Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar”.José Saramago (1...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“Yo no escribo
para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar”.José
Saramago (1922-2010) Escritor portugués.
COMPLICACIONES
La política
tiene sus tiempos, pero también sus mensajes. Y lo ocurrido con María Joseé
Salazar Reyes en Mazatlán no puede interpretarse únicamente como un
nombramiento partidista. Detrás de la decisión del Partido del Trabajo comienza
a configurarse un escenario que podría modificar la dinámica de la sucesión
municipal de 2027, particularmente en la relación entre Morena y las fuerzas
políticas que han acompañado a la Cuarta Transformación.
En la columna de
ayer, les adelanté el encuentro que se preparaba en Marina Cerritos. La
conferencia confirmó que la empresaria recibió una responsabilidad dentro de la
estructura del PT, acompañada por el respaldo público de su dirigencia estatal.
No fue una candidatura formal a la presidencia municipal, pero tampoco puede
considerarse un movimiento sin consecuencias políticas.
Y aquí comienza
lo interesante.
Hace apenas unos
días, María Joseé había manifestado su intención de participar en el proceso
interno de Morena para buscar la coordinación municipal. Ahora aparece
respaldada por otra fuerza política, aunque sostiene que su acercamiento al PT
no representa un rompimiento con el partido guinda.
El movimiento
abre una interrogante que Morena tendrá que resolver desde sus propias reglas:
¿puede una aspirante participar en un procedimiento interno mientras desempeña
responsabilidades políticas dentro de otro partido, aunque ambos sean aliados?
No se trata de
anticipar una irregularidad. Corresponde a las instancias partidistas
determinar si existe alguna incompatibilidad. Sin embargo, la discusión resulta
pertinente porque las reglas de participación deben ser conocidas y aplicarse
por igual a todos los interesados.
En ese contexto
adquiere relevancia la postura del diputado Juan Carlos Patrón, quien solicitó
revisar la situación de quienes aspiran dentro de Morena mientras reciben
nombramientos en el PT. Su planteamiento introduce un debate sobre la certeza
de los procedimientos, pero no constituye por sí mismo una prueba de
incumplimiento.
Lo que sí queda
claro es que el Partido del Trabajo está comenzando a construir una posición
propia en Mazatlán.
Y esa decisión
tiene una lectura política.
El PT no
necesariamente está desafiando a Morena. Puede estar fortaleciendo su
estructura territorial y colocando perfiles con los cuales participar en una
eventual negociación electoral. Porque una cosa es acompañar a un partido
mayoritario y otra muy distinta llegar a los acuerdos sin representación, sin
propuestas y sin capacidad de interlocución.
La dirigencia
petista parece entender esa diferencia.
Pero el
movimiento de María Joseé también coincide con otro elemento que comenzó a
generar discusión: la encuesta de Mitofsky sobre las preferencias para la
candidatura de Morena y sus aliados en Mazatlán.
En esa medición,
Carlos Escobar apareció con 19.9 por ciento, seguido de Estrella Palacios con
14.2, Édgar González Zataráin con 6.3 y Juan Carlos Patrón con 4.3 por ciento.
María Joseé no
fue incluida entre los perfiles evaluados.
La ausencia
generó cuestionamientos desde el PT y de la propia empresaria, quien sugirió
que la selección de participantes podría estar relacionada con quienes
solicitaron el estudio. Sin conocer los términos de contratación y la
metodología completa, sería incorrecto atribuir intenciones a esa exclusión.
Pero
políticamente el episodio deja una enseñanza: las encuestas pueden medir
preferencias entre determinados nombres, aunque difícilmente resuelven por sí
solas una negociación entre partidos que todavía no han definido las
condiciones para participar juntos.
Además, hay otro
aspecto que merece atención. La conferencia se realizó en Marina Cerritos,
espacio relacionado con Hersa Corporativo, grupo empresarial con el que está
vinculada María Joseé. Su participación representa la incorporación de un
perfil proveniente del ámbito empresarial a una estructura partidista,
circunstancia que obliga a distinguir entre sus actividades privadas y las
responsabilidades políticas que comienza a asumir.
No existen
elementos en estos hechos para sostener acuerdos económicos o compromisos
empresariales con el PT. Lo que sí puede observarse es la intención de
incorporar nuevos perfiles a una competencia municipal donde las estructuras
tradicionales ya no son las únicas que buscan tener presencia.
Y mientras el
Partido del Trabajo realiza sus movimientos, el Partido Verde tampoco permanece
inmóvil.
El pasado 6 de
octubre se confirmó la incorporación del expresidente municipal Fernando
Pucheta Sánchez al Partido Verde Ecologista de México, con el acompañamiento de
sus dirigencias nacional y estatal. Aunque esa incorporación no representa una
candidatura formal a la alcaldía, su presencia coloca sobre la mesa otro nombre
con antecedentes políticos importantes en Mazatlán.
Pucheta no llega
como un desconocido. Fue presidente municipal, conoce la administración pública
y ha participado en distintas etapas de la vida política del puerto. Su
trayectoria representa una ventaja en términos de reconocimiento, aunque
también lo coloca frente al escrutinio de los resultados de su gestión y de sus
decisiones políticas anteriores.
María Joseé, por
su parte, representa un perfil distinto, vinculado al sector empresarial y
ahora respaldado por una organización que busca ampliar su presencia municipal.
Son dos
movimientos diferentes, pero coinciden en un punto: tanto el Verde como el PT
comienzan a construir sus propias alternativas antes de que Morena concluya sus
definiciones.
Y ese es
precisamente el fondo del asunto.
Durante los
últimos procesos electorales, la fortaleza de Morena ha permitido articular
alianzas con partidos que aportan estructuras, votos y presencia territorial.
Sin embargo, rumbo a 2027, sus aliados parecen interesados en llegar a la mesa
de negociación con nombres propios y no solamente con la disposición de
acompañar una candidatura definida por el partido mayoritario.
Eso no significa
que exista una ruptura entre las tres fuerzas. Tampoco permite afirmar que
competirán separadas. Lo que se observa es una etapa de posicionamiento
político en la que cada organización busca fortalecer su capacidad de
negociación.
Mientras tanto,
Morena enfrenta su propia competencia interna.
Estrella
Palacios, Carlos Escobar, Édgar González Zataráin y Juan Carlos Patrón forman
parte de los perfiles que aparecen en la discusión municipal, cada uno con
trayectorias, relaciones políticas y posibilidades diferentes.
La presidenta
municipal cuenta con la exposición y las responsabilidades propias del
ejercicio de gobierno. Carlos Escobar aparece con una posición favorable en la
medición mencionada, aunque todavía deberá demostrar si esa preferencia se
traduce en respaldo territorial y capacidad de organización. Édgar González
conserva el antecedente de haber encabezado la administración municipal,
mientras Juan Carlos Patrón mantiene presencia en la discusión política desde
su responsabilidad legislativa.
Ninguna de esas
condiciones garantiza una candidatura.
Porque las
encuestas representan un componente de la competencia, pero las decisiones
partidistas también involucran procedimientos internos, acuerdos políticos,
equilibrios y, eventualmente, negociaciones de coalición.
En este punto
surge una pregunta que comienza a cobrar importancia: ¿Morena permitirá que sus
aliados participen en la definición de una candidatura común o buscará que
respalden al perfil que resulte de su propio procedimiento?
La respuesta
dependerá de los acuerdos que establezcan las dirigencias y de las reglas que
formalmente adopten. No puede darse por hecho que una eventual coalición tenga
ya definido su método de selección.
Y tampoco debe
perderse de vista que cada partido tiene intereses propios.
Para Morena,
conservar Mazatlán representa mantener una posición estratégica dentro del mapa
político de Sinaloa. Para el PT, ampliar su estructura y fortalecer su
representación municipal puede convertirse en una prioridad. Para el Verde, la
incorporación de Pucheta ofrece una oportunidad de posicionamiento mediante una
figura conocida en la política porteña.
Tres intereses
que pueden coincidir electoralmente, pero que no necesariamente parten de las
mismas aspiraciones.
Ahí estará una
de las primeras pruebas de la alianza.
Porque la unidad
no se construye solamente mediante declaraciones públicas ni fotografías entre
dirigentes. También requiere procedimientos claros, capacidad para procesar
diferencias y disposición para aceptar resultados, incluso cuando no favorezcan
a todos los participantes.
Mazatlán
comienza a convertirse en un escenario donde la sucesión municipal se discute
en dos niveles: el de los aspirantes que buscan posicionarse ante la ciudadanía
y el de las dirigencias que intentan establecer cuánto peso tendrá cada
organización en las decisiones futuras.
Y conviene no
confundirlos.
María Joseé
tiene un nombramiento partidista, no una candidatura. Fernando Pucheta cuenta
con una incorporación política al Verde, no con una postulación formal. Los
aspirantes de Morena participan en una competencia cuya definición todavía está
pendiente.
Sin embargo,
todos estos movimientos tienen consecuencias porque anticipan las posiciones
desde las cuales cada fuerza podría sentarse a negociar.
La sucesión de
Mazatlán, por tanto, ya no puede analizarse exclusivamente desde las
preferencias electorales de Morena. El PT y el Verde están enviando señales de
que también quieren participar en la construcción del escenario de 2027.
Y aunque todavía
falta conocer los acuerdos, los métodos y las decisiones definitivas, una cosa
comienza a distinguirse: los aliados no parecen dispuestos a llegar a la
negociación con las manos vacías.
Porque en
política no siempre se presenta un nombre para ganar una candidatura. En
ocasiones se presenta para ganar presencia, capacidad de decisión o mejores
condiciones dentro de una alianza.
Y en Mazatlán,
antes de saber quién encabezará el proyecto electoral de la Cuarta
Transformación, habrá que conocer cuánto está dispuesto a conceder Morena, qué
pretenden obtener sus aliados y cuáles serán las reglas que todos acepten
Al final, la
verdadera disputa podría no comenzar en las urnas ni resolverse en una
encuesta, sino en la mesa donde se decida quién tiene derecho a proponer, quién
tiene fuerza para negociar y quién tendrá la última palabra.
Porque una cosa
es compartir un proyecto político y otra, muy distinta, ponerse de acuerdo
sobre quién debe encabezarlo.
Y esa
diferencia, rumbo a 2027, puede terminar siendo más importante que cualquiera
de los nombres que hoy aparecen en la conversación pública.
NUEVO RUMBO
En política,
reconocer que existen cosas por corregir puede resultar tan importante como
defender los resultados alcanzados. Y ese fue uno de los mensajes que dejó
Imelda Castro durante su encuentro con las estructuras de Morena en Juan José
Ríos, donde llamó a fortalecer la organización territorial, pero también a
evaluar el rumbo de la Cuarta Transformación en Sinaloa.
La declaración
tiene un significado que va más allá del discurso partidista. En una etapa de
reorganización interna y de preparación rumbo al proceso electoral de 2027,
admitir la necesidad de revisar resultados introduce una discusión
indispensable: la continuidad de un proyecto político también debe sustentarse
en su capacidad para reconocer pendientes y responder a ellos.
Imelda Castro
conoce la historia social del norte de Sinaloa. Su referencia a las
movilizaciones campesinas, a las luchas por el agua y al movimiento de El
Barzón no fue solamente un ejercicio de memoria. Permitió recordar que buena
parte de las demandas que dieron origen a esas expresiones sociales siguen
formando parte de las preocupaciones de numerosas comunidades.
Y ahí está
precisamente el punto que merece atención.
La organización
territorial de Morena puede fortalecer su presencia política, pero esa
estructura también representa una oportunidad para escuchar las inconformidades
ciudadanas. Los comités seccionales no deberían limitarse a promover la
participación partidista; pueden convertirse en espacios donde se identifiquen
necesidades y se dé seguimiento a compromisos.
Sin embargo,
existe una diferencia entre reconocer que deben corregirse errores y establecer
cuáles son, quién debe atenderlos y en qué plazos.
La coordinadora
estatal dejó abierta esa posibilidad, aunque no precisó las políticas o
decisiones que considera necesario revisar. Esa definición será importante para
conocer si el planteamiento se traduce en una evaluación concreta o permanece
como una declaración general.
Rumbo a 2027,
Morena enfrenta el desafío de conciliar su reorganización interna con las
expectativas de una sociedad que demanda resultados en servicios públicos,
seguridad, desarrollo económico y atención a las comunidades rurales.
La reflexión de
Imelda Castro tiene, por tanto, una dimensión política y otra institucional. La
primera corresponde a la capacidad de Morena para mantener su organización. La
segunda, a la responsabilidad de quienes gobiernan de responder a los compromisos
adquiridos.
Porque la
transformación no puede medirse únicamente por la fortaleza de sus estructuras ni
por la continuidad de sus triunfos electorales. También debe evaluarse por su
capacidad para resolver los problemas que dieron origen a las demandas
sociales.
Y quizá ahí
radique el verdadero sentido del mensaje de Imelda Castro: corregir no
significa necesariamente renunciar a un proyecto, sino reconocer que ningún
proyecto puede mantenerse vigente si deja de escuchar a la sociedad que
pretende representar.
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