Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga "Nadie es inútil en este mundo mientras pueda aliviar un poco la carga a sus semejantes", C...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
"Nadie es inútil en este mundo mientras pueda aliviar un poco la carga a sus semejantes", Charles Dickens (1812-1870) Escritor y novelista inglés.
RECONOCER
Graciela Domínguez Nava comenzó a definir el tono de su gobierno desde un terreno particularmente complicado: la seguridad.
En su primera visita a Mazatlán como gobernadora puso sobre la mesa una frase que, por sencilla que parezca, adquiere relevancia después de los meses que ha vivido Sinaloa: “Nunca vamos a ocultar la realidad”.
Es un buen punto de partida. Pero solamente eso.Un punto de partida.
Porque reconocer que existe miedo, aceptar que municipios como Mazatlán y Escuinapa atraviesan momentos difíciles y admitir que recuperar la tranquilidad representa un reto permite modificar el discurso gubernamental.
Graciela Domínguez recibió un gobierno en circunstancias extraordinarias. No tuvo periodo de transición. No construyó un gabinete durante meses. Tampoco llega al Ejecutivo en condiciones normales.
Recibe un Sinaloa que arrastra una prolongada crisis de seguridad y donde la violencia ha mostrado capacidad para desplazarse, cambiar de intensidad y alterar la vida cotidiana de comunidades completas.
Por eso resulta significativo que haya colocado la seguridad como prioridad. Pero también es inevitable. No tenía demasiado margen para escoger otra.
Los acontecimientos de Escuinapa durante los últimos días y los hechos registrados en Mazatlán demuestran que el problema no puede analizarse exclusivamente desde Culiacán.
Y aquí aparece uno de los primeros retos del nuevo gobierno: evitar que la violencia se normalice simplemente porque cambia de municipio.
La gobernadora habló de más de 15 mil elementos desplegados en Sinaloa y adelantó la presentación de un Plan Integral de Seguridad y Gobernabilidad, construido en coordinación con el Gobierno Federal.
Habrá que conocerlo. Y analizarlo. Porque después de tantos operativos, refuerzos, despliegues y estrategias anunciadas durante los últimos años, la sociedad probablemente necesita algo más que cifras sobre presencia institucional.
Necesita resultados perceptibles. Que disminuyan los enfrentamientos. Que las familias puedan circular. Que los comercios permanezcan abiertos. Que las carreteras sean seguras. Que los niños puedan asistir a clases.
Que empresarios puedan invertir. Y que quienes cometen delitos enfrenten consecuencias. Ésa es la seguridad que finalmente entiende el ciudadano. No la que se mide exclusivamente contando elementos.
Hay otra expresión de Domínguez Nava que merece atención. Reconoció que existe miedo. Los gobiernos normalmente prefieren hablar de percepción. Ella decidió llamarlo por su nombre. Eso acerca el discurso institucional a lo que realmente viven muchas familias.
Pero pedir confianza a los ciudadanos implica una responsabilidad adicional. La confianza no puede solicitarse indefinidamente. Tiene que construirse.
Y se construye con resultados, información creíble y autoridades capaces de reconocer cuando algo funciona, pero también cuando una estrategia necesita corregirse.
Precisamente por eso su compromiso de no ocultar la realidad puede terminar siendo uno de los parámetros con los que se evalúe su administración.
La agresión contra Alma Rosa Rojo y su hija introduce además un componente particularmente sensible.Las madres buscadoras representan una de las expresiones más dolorosas de la crisis de desapariciones.
Que una integrante de un colectivo sea atacada no puede convertirse en un episodio más dentro de la estadística. La gobernadora habló directamente con ella, ofreció respaldo institucional y reconoció que lo ocurrido representa una alerta. Está bien.
Ahora viene lo importante: protección, investigación y esclarecimiento. Porque defender a quienes buscan a sus familiares también forma parte de recuperar la confianza en el Estado.
La relación con Sheinbaum será determinante Graciela también confirmó algo que políticamente será fundamental para su gobierno: la coordinación con Claudia Sheinbaum.
La eventual visita presidencial durante septiembre tendría un significado que iría más allá de la agenda protocolaria.
Domínguez Nava necesita respaldo federal. En seguridad, evidentemente. Pero también en economía, infraestructura, campo y recuperación social.
Y después de la turbulencia política provocada por el episodio de Rubén Rocha Moya, una visita de Sheinbaum permitiría además observar el nivel de acompañamiento que tendrá el nuevo gobierno desde Palacio Nacional.
Graciela tiene una ventaja importante: no necesita competir por la candidatura de 2027. Imelda Castro ya encabeza la construcción política de Morena rumbo a la sucesión. Eso debería permitir una división bastante clara.
Imelda hace política electoral. Graciela gobierna.
Si ambas respetan esa frontera, la gobernadora puede concentrar prácticamente todo su capital político en entregar resultados durante los meses que le corresponden.
Graciela Domínguez no necesita inventar una nueva realidad. Necesita enfrentar la que recibió. Y quizá por eso aquella frase pronunciada en Mazatlán puede convertirse en una definición de gobierno: “Nunca vamos a ocultar la realidad”.
Que así sea.
Pero reconocerla será apenas la primera parte. Después habrá que explicarla. Enfrentarla. Corregir lo que no funcione. Y finalmente transformarla. Porque Sinaloa ya conoce perfectamente sus problemas.
Lo que necesita ahora son soluciones. Y para Graciela Domínguez, la seguridad será el primer lugar donde las palabras tendrán que convertirse en resultados.
SE FUE PERO SE QUEDÓ
Enrique Inzunza Cázarez abandonó la bancada de Morena, pero no necesariamente al movimiento. Esa diferencia comienza a quedar clara.
El senador sinaloense asegura que respaldará “sin reservas” las iniciativas de Claudia Sheinbaum, aun desde su nueva condición de independiente. La declaración tiene importancia porque Morena perdió formalmente un integrante de su grupo parlamentario, pero podría no haber perdido su voto.
Y ahí aparece una paradoja interesante. Inzunza está políticamente más solo, pero legislativamente puede resultar más necesario.
Su salida dejó al bloque oficialista en una posición más ajustada para construir mayorías calificadas. Si mantiene el respaldo anunciado a la agenda presidencial, Morena podrá seguir encontrando en él un voto útil cuando lo requiera.
Pero ya no será exactamente lo mismo. Antes existía disciplina de bancada. Ahora habrá coincidencia política.
Y entre ambas existe una diferencia que puede volverse importante cuando lleguen asuntos particularmente sensibles al Senado.
También deberá observarse qué ocurre con la Comisión de Estudios Legislativos. Inzunza intenta restarle importancia bajo la frase de que “no importan los cargos, sino los encargos”, pero perder una presidencia de comisión significaría otro paso en la reducción de su influencia institucional.
Su situación tiene entonces dos dimensiones.
En el Senado busca demostrar que su ruptura con Morena fue orgánica, no ideológica.
Y fuera del Senado enfrenta un problema bastante mayor: los señalamientos provenientes de Estados Unidos que él rechaza y sobre los cuales incluso anuncia que escribirá un libro.
Eso último podrá servirle para exponer su versión. Pero la defensa política y la defensa jurídica transitan por caminos diferentes. Inzunza decidió quedarse en el Senado.
Decidió hacerlo como independiente. Y decidió mantener su respaldo a Sheinbaum. No parece, entonces, un rompimiento con la Cuarta Transformación.
Más bien parece un distanciamiento formal diseñado para que su problema personal no continúe trasladándose directamente a Morena.
La pregunta será cuánto tiempo puede sostenerse ese equilibrio. Porque Enrique Inzunza salió de la bancada. Pero, por ahora, su voto parece haberse quedado dentro de la 4T.
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