Columna periodística Carlos Avendaño Trump le dice a México: ¡Recuperen el control de su territorio!Donald Trump, volvió a poner a México en...
Columna periodística
Carlos Avendaño
Trump le dice a México: ¡Recuperen el control de su territorio!Donald Trump, volvió a poner a México en el centro de su discurso sobre seguridad y narcotráfico, y esta vez no se anduvo con rodeos. Durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU, el presidente de los Estados Unidos calificó a México como el “epicentro” de la violencia de los cárteles y lanzó una frase que debería preocupar a cualquiera que tenga responsabilidad en materia de seguridad: “México debe recuperar el control de su territorio.” ¡Ahí está el tamaño del reclamo! Donald Trump sostuvo que es inaceptable que los Estados Unidos comparta una frontera de aproximadamente 2 mil millas con un territorio que, según su caracterización, está controlado por cárteles enemigos. Y aquí viene lo verdaderamente delicado. Porque una cosa es que Washington critique la estrategia mexicana, y otra cosa muy diferente es que desde la Casa Blanca se esté instalando públicamente la idea de que el estado mexicano no controla plenamente determinadas zonas de su propio territorio. ¿Exageración política? ¿Presión diplomática? ¿Lectura de inteligencia estadounidense? O ¿Una advertencia que México no debería tomar a la ligera? Cada quien podrá sacar sus conclusiones, pero el gobierno mexicano tiene que responder con hechos. Y aquí hay una paradoja por demás interesante. Hace apenas unos días, Donald Trump reconocía los esfuerzos de la administración de Claudia Sheinbaum Pardo en materia de decomisos, desmantelamiento de laboratorios y despliegue de fuerzas de seguridad, pero al mismo tiempo exigía mucho más y reclamaba acciones contra funcionarios que, según los Estados Unidos, pudieran estar vinculados con organizaciones criminales. Entonces la pregunta es por demás inevitable: ¿Quién tiene la razón sobre la dimensión del problema? México sostiene que está avanzando, y los Estados Unidos dice que estos esfuerzos todavía son insuficientes. Y mientras los gobiernos intercambian argumentos diplomáticos, hay una realidad que no necesita traducción: homicidios, desapariciones, extorsiones, desplazamientos y territorios donde la población vive bajo amenazas criminales. Sinaloa conoce perfectamente esta realidad, porque llevamos dos años de una crisis de violencia que ha golpeado familias, empresas, trabajadores, productores y comunidades enteras. Por esto, la frase de Donald Trump, no debería de analizarse únicamente desde el nacionalismo de “¡Que nadie se meta con México!” La soberanía nacional es irrenunciable, pero la soberanía también significa que el Estado pueda garantizar seguridad, justicia y autoridad efectiva dentro de su propio territorio. Y esta tarea corresponde, antes que nada, al Estado mexicano. Porque si los ciudadanos tienen miedo de denunciar, si las carreteras se vuelven zonas de riesgo, si los negocios cierran por amenazas y si las comunidades enteras viven bajo presión criminal, entonces hay un problema que ningún discurso puede maquillar. Donald Trump puede tener intereses políticos y estratégicos al hacer estas declaraciones. También es cierto que los Estados Unidos tiene una enorme responsabilidad en esta historia: el tráfico ilegal de armas hacia México, el lavado de dinero y la demanda de drogas en territorio estadounidense forman parte del problema transnacional. La propia presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha reclamado públicamente una mayor responsabilidad estadounidense en estos frentes. Pero esto no elimina la responsabilidad mexicana, ni la estadounidense, ni la de quienes desde ambos lados de la frontera alimentan este negocio criminal. Así que el mensaje de Donald Trump podrá gustar o no, podrá considerarse una intromisión o una presión diplomática, pero hay una pregunta que México debería responderse a sí mismo antes de responderle a Washington: ¿Estamos recuperando realmente el control de nuestro territorio? Porque la soberanía no se defiende solamente con discursos, sino que también se defiende con policías eficaces, fiscalías independientes, jueces, inteligencia, combate al lavado de dinero, control territorial y un Estado capaz de proteger a sus ciudadanos. Y si esto funciona, que se demuestre con resultados. Porque al final de cuentas, la mejor respuesta a Donald Trump no será un discurso en la ONU, sino que será que los mexicanos puedan volver a vivir sin miedo…
El puente de Plaza Acaya: una obra al revés volteado. Hay obras que resuelven problemas, y hay otras, que nomás cambian de lugar el problema. Y en la salida norte de Mazatlán, el famoso puente de la “Plaza Acaya” parece estar en esta segunda categoría. La intención, se supone, era agilizar el tráfico y darle mayor fluidez a una de las vialidades más transitadas de la ciudad. Pero vecinos y automovilistas aseguran que la realidad es muy distinta: el congestionamiento continúa y, en determinados momentos, los vehículos siguen prácticamente detenidos durante horas. Entonces surge la pregunta incómoda: ¿Para qué se construyó el puente? Porque si la obra no consiguió desfogar el tráfico sobre la carretera México 15, algo salió mal en la planeación. Y todavía hay quienes señalan que el puente debió de conectarse con el Boulevard Libramiento #2, en lugar de desembocar nuevamente hacia la rúa federal. Dicho en cristiano: quisieron componer el tráfico y terminaron poniéndole otro obstáculo. La molestia de los automovilistas crece porque, desde su perspectiva, la vialidad sigue prácticamente igual de cargada que antes. Mucho concreto, mucha inversión y mucha inauguración, pero a la hora de la verdad, el ciudadano sigue atrapado en el tráfico. Y aquí viene lo más preocupante: una obra vial no se mide por lo bonita que luce en la fotografía inaugural, sino por cuánto tiempo le ahorra al ciudadano cuando se sube a su vehículo. Si después del puente el automovilista sigue haciendo largas filas, quemando gasolina y perdiendo horas, entonces habrá que preguntar seriamente qué falló en el diseño, en la planeación o en la conexión vial. Porque construir un puente para agilizar el tráfico y terminar con el mismo congestionamiento de antes parece, literalmente, una obra hecha al revés y todavía volteada. Esto sí: el puente ahí está, lo único que sigue sin aparecer es el tráfico fluido…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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