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En el Día Internacional del Buzo, el recinto reconoce a cinco mujeres y nueve hombres encargados del cuidado de especies, mantenimiento de hábitats y experiencias que acercan a los visitantes con la vida marina
Mazatlán, Sinaloa.— Detrás de las exhibiciones, experiencias de snorkel y enormes hábitats del Gran Acuario Mazatlán Mar de Cortés existe un equipo de 14 buzos y acuaristas que diariamente se sumerge no solamente para realizar tareas técnicas, sino para cuidar a las especies y transmitir a los visitantes un mensaje de conservación.
En el marco del Día Internacional del Buzo, el Gran Acuario reconoció el trabajo de este grupo integrado por cinco mujeres y nueve hombres, quienes participan en actividades de bienestar animal, educación ambiental, mantenimiento y atención a visitantes.
Sus labores se desarrollan bajo principios y lineamientos establecidos por organismos nacionales e internacionales como WAZA, AZA y AZCARM, enfocados en buenas prácticas para el cuidado, manejo y bienestar de las especies.
Mucho más que sumergirse
El trabajo de los buzos incluye la limpieza, mantenimiento y supervisión de los diferentes hábitats, además de participar en la alimentación de especies durante el Tour Tiburón.
También forman parte de talleres educativos, campamentos y eventos, así como de la exhibición diaria de buceo, donde aprovechan la interacción con los visitantes para promover mensajes relacionados con la protección de los océanos.
Otra de sus tareas es acompañar a quienes participan en las experiencias de buceo y snorkel, donde el contacto con el entorno marino se convierte también en una oportunidad de educación ambiental.
Inspirar a los niños, una de las mayores satisfacciones
Para Carlos Raymundo Rodríguez, Oficial de Seguridad de Buceo, uno de los aspectos más satisfactorios de su profesión es observar el impacto que su trabajo tiene entre las nuevas generaciones.
“Es muy bonito aplicar tus conocimientos y estar siempre aprendiendo, pero sobre todo ver la impresión de los niños cuando ven a un buzo. Saber que alguno dice: ‘yo de grande quiero ser así’, es una gran satisfacción”, expresó.
Ignacio Zatarain comparte esa pasión desde su infancia. Ahora encuentra en las exhibiciones realizadas en el hábitat de Océanos una oportunidad para interactuar con los niños y transmitirles su entusiasmo por el mundo marino.
Para Alejandra Hernández, quien tiene dos años formando parte del equipo, las experiencias de snorkel representan una oportunidad para compartir conocimientos y enseñar a los visitantes la importancia de mantener una relación respetuosa con las especies.
Cada inmersión, destacó el Gran Acuario, requiere preparación, planificación y conocimientos técnicos, pero también un compromiso permanente con el bienestar de la vida marina.
Así, detrás del traje, el tanque y cada descenso al agua existe un trabajo que combina cuidado animal, educación y conservación.
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