Sesión Abierta Horacio Miranda Se acabaron los lugares cómodos, la política necesita perfiles que resuelvan, no solo que ocupen una silla. ...
Sesión Abierta
Horacio Miranda
Se acabaron los lugares cómodos, la política necesita perfiles que resuelvan, no solo que ocupen una silla.
Guasave, Sinaloa.- Durante años, la política mexicana se sostuvo en un equilibrio incómodo: la representación por un lado y la operación partidista por el otro. Dos mundos que conviven, pero que casi nunca coinciden.
Hoy, con la reforma electoral en el centro del debate, ese equilibrio vuelve a sacudirse. Y no es un tema menor. Detrás de la discusión sobre los “pluris” no solo hay números o curules; hay una pregunta mucho más profunda: ¿Quiénes son los que realmente deben tomar las decisiones en el Congreso?
De la necesidad al privilegio. En su origen, la representación proporcional cumplió una función vital. Fue el freno de emergencia que permitió la existencia de la oposición y evitó las mayorías aplastantes. Era el espacio para perfiles con experiencia legislativa que sabían construir acuerdos complejos.
En teoría, fue equilibrio. En la práctica, terminó siendo otra cosa. Con el tiempo, esos espacios dejaron de ser instrumentos democráticos para convertirse, en muchos casos, en “zonas de confort”. Posiciones sin riesgo donde no siempre se premiaba la capacidad, sino la cercanía al poder. Eso generó la percepción que hoy tanto pesa: que quienes no pasan por el filtro del voto directo terminan influyendo más de lo que representan.
El riesgo de la popularidad vacía. Pero no hay que simplificar el problema. Reducir estos mecanismos no garantiza, por arte de magia, mejores resultados. Existe un riesgo real: llenar el Congreso de personas que saben ganar elecciones, pero que no tienen idea de cómo legislar.
La popularidad no es capacidad. Ganar una campaña no es lo mismo que construir leyes.
Aquí es donde la discusión deja de ser ideológica y se vuelve técnica. La reforma, más allá de sus matices, abre una posibilidad que no habíamos tomado en serio: obligar a los partidos a elevar su nivel de selección. Si los espacios se reducen, el margen de error también. Ya no se puede improvisar.
El nuevo filtro para Sinaloa. Si hoy todos los diputados del Congreso de Sinaloa hubieran llegado únicamente por elección directa, la realidad legislativa sería otra. No necesariamente mejor, pero sí distinta.
Legitimidad: El acceso al poder ya no dependería de acuerdos internos, sino de la cara frente al ciudadano.
Exigencia: Los perfiles tendrían que demostrar algo más que cercanía política; tendrían que probar que puedenconvencer y ganar.
Cuando cambias el filtro, cambia todo lo demás: quién llega, cómo se decide y, sobre todo, la calidad del debate público.
El fondo del asunto. No se trata de desaparecer figuras por decreto ni de idealizar un solo modelo. Se trata de corregir distorsiones. Una democracia sin representación es incompleta, pero una democracia sin capacidad es peligrosa.
Es momento de que las candidaturas en Sinaloa y en todo México dejen de construirse desde la popularidad, las relaciones o el dinero, y empiecen, por fin, a construirse desde el perfil y la capacidad de resolver.


