Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “La propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario”, Noam Chomsky (192...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“La propaganda
es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario”, Noam Chomsky
(1928-?) Escritor y activista político estadounidense.
LLAMADOS
Morena acaba de
mandar dos mensajes rumbo a 2027. Uno desde Michoacán. Otro desde Guerrero.
Y aunque Carlos
Torres Piña y Beatriz Mojica llegaron a las coordinaciones estatales mediante
procesos internos de encuesta, reducir las decisiones solamente a los números
sería quedarse con la mitad de la historia.
Porque Morena
parece estar entrando en una etapa donde ganar una encuesta puede ser
indispensable, pero ya no necesariamente suficiente.
Michoacán es el
primer ejemplo.
Carlos Torres
Piña derrotó a Raúl Morón y otros aspirantes después de una competencia que
terminó representando mucho más que una lucha entre personajes.
Era también una
disputa entre grupos.
Torres Piña
tiene cercanía política con el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, mientras
Morón representa una fuerza propia dentro del movimiento. Finalmente ganó el
primero y Morón reconoció el resultado y anunció que permanecerá en Morena.
Aquí hay un
punto a favor del método.
Una encuesta
pública de Parametría levantada días antes colocaba a Torres Piña con 22 por
ciento, frente al 11 por ciento de Morón. Es decir, la definición interna no
resulta incompatible con lo que algunas mediciones externas estaban detectando.
Pero Guerrero
cuenta otra historia.
Beatriz Mojica
fue seleccionada por Morena y la dirigencia sostiene que resultó la mejor
evaluada en sus mediciones internas. El problema es que encuestas públicas
difundidas inmediatamente antes de la decisión colocaban a Esthela Damián por
encima de ella. SRC, Demoscopia y Rubrum coincidían en colocar a Damián
adelante, aunque con diferencias distintas.
Entonces aparece
inevitablemente la pregunta: ¿Cuál encuesta vale?
La respuesta
formal será sencilla: la de Morena. La respuesta política es mucho más
complicada.
Porque mientras
Morena mantenga reservados sus resultados completos, siempre quedará espacio
para que los derrotados argumenten que existieron otros factores.
Y Abelina López
ya abrió esa puerta.
La alcaldesa de
Acapulco con licencia cuestionó públicamente el resultado y habló de “encuestas
de papel”, contraponiéndolas a la movilización que asegura tener en territorio.
Ahí aparece el
principal riesgo del nuevo método. La opacidad puede resolver candidatos, pero
complicar la unidad.
Antes Morena
enseñaba públicamente los resultados de sus encuestas. Ahora la dirigencia
decidió reservarlos, aunque existen versiones de que los aspirantes sí conocen
las mediciones. Además, se están considerando antecedentes, acuerdos internos y
otras valoraciones políticas.
¿Eso
necesariamente está mal?
No. Un partido
que gobierna prácticamente todo el país sería ingenuo si escogiera candidatos
solamente preguntando quién es más conocido.
También debe
medir negativos. Antecedentes. Capacidad de crecimiento. Unidad interna. Alianzas.
Paridad. Competitividad frente a la oposición.
Y hasta la
posibilidad de que determinado candidato termine dividiendo al propio
movimiento. Eso también es política.
El problema
aparece cuando esos criterios existen, pero nadie sabe cuánto pesan.
Porque entonces
la encuesta deja de ser la regla y puede convertirse simplemente en una parte
de la justificación.
¿Qué ganó
Morena?
En Michoacán
probablemente ganó continuidad y control político.
Torres Piña
conoce el gobierno, tiene estructura y cuenta con una relación política cercana
al grupo gobernante. En Guerrero apostó por una figura con trayectoria
nacional, experiencia electoral y antecedentes importantes dentro de la
izquierda.
Beatriz Mojica
ya sabe lo que significa disputar una gubernatura. Eso reduce improvisación.
¿Qué arriesga?
Precisamente lo
que históricamente ha sido una de las mayores fortalezas de Morena: Que quienes
pierden acepten que perdieron porque existió una medición reconocible.
Cuando el
resultado no se muestra públicamente, el derrotado siempre puede decir:
“Yo tenía otros
números”. Y entonces comienza la verdadera encuesta. La de las calles.
La de los
grupos. La de las movilizaciones. Y la de las negociaciones posteriores. Y aquí
entra Sinaloa
Por eso
Michoacán y Guerrero deberían observarse cuidadosamente desde Sinaloa. La
designación de Imelda Castro ya dejó una primera enseñanza.
Pero las
siguientes definiciones —alcaldías, diputaciones y espacios de la alianza—
permitirán saber si el modelo se repetirá.
Porque tendremos
personajes que encabezarán encuestas. Otros tendrán estructura. Algunos tendrán
territorio. Otros traerán acuerdos con la dirigencia. Y también estarán las
posiciones que Morena deberá negociar con Verde y PT. Entonces quizá estamos
haciendo mal la pregunta cuando decimos:
¿Quién va
arriba?
La pregunta
correcta rumbo a 2027 podría ser otra: ¿Quién reúne encuesta, territorio,
estructura, buena reputación, acuerdos y utilidad para completar el tablero
electoral?
Ese parece ser
el verdadero método que Morena está construyendo. Tiene una ventaja enorme:
permite escoger políticamente al candidato más conveniente.
Pero también
tiene un peligro. Cuando las reglas dejan demasiado espacio a la
interpretación, cada ganador parece producto de una estrategia.
Y cada derrotado
puede sentirse producto de una decisión. Morena está demostrando que sabe
administrar el poder. Ahora tendrá que demostrar algo quizá más complicado: que
también sabe administrar a quienes se quedan sin él.
POR EL CORAZÓN
AGRÍCOLA
La carrera por
Guasave todavía tiene muchos nombres, pero poco a poco comienzan a distinguirse
quienes realmente pueden llegar a la pelea.
Hoy hay dos
figuras que merecen especial atención: Feliciano “Chano” Valle y Martha Dagnino.
Chano tiene una
ventaja importante. Está dentro del Ayuntamiento, conoce la estructura
municipal, tiene experiencia política y su aspiración por gobernar Guasave no
nació ayer. Ya buscó esa oportunidad y ha seguido caminando.
No necesita un
destape espectacular. Necesita mantenerse vigente, construir acuerdos y
demostrar que puede convertirse en una opción de unidad dentro de Morena.
Martha Dagnino
representa una ruta diferente.
La diputada ha
comenzado a mostrar abiertamente su interés por la Presidencia Municipal y
tiene detrás una variable que puede pesar mucho: el Partido Verde.
Si Morena, Verde
y PT mantienen su alianza, Guasave podría entrar en la negociación de
posiciones. Y entonces Martha no solamente competiría por posicionamiento
personal; tendría también una ficha partidista sobre la mesa.
Por supuesto, la
carrera no termina ahí.
Cecilia Ramírez
conserva el peso de gobernar el municipio; Zulma Gámez busca crecer
políticamente; Enrique Covarrubias mantiene presencia y otros perfiles
intentarán entrar a la conversación.
Pero Chano y
Martha tienen algo que comienza a diferenciarlos.
Los
dos tienen ruta. Uno desde Morena y la estructura municipal. La otra desde el
Verde, el Congreso y una eventual negociación de la alianza. Todavía falta
mucho. Pero en Guasave la pregunta empieza a cambiar.
Ya no es
solamente quién quiere ser alcalde. Es quién puede construir las condiciones
para convertirse en candidato. Y hoy, Chano Valle y Martha Dagnino parecen
haber entendido primero esa diferencia.
VA EN SERIO
En política hay
renuncias que significan salida. Y otras que anuncian una entrada.
La decisión de
María Joseé Salazar Reyes de dejar HERSA Corporativo debe leerse más allá del
ámbito empresarial: es hasta ahora su movimiento más claro para demostrar que
sus aspiraciones políticas van en serio.
No significa
candidatura. Mucho menos una decisión tomada en Morena. Pero sí libera su
agenda, separa los negocios de su proyecto político y le permite comenzar a
construir territorio.
María Joseé
tiene una ventaja: llega sin el desgaste de la política tradicional, con
experiencia empresarial y una marca conocida en Mazatlán.
Pero también
tiene un reto enorme.
En Morena no
basta posicionarse. Necesita estructura, territorio, relaciones y aceptación
interna.
Y ahí estará su
verdadera prueba.
Si después de
esta renuncia vienen recorridos, reuniones políticas y acercamientos con las
estructuras de Morena, entonces quedará claro que no está levantando la mano
solamente para participar.
Está
construyendo para competir. Y habrá que observar hasta dónde quiere llegar.
Porque quizá la
pregunta ya no sea si María Joseé quiere entrar a la política. La pregunta
comienza a ser: ¿qué quiere disputar en Mazatlán?
PUENTES
La reunión de
Graciela Domínguez con Carlos Berdegué tiene una lectura que va más allá del
turismo.
La gobernadora
parece entender que necesita reconstruir la relación del Gobierno del Estado
con los sectores productivos de Mazatlán, particularmente con un empresariado
golpeado por la inseguridad y la desaceleración económica.
Berdegué no es
solamente un hotelero. Representa uno de los grupos empresariales con mayor
peso e interlocución en el puerto.
Por eso el
encuentro importa. Graciela está mandando una señal de apertura: escuchar,
acercarse y generar confianza.
Y políticamente
hace bien. Porque gobernar Sinaloa también implica recuperar los puentes que
durante mucho tiempo estuvieron deteriorados.
Mazatlán puede
ser un buen lugar para comenzar.
LA ÚLTIMA
Imelda cambia el
discurso
Imelda Castro
empieza a hablar menos como candidata y más como gobernante.
Su llamado a una
reconciliación política y a cerrar filas por Sinaloa tiene fondo: intenta
colocarse por encima de la confrontación partidista antes incluso de 2027.
El mensaje
también tiene destinatarios.
A Morena le pide
unidad; a la oposición le ofrece interlocución; y a los sinaloenses les plantea
que la siguiente etapa debe superar la confrontación.
Es una
estrategia inteligente.
Después de ganar
la interna, Imelda necesita demostrar que puede sumar más allá de quienes votan
por Morena.
Porque una cosa
es ganar una candidatura.
Otra ganar una
elección.
Y otra, mucho
más complicada, construir las condiciones para gobernar Sinaloa.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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