuidos entre las familias representan un esfuerzo presupuestal concreto,
pero su alcance debe valorarse frente a las necesidades reales de quienes
sufrieron daños. Una vivienda afectada puede requerir reparaciones cuyo costo
supere considerablemente el apoyo recibido, mientras que un pequeño comerciante
puede enfrentar pérdidas que no se limitan a mercancías o mobiliario, sino que
también incluyen los días durante los cuales permanece sin generar ingresos.
Esto no
significa desconocer la utilidad de los recursos entregados, sino comprender
que la recuperación económica de una familia exige, en determinadas
circunstancias, medidas adicionales de acompañamiento, financiamiento,
rehabilitación de infraestructura y restablecimiento de las actividades
productivas.
La dimensión
territorial de la jornada también ofrece una lectura importante sobre las
responsabilidades del Gobierno del Estado. No se trató de una contingencia
limitada a una comunidad o a un solo municipio, sino de afectaciones
distribuidas a lo largo de distintas regiones del litoral sinaloense.
Esa
circunstancia obliga a pensar en una estrategia de protección civil que supere
las capacidades individuales de los ayuntamientos y permita establecer
mecanismos permanentes de coordinación, información y respuesta. Los gobiernos
municipales conocen las necesidades inmediatas de sus comunidades, pero la
atención de fenómenos que abarcan varias regiones requiere recursos estatales,
planeación técnica y criterios transparentes para determinar prioridades.
La prevención no
puede depender exclusivamente de la experiencia acumulada después de cada
emergencia; necesita convertirse en una política institucional que anticipe
escenarios y reduzca las consecuencias de futuros acontecimientos.
Durante su
visita, la gobernadora también recibió planteamientos relacionados con
necesidades de infraestructura educativa, entre ellos una solicitud de atención
a las instalaciones sanitarias de una escuela de la comunidad.
Este tipo de
encuentros demuestra que las giras territoriales pueden convertirse en espacios
para identificar problemas que no necesariamente forman parte del motivo
original de la visita. Sin embargo, también generan compromisos que deberán
verificarse posteriormente, porque la atención directa adquiere verdadero
sentido cuando se traduce en acciones concretas.
Escuchar a una
comunidad constituye una parte importante del ejercicio gubernamental, pero el
cumplimiento de los compromisos es lo que permite evaluar la efectividad de esa
cercanía y distinguir entre una respuesta circunstancial y una intervención
capaz de producir resultados duraderos.
La jornada
ocurre, además, en un momento político particular para Sinaloa. Graciela
Domínguez encabeza una administración que debe garantizar la continuidad de las
funciones gubernamentales mientras el estado comienza a experimentar un
RECORRIDO
En política, las
aspiraciones no solamente se construyen desde las dirigencias partidistas.
También se desarrollan en las comunidades, donde los encuentros permiten
conocer las preocupaciones de quienes viven lejos de las decisiones que se
toman en las oficinas del poder.
Tere Osuna,
aspirante a la coordinación municipal de la Cuarta Transformación en Concordia,
continúa sus recorridos territoriales y este domingo sostuvo un encuentro con
agricultores de El Verde, una comunidad donde la actividad productiva forma
parte importante de la vida cotidiana.
La reunión tuvo
como eje los logros que Osuna atribuye al movimiento de la Cuarta
Transformación, pero también permitió mantener contacto con un sector que
enfrenta desafíos relacionados con la producción, la comercialización y las
condiciones del campo.
El movimiento
tiene una dimensión política evidente. Mientras se aproxima la definición de
las coordinaciones municipales, quienes buscan participar necesitan desarrollar
presencia territorial y establecer canales de comunicación con las distintas
comunidades.
Sin embargo, la
cercanía no debe medirse únicamente por el número de reuniones ni por las
fotografías compartidas en redes sociales. Su verdadero alcance depende de la
capacidad para escuchar, identificar necesidades y traducir ese conocimiento en
propuestas concretas.
Para Tere Osuna,
los recorridos representan una oportunidad de presentar sus planteamientos y
conocer las demandas del municipio. La definición de la coordinación, por su parte,
dependerá de los procedimientos internos que se establezcan.
Porque en
Concordia, como en cualquier municipio, una aspiración política puede comenzar
con una visita, pero su contenido se construye cuando el diálogo con la
ciudadanía se convierte en compromisos verificables.
Y entre los
surcos de El Verde, la política vuelve a encontrarse con una realidad que
ninguna contienda interna debería olvidar: el campo necesita respuestas más
allá de los tiempos electorales.
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