Petróleo, aluminio, potasa, autopartes y cadenas industriales muestran el nivel de integración entre ambos países, mientras Washington eleva...
Petróleo, aluminio, potasa, autopartes y cadenas industriales muestran el nivel de integración entre ambos países, mientras Washington eleva la presión arancelaria y Ottawa prepara represalias comerciales.
Washington, Estados Unidos.— El presidente Donald Trump sostiene que Estados Unidos no necesita a Canadá. Sin embargo, detrás de esa afirmación existe una relación comercial y energética difícil de separar: cada día, alrededor de cuatro millones de barriles de petróleo canadiense cruzan hacia territorio estadounidense.
“¡No necesitamos a Canadá; ellos nos necesitan a nosotros!”, afirmó Trump esta semana.
La realidad económica muestra una relación mucho más compleja.
El crudo canadiense representa aproximadamente 20 por ciento del consumo total de petróleo de Estados Unidos y resulta particularmente importante para las refinerías de la región centro-norte, muchas de ellas diseñadas específicamente para procesar petróleo pesado procedente de Canadá.
De esas instalaciones salen gasolina, diésel y combustible para aviación destinados al mercado estadounidense.
Pero la dependencia comercial no termina con el petróleo.
EU necesita el aluminio canadiense
Canadá también es un proveedor relevante de aluminio, potasa, autopartes y otros insumos industriales utilizados diariamente por empresas estadounidenses.
La propia administración Trump ha reconocido la importancia del aluminio canadiense mientras mantiene una política arancelaria para presionar a Ottawa.
“Este país necesita aluminio desesperadamente. No lo tenemos. Lo obtenemos casi todo de Canadá, en su mayor parte, y lo necesitamos muchísimo”, reconoció Trump.
Al mismo tiempo, Washington ha establecido un arancel de 50 por ciento al aluminio canadiense, una medida que aumenta la tensión entre dos economías cuyas cadenas productivas llevan décadas integrándose.
Un intercambio de 872 mil millones de dólares
Canadá es el segundo mayor socio comercial de Estados Unidos, después de México.
El intercambio entre ambos países alcanzó aproximadamente 872 mil millones de dólares en bienes y servicios durante el último año, una dimensión que muestra el costo potencial de una confrontación comercial prolongada.
Uno de los sectores más sensibles es el automotriz.
La fabricación de vehículos y componentes funciona mediante cadenas de suministro que atraviesan constantemente la frontera, por lo que mayores aranceles pueden terminar incrementando los costos tanto para productores canadienses como estadounidenses.
Negociaciones fracasan y aumenta la tensión
El enfrentamiento se agravó después del fracaso de las recientes negociaciones entre Washington y Ottawa.
La falta de acuerdo abrió paso a aranceles estadounidenses de hasta 50 por ciento sobre alrededor de 20 mil millones de dólares en productos canadienses, después de que Canadá rechazara aceptar condiciones que consideró desfavorables.
Entre los productos afectados se encuentran materiales de construcción, determinadas prendas de vestir y otros bienes procedentes de Canadá.
El gobierno canadiense encabezado por Mark Carney anticipó una respuesta inmediata y aseguró que Ottawa igualará las medidas estadounidenses “dólar por dólar” para defender a trabajadores y empresas.
El T-MEC entra en una etapa de incertidumbre
La disputa ocurre además mientras aumenta la incertidumbre alrededor del futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Washington ha favorecido negociaciones diferenciadas con México y Canadá, argumentando que existen problemas particulares con cada socio comercial.
La posibilidad de mantener revisiones frecuentes del acuerdo, en lugar de garantizar un horizonte prolongado de certidumbre, representa otro factor de presión para empresas que realizan inversiones y operaciones a través de los tres países.
El problema para Estados Unidos es que décadas de integración económica hacen difícil separar a sus vecinos sin generar consecuencias dentro de su propio territorio.
Petróleo, aluminio, automóviles y manufactura revelan una realidad que trasciende el discurso político: Estados Unidos y Canadá pueden enfrentarse comercialmente, pero sus economías continúan profundamente conectadas.
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