Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “La fe se refiere a cosas que no se ven, y la esperanza, a cosas que no están al alcance de la m...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“La fe se
refiere a cosas que no se ven, y la esperanza, a cosas que no están al alcance
de la mano”, Santo Tomás de Aquino (1224-1274) Filósofo y teólogo.
LLAMADO
Hay momentos en
política en los que una fecha dice tanto como un discurso. Imelda Castro acaba
de colocar una sobre la mesa: aproximadamente en mes y medio deberán quedar
resueltas las coordinaciones distritales federales y municipales de Morena en
Sinaloa.
Eso significa
que la etapa de los levantamientos de mano comienza a entrar en cuenta
regresiva y que, dentro de pocas semanas, muchos de los nombres que hoy
recorren municipios, conceden entrevistas, organizan reuniones y aparecen en
fotografías tendrán que enfrentarse a algo bastante más concreto: la encuesta.
Pero el mismo
sábado ocurrió otra escena que ayuda a entender hacia dónde pretende llevar
Imelda el proceso.
Estuvo con las
dirigencias de Morena, PT y Partido Verde en una reunión petista y anunció que
recorrerá incluso los lugares más alejados donde se encuentren integrantes de
cualquiera de las tres fuerzas.
Ahí agradeció el
respaldo recibido del PT durante el proceso estatal y llamó además a cerrar
filas con la gobernadora Graciela Domínguez Nava.
Las dos cosas
deben observarse juntas.
Una es la
construcción de candidaturas.
La otra es la
construcción de coalición.
Morena está por
entrar en una etapa potencialmente complicada. Del 1 al 4 de octubre abrió los
registros para las siete coordinaciones distritales federales de Sinaloa;
después vendrán las municipales y posteriormente continuarán otras
definiciones.
Cuando existan
más de seis registros en un distrito habrá incluso una depuración previa antes
de llegar a la encuesta.
Es decir, el
embudo comienza a cerrarse.
Hasta ahora
resultaba relativamente sencillo mantener la unidad porque prácticamente todos
podían aspirar. El problema comenzará cuando de seis nombres quede uno.
Ahí entenderemos
mejor por qué Imelda lleva semanas insistiendo en conceptos aparentemente
repetitivos: encuesta, territorio, unidad, reconciliación y estructura. No
solamente necesita encontrar perfiles competitivos; necesita conseguir que
quienes pierdan permanezcan dentro del proyecto.
Porque una
encuesta puede resolver quién encabeza una coordinación, pero no necesariamente
resuelve qué hará al día siguiente quien quedó segundo.
Culiacán ofrece
desde ahora una muestra de lo que viene. María Teresa Guerra confirmó que está
preparada para registrarse en cuanto aparezca la convocatoria municipal y ha
reconocido conversaciones con otros perfiles interesados, entre ellos Merary
Villegas y Jesús Ibarra.
Ella misma
anticipa varios registros y habla de cerrar filas una vez tomada la decisión.
Lo mismo, con
características diferentes, comenzará a ocurrir en Mazatlán, Ahome, Guasave y
otros municipios.
Por eso adquiere
todavía más significado la segunda fotografía del sábado: Morena, PT y Verde
juntos.
Imelda ya había
establecido otra regla: las coordinaciones no deberían surgir de acuerdos
políticos que ignoren las encuestas. Ahora tendrá que conciliar esa promesa con
la realidad de una alianza en la que existen tres partidos, tres estructuras y
aspiraciones propias.
El PT y el Verde
difícilmente llegarán a 2027 solamente para acompañar decisiones tomadas por
Morena; buscarán espacios y representación. La encuesta podrá ordenar
aspirantes, pero después aparecerá inevitablemente la negociación política.
Ahí puede estar
uno de los mayores retos.
¿Qué ocurrirá si
Morena tiene al perfil mejor medido en un municipio que alguno de sus aliados
considera estratégico? ¿Qué sucederá cuando la paridad obligue a modificar la
configuración de varias posiciones? ¿Cómo se acomodarán las coordinaciones
municipales con las distritales federales y posteriormente con las locales?
La encuesta
manda, ha dicho Imelda. Sí. Pero la
encuesta no negocia coaliciones.
Y precisamente
por eso parece importante que esté construyendo desde ahora una relación
política con PT y PVEM, antes de que comiencen las decisiones que
inevitablemente producirán ganadores y perdedores.
También merece
atención el llamado a cerrar filas con Graciela Domínguez. Imelda está
procurando mantener separados dos espacios que podrían confundirse conforme
avance 2027: ella conduce la organización política del movimiento y Graciela
encabeza el Gobierno del Estado. El sábado volvió a respaldar públicamente a la
gobernadora y pidió acompañarla en la conducción de esta etapa.
No significa
subordinación de una a la otra; significa, al menos públicamente, evitar que la
transición gubernamental y la sucesión electoral terminen convirtiéndose en dos
centros enfrentados dentro del mismo movimiento.
Y hay todavía
una tercera pista: las secciones electorales.
Imelda anunció
que después de las asambleas estatales y regionales el trabajo bajará hasta ese
nivel. Eso ya no tiene que ver solamente con quién quiere una candidatura.
Tiene que ver con organización electoral: estructura, militancia, presencia
territorial y capacidad de movilización.
La dirigencia
nacional ya había señalado desde septiembre que el fortalecimiento territorial
forma parte central de esta nueva etapa en Sinaloa.
Ahí aparece el
diseño completo. Primero Morena resolvió la coordinación estatal. Ahora vienen
distritos y municipios.
Mientras eso
ocurre, Imelda fortalece la relación con PT y Verde, respalda públicamente a
Graciela y comienza a bajar la organización hacia las secciones.
No significa que
todo esté resuelto. Al contrario. Lo difícil empieza cuando aparezcan los
resultados de las encuestas y haya que decirles a muchos que no.
Porque hasta
ahora todos pueden caminar juntos mientras todos conservan una posibilidad.
La verdadera
prueba de Imelda llegará cuando comiencen las definiciones. No será solamente
escoger a quienes encabecen. Será conseguir que quienes no fueron escogidos
también se queden.
Y después hacer
que Morena, PT y Verde lleguen a 2027 como un bloque y no solamente como tres
partidos que aparecen juntos en una fotografía.
LISTA
María Teresa
Guerra Ochoa ya no está solamente valorando posibilidades. Tiene definida la
ruta, preparada la documentación y espera la convocatoria de Morena para
registrarse por la Coordinación Municipal de Culiacán.
No buscará una
coordinación distrital federal y concentra su apuesta política en la capital
sinaloense.
La definición
importa porque Culiacán puede convertirse en uno de los procesos internos más
observados de Morena rumbo a 2027. Tere no estaría sola.
Ella misma
reconoce conversaciones con Merary Villegas y Jesús Ibarra, quienes también
mantienen interés en participar. Hasta ahora esos encuentros no significan un
acuerdo para reducir aspirantes ni construir una candidatura única; muestran,
en cambio, que existe comunicación antes de entrar a una competencia que
finalmente deberá resolverse mediante encuesta.
Ahí aparece una
característica interesante de Tere Guerra. Tiene trayectoria política propia,
experiencia académica, activismo en la defensa de los derechos de las mujeres,
pasó por la Secretaría de las Mujeres y posteriormente encabezó la bancada de
Morena y la Junta de Coordinación Política del Congreso.
Es decir, no
necesita comenzar construyendo conocimiento desde cero. Su desafío será otro:
convertir ese perfil estatal en identificación específicamente municipal y
demostrar cuánto respaldo tiene entre los habitantes de Culiacán.
También resulta
relevante que esté hablando desde ahora de lo que deberá ocurrir después de la
encuesta. Competir es relativamente sencillo mientras todos conservan
posibilidades; cerrar filas será más complicado cuando exista solamente una
coordinación y varios aspirantes hayan quedado fuera.
Tere sostiene
que Morena pudo procesar así la definición estatal que terminó encabezando
Imelda Castro y considera que ese modelo puede repetirse en los municipios.
Pero Culiacán
tiene características propias. Aquí no bastará la trayectoria partidista ni la
cercanía con los liderazgos de Morena. La capital enfrenta seguridad, deterioro
económico, servicios públicos, movilidad y una sociedad particularmente
golpeada durante los últimos años. Quien pretenda encabezar el proyecto
municipal tendrá que demostrar no solamente que puede ganar una encuesta
interna, sino qué propone para gobernar una ciudad con problemas muy concretos.
Tere ya decidió
dónde quiere competir.
Ahora viene la
parte importante: medir cuánto representa su nombre en Culiacán frente a los
demás perfiles que también levanten la mano.
Porque como ha
venido diciendo Imelda Castro, la encuesta deberá mandar.
Y Culiacán
probablemente será una de sus pruebas más interesantes.
REGISTRO
Rodolfo
Valenzuela Sánchez ya tomó una decisión que ayuda a despejar parte de su ruta
hacia 2027: se registró para buscar la Coordinación del Distrito Federal 07 de
Morena.
Después de
participar en el proceso estatal que terminó con la designación de Imelda
Castro, regresar al Congreso local y mantener abiertas distintas posibilidades
políticas, ahora coloca una aspiración concreta sobre la mesa.
El movimiento es
interesante porque hace apenas unas semanas Rodolfo hablaba todavía de
distintos escenarios, entre ellos Culiacán, una diputación federal e incluso la
posibilidad de continuar en el Congreso del Estado. El registro por el Distrito
07 comienza a reducir ese abanico.
No significa
todavía una candidatura, pero sí revela hacia dónde pretende dirigir su capital
político.
También hay una
lógica territorial. Valenzuela representa actualmente el Distrito local 13 de
Culiacán y ha construido buena parte de su discurso alrededor de su condición
de profesor, agricultor y conocedor de los sectores productivos.
Ahora tendrá que
demostrar si esa presencia puede ampliarse a la dimensión de un distrito
federal y, principalmente, cuánto respaldo propio puede acreditar cuando llegue
la encuesta.
Hay además una
diferencia respecto de su participación en el proceso estatal. Aquella
competencia le permitió recorrer Sinaloa y aumentar exposición; ésta exige
concentración. Ya no se trata de hablarle a todo el estado, sino de convencer a
un territorio específico.
Y eso conecta
directamente con la regla que Imelda Castro ha colocado para las próximas
definiciones: los aspirantes deberán aportarle a Morena y no solamente depender
de la marca.
Rodolfo ya pasó
por una encuesta y no fue seleccionado para encabezar la coordinación estatal.
No desapareció ni rompió con el partido. Regresó al Congreso y ahora vuelve a
competir desde otra cancha.
En política, no
todas las rutas conducen al mismo cargo.
Rodolfo acaba de
escoger la suya.
DECISIÓN
Graciela
Domínguez Nava colocó una regla que parece sencilla, pero que puede adquirir
importancia conforme Morena avance hacia las coordinaciones municipales y
distritales locales: quien forme parte de su gobierno y decida participar
tendrá que cumplir la convocatoria y, cuando corresponda, separarse del cargo.
Hasta ahora,
asegura la gobernadora, ningún integrante de su administración le ha comunicado
una aspiración.
Eso no significa
que no existan funcionarios interesados ni que no puedan aparecer cuando se
abra la convocatoria. Significa solamente que, al día de hoy, Graciela no
reconoce formalmente ninguna intención dentro de su gabinete.
La declaración
resulta relevante porque Morena está entrando precisamente en la etapa en que
comenzarán a multiplicarse las definiciones. Primero fueron las coordinaciones
estatales; ahora están los distritos federales y después vendrán municipios y
distritos locales.
Conforme avance
el calendario, algunos funcionarios tendrán que resolver si continúan
concentrados en sus responsabilidades administrativas o buscan participar en el
proceso político de 2027.
Para Graciela
también representa una cuestión de gobernabilidad. Apenas comenzó a realizar
sus primeros ajustes en el gabinete y necesita una administración funcionando
en medio de problemas de seguridad, economía, campo, infraestructura y
servicios.
Una salida
importante para buscar una coordinación no solamente tendría efectos políticos:
obligaría nuevamente a mover piezas dentro del gobierno.
Pero hay otra
lectura. Graciela está evitando convertirse públicamente en árbitro de las
aspiraciones de su propio equipo.
No dice quién
puede competir ni quién debería quedarse. Remite la decisión a las reglas de
Morena. Es una manera de separar, al menos institucionalmente, dos terrenos que
durante los próximos meses estarán cada vez más cerca: gobierno y sucesión.
Imelda Castro
conduce el proceso político de organización de Morena.
Graciela
Domínguez conduce el Gobierno del Estado.
Mantener clara
esa división puede ser importante conforme se acerque 2027.
Porque llegará
un momento en que algunos funcionarios quizá tengan que escoger.
Seguir
gobernando.
O comenzar a
competir.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
Facebook,
Instagram y X: PeriodistaMarco
.png)
