Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo des...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“El futuro tiene
muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo
desconocido. Para los valientes es la oportunidad”, Victor Hugo (1802-1885)
Novelista francés.
TRABAS
En política, los
grandes proyectos no suelen estrellarse contra la oposición; se fracturan,
muchas veces, en la propia mesa donde se diseñan. La reforma electoral
impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum vive precisamente ese momento: el
de mirarse al espejo del poder compartido y descubrir que la mayoría no siempre
es sinónimo de unanimidad.
Desde su
planteamiento, la iniciativa ha sido presentada bajo una narrativa potente:
reducir el costo del sistema electoral, revisar el modelo de representación
proporcional, ajustar el financiamiento público a los partidos y simplificar la
arquitectura institucional. El argumento es seductor en tiempos donde la
austeridad se convirtió en bandera política y donde la ciudadanía suele mirar
con recelo el gasto partidista.
Pero las
reformas constitucionales no se aprueban con narrativa, sino con votos. Y esos
votos no son automáticos.
Morena encabeza
el proyecto y controla buena parte del Congreso, pero la mayoría calificada
exige cohesión plena del bloque oficialista. Allí entran en escena sus aliados
estratégicos: el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México.
Ambos han acompañado al movimiento en reformas clave, pero frente a la
electoral han marcado matices que no pueden ignorarse.
La razón es
estructural, no coyuntural.
El
financiamiento público y la representación proporcional —las llamadas
plurinominales— son pilares de supervivencia para los partidos que no dominan
territorialmente el mapa electoral. Mientras Morena puede aspirar a ganar por
mayoría en numerosos distritos, PT y PVEM dependen en mayor medida del voto
nacional traducido en listas. Reducir esos espacios implica alterar su
capacidad de negociación, su presencia legislativa y, en términos prácticos, su
influencia política.
En otras
palabras, la reforma toca directamente la arquitectura que sostiene a los
aliados.
No se trata de
una rebelión ideológica. Se trata de cálculo político. En cualquier sistema
multipartidista, los partidos medianos protegen con especial celo los
mecanismos que garantizan su permanencia. Acompañar una reforma que reduzca
plurinominales o financiamiento sin condiciones sería aceptar una disminución
voluntaria de poder. Y la política rara vez premia el desprendimiento.
Aquí aparece la
primera gran traba: la aritmética constitucional. Para modificar la Carta Magna
se requiere mayoría calificada en ambas cámaras y posteriormente la aprobación
de la mayoría de los congresos estatales. Eso obliga a mantener unido al bloque
gobernante sin fisuras. Cada voto cuenta, y cada aliado tiene capacidad de
negociación.
La segunda traba
es temporal. Las reformas electorales están sujetas a límites constitucionales
que impiden cambios cercanos al inicio de los procesos comiciales. El reloj
avanza, y la ventana para aprobar y armonizar las modificaciones no es
indefinida. El tiempo, en política, no solo presiona: también encarece
acuerdos.
La tercera traba
es narrativa. Morena ha construido parte de su identidad sobre la pluralidad
del movimiento y la alianza amplia que le permitió consolidar mayoría. Si la
reforma termina debilitando a sus propios socios, el mensaje interno podría
interpretarse como una concentración de poder en detrimento del equilibrio de
la coalición. Y aunque el liderazgo presidencial sea fuerte, ninguna mayoría es
inmune al desgaste interno.
El dilema es
evidente: ¿cómo reducir costos sin reducir aliados?
Es probable que
el resultado final no sea la reforma ambiciosa planteada inicialmente, sino una
versión negociada. Ajustada. Tal vez se mantenga el número total de
legisladores con cambios en el método de asignación, o se establezcan esquemas
transitorios que mitiguen el impacto inmediato en los partidos pequeños. La
política mexicana tiene larga tradición de reformas que nacen maximalistas y
concluyen pragmáticas.
Más allá del
contenido específico, lo que revela este episodio es algo más profundo: el
oficialismo ya no enfrenta únicamente el reto de gobernar frente a la
oposición, sino de administrar su propia diversidad interna. La coalición que
fue fortaleza electoral ahora es un espacio de equilibrios delicados.
En este
escenario, el PT y el PVEM no actúan como adversarios, sino como actores que
recuerdan que el poder se comparte. Morena, por su parte, debe decidir cuánto
está dispuesto a ceder para mantener intacta la alianza que le dio estabilidad
legislativa.
La reforma
electoral, así, se convierte en una prueba de madurez política. No por su
discurso de austeridad, sino por su capacidad de conciliar intereses dentro del
bloque gobernante.
Porque al final,
toda reforma de reglas del juego electoral es también una reforma del
equilibrio del poder. Y cuando se toca el equilibrio, nadie permanece
indiferente.
La pregunta que
queda en el aire no es si habrá reforma, sino qué tan profunda podrá ser sin
fracturar la coalición que la impulsa. En política, las mayorías no se miden
solo en números, sino en cohesión. Y hoy, esa cohesión es la verdadera arena
donde se libra la batalla.
VIENE CLAUDIA
La presidenta Claudia
Sheinbaum realizará una gira por Sinaloa con actividades en Mazatlán, San
Ignacio y Culiacán, en una agenda que combina programas sociales y arranque de
infraestructura hospitalaria.
El viernes 27
encabezará la “Mañanera del Pueblo” a las 7:30 horas en la sede de la III
Región Militar en Mazatlán. Más tarde se trasladará a San Ignacio para
participar en un evento vinculado a los Programas de Bienestar. El gobernador Rubén
Rocha Moya adelantó que el encuentro estará relacionado con la Beca Rita
Cetina.
Para el sábado
28, la mandataria federal presidirá en Culiacán el inicio de obra del Hospital
Regional de Especialidades del Instituto Mexicano del Seguro Social, programado
a las 10:00 horas, siendo este el único acto contemplado en la capital
sinaloense.
Hasta ahora no
se ha informado dónde pernoctará la presidenta la noche del viernes. El domingo
1 de marzo continuará su gira en Ciudad Constitución, Comondú, Baja California
Sur, donde participará en otra actividad relacionada con Programas de
Bienestar.
De manera
paralela, Rocha Moya adelantó que uno de los planteamientos que hará a la
presidenta será el respaldo al campo sinaloense, particularmente en lo
referente a la comercialización del maíz del ciclo agrícola en curso. No se ha
confirmado un encuentro formal con productores durante la visita.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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