Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “El peor mal del hombre es la irreflexión”, Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego. DECIS...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“El peor mal del
hombre es la irreflexión”, Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
DECISIONES
La toma de
protesta de Imelda Castro como coordinadora estatal de Morena en Sinaloa no fue
solamente un acto protocolario. Representa la formalización de una nueva etapa
política en la que el partido deberá organizar su estructura territorial,
administrar las aspiraciones internas y construir acuerdos con sus aliados
rumbo a las elecciones de 2027.
La senadora con
licencia llega a esta responsabilidad después de un proceso nacional en el que
participaron 277 aspirantes para las 17 coordinaciones estatales. Su
designación coloca sobre la mesa una tarea que va más allá de recorrer
municipios y convocar a la militancia: mantener la cohesión de Morena mientras
comienzan a definirse los espacios políticos del próximo proceso electoral.
Y aquí aparece
el primer elemento de fondo
Imelda Castro
tendrá que conducir una estructura donde conviven distintos grupos,
trayectorias e intereses. En Sinaloa ya comenzaron a manifestarse aspiraciones
por presidencias municipales y diputaciones, mientras otros perfiles esperan
las definiciones del partido para determinar sus siguientes movimientos.
El reto no
consiste únicamente en organizar a quienes respaldan su coordinación, sino en
mantener canales de participación para quienes no obtuvieron las posiciones que
buscaban. La unidad que mencionó durante su toma de protesta tendrá que
reflejarse en los procedimientos internos y en la manera de resolver las
diferencias.
Pero el
acontecimiento más relevante del Consejo Nacional podría estar en la aprobación
de la política de alianzas con el Partido del Trabajo y el Partido Verde.
La decisión
establece una ruta nacional para negociar coaliciones y candidaturas comunes.
Sin embargo, no significa que los tres partidos hayan acordado ya cómo
distribuirán las presidencias municipales, las diputaciones locales o los
distritos federales de Sinaloa.
Esa diferencia
resulta fundamental.
Morena está
desarrollando sus procesos internos, mientras el Verde y el PT también buscan
fortalecer sus estructuras y conservar espacios de representación. Por ello,
las definiciones partidistas deberán relacionarse posteriormente con los
acuerdos de coalición que lleguen a formalizarse.
En Mazatlán, por
ejemplo, la incorporación de Fernando Pucheta al Partido Verde y la presencia
de Tony Castañeda en su estructura estatal muestran que ese instituto político
también está integrando perfiles con experiencia. Son movimientos que adquieren
contexto ante la política nacional de alianzas, aunque no constituyen por sí
mismos evidencia de candidaturas negociadas.
En Guasave, el
registro público del exalcalde Martín Ahumada y las conversaciones alrededor de
otros perfiles permiten observar cómo la competencia interna comienza a
trasladarse al terreno municipal. Situaciones semejantes podrían presentarse en
otras demarcaciones conforme avancen las convocatorias.
Para Imelda
Castro, esto representa una responsabilidad política concreta: coordinar la
organización de Morena sin confundir los procesos internos con decisiones que
todavía dependerán de negociaciones entre partidos y de las disposiciones
electorales.
Hay además otro
elemento que no debe perderse de vista. El Consejo Nacional aprobó mantener el
trabajo territorial durante el cierre de 2026. Esto significa que la
organización partidista continuará activa mientras se desarrollan las
definiciones electorales, un escenario que exigirá distinguir las actividades
internas de los actos sujetos a regulación electoral.
Imelda Castro ya
tiene el reconocimiento formal de su partido. Lo que comienza ahora es la etapa
de los acuerdos, las diferencias y las decisiones que pondrán a prueba su
capacidad de conducción política.
La coordinación
estatal constituye una posición de responsabilidad dentro de Morena, pero no
sustituye las reglas para registrar candidaturas ni resuelve anticipadamente
los compromisos con sus aliados.
Por eso, la
fotografía de su toma de protesta representa el cierre de una etapa y el inicio
de otra.
En Sinaloa,
Morena ya definió quién encabezará su organización estatal. Falta conocer cómo
se resolverán las aspiraciones municipales, qué espacios buscarán el Verde y el
PT, y de qué manera se traducirá el llamado a la unidad en acuerdos concretos.
Porque una cosa
es alcanzar la coordinación de un movimiento y otra conducirlo cuando comienzan
las decisiones que afectan los intereses de sus propios integrantes.
Ahí estará uno
de los principales desafíos políticos de Imelda Castro rumbo a 2027.
APLAUSÓMETRO
El Segundo
Informe Legislativo de Morena en Mazatlán dejó una lectura que va más allá de
las 46 iniciativas presentadas y los 27 decretos aprobados por su bancada.
Entre porras, aplausos y muestras de respaldo a distintos personajes, el
encuentro terminó exhibiendo algo que comienza a hacerse evidente en Sinaloa:
la actividad política rumbo a 2027 ya forma parte de la dinámica interna del
partido.
El acto,
encabezado por el coordinador parlamentario Eligio López Portillo, tenía como
propósito rendir cuentas sobre el trabajo de los diputados de la 65
Legislatura. Sin embargo, las reacciones del público ante la presentación de
los legisladores y otras figuras políticas mostraron que las aspiraciones y los
posicionamientos individuales también estuvieron presentes.
Carlos Escobar
Sánchez, Rita Fierro Reyes, Manuel de Jesús Guerrero Verdugo y Teresa Guerra
Ochoa estuvieron entre quienes recibieron expresiones de apoyo. También hubo
aplausos para Yadira Marcos, Karla Ulloa, Elizabeth Ramírez Tirado y Rosario
Sarabia. La alcaldesa Estrella Palacios Domínguez tampoco pasó inadvertida.
Pero conviene
hacer una distinción: los aplausos representan manifestaciones de respaldo
entre los asistentes, no mediciones de preferencia electoral ni decisiones
sobre futuras candidaturas.
El propio Eligio
López Portillo advirtió el ambiente cuando expresó que parecía que ahí se
estaban decidiendo cosas. Su comentario, aunque formulado con ligereza, reflejó
el componente político que adquirió el encuentro.
Y aquí aparece
el contexto
Apenas un día
antes, Imelda Castro había formalizado su responsabilidad como coordinadora
estatal de Morena, mientras el Consejo Nacional aprobaba la política de
alianzas con el Partido del Trabajo y el Partido Verde rumbo a 2027.
La coincidencia
de ambos acontecimientos permite observar dos procesos que avanzan
paralelamente: por un lado, la organización institucional de Morena y, por
otro, el posicionamiento público de sus cuadros políticos.
En Mazatlán, esa
dinámica adquiere especial interés. Carlos Escobar ha manifestado aspiraciones
municipales; Estrella Palacios continúa al frente del Ayuntamiento después de
participar en el proceso estatal y claro que es una aspirante fuerte a la
reelección, y otros legisladores mantienen presencia política en distintos
espacios del municipio y del estado.
Sin embargo, la
visibilidad en un evento no sustituye los procedimientos internos. Morena
todavía deberá resolver sus coordinaciones municipales, mientras los acuerdos
con sus aliados podrían incidir posteriormente en la distribución de
candidaturas.
Hay también un
aspecto que no debe quedar desplazado por las porras: el trabajo legislativo.
Las 46 iniciativas y los 27 decretos reportados necesitan examinarse por su
contenido, alcance y efectos sobre la población. La cantidad permite
dimensionar la actividad parlamentaria, pero no determina por sí misma la
calidad de sus resultados.
La advertencia
de Eligio López Portillo fue pertinente: el reconocimiento público implica una
responsabilidad adicional para los diputados. Quienes reciben respaldo
ciudadano también deben responder por sus decisiones, sus iniciativas y el
cumplimiento de sus obligaciones legislativas.
Lo ocurrido en
Mazatlán no definió candidaturas, pero sí dejó constancia de un ambiente
político en movimiento.
Morena enfrenta
ahora el desafío de conducir sus procesos internos sin que la competencia entre
aspirantes desplace el trabajo de gobierno y la rendición de cuentas.
Porque los
aplausos pueden acompañar una trayectoria política, pero no sustituyen los
resultados.
Y rumbo a 2027,
la verdadera prueba para quienes buscan nuevas responsabilidades no estará en
quién recibe más porras, sino en qué puede demostrar de su desempeño público.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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