Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga "El hombre prudente sabe prevenir el mal, el hombre valeroso lo soporta sin quejarse", Pitac...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
"El hombre prudente sabe prevenir el mal, el hombre valeroso lo soporta sin quejarse", Pitaco de Mitilene (650 AC-?) Gobernante griego.
¿PROBLEMA RESUELTO?
Ricardo Monreal dijo dos cosas en las últimas horas que, vistas por separado, pueden parecer asuntos distintos.
No lo son.
Primero reconoció que la salida de Enrique Inzunza Cázarez de la bancada de Morena en el Senado debe preocupar al movimiento porque deja al bloque oficialista con 85 votos, uno menos de los 86 necesarios para alcanzar por sí mismo la mayoría calificada. Después advirtió que Morena deberá prepararse para enfrentar en 2027 una oposición más fuerte y que no contará con las mismas condiciones favorables de 2024.
Entre ambas declaraciones existe un mismo mensaje: Morena ya no tiene margen para desperdiciar votos, cuadros ni alianzas.
Y Sinaloa acaba de convertirse en el mejor ejemplo.
Un senador puede ser solamente un voto… hasta que hace falta
Enrique Inzunza decidió abandonar el grupo parlamentario de Morena y permanecer como senador independiente. La aritmética explica rápidamente por qué Monreal encendió la luz amarilla. Morena conserva 65 senadores y, junto con PVEM y PT, el bloque suma 85. La mayoría calificada requiere 86. Es apenas un voto.
Pero ese voto puede definir reformas constitucionales, nombramientos relevantes y decisiones donde no basta con una mayoría simple. Monreal confía en que Inzunza continuará acompañando buena parte de las iniciativas de la Cuarta Transformación.
Puede ocurrir. Pero ya no existe obligación partidista. Y ésa es la diferencia. Inzunza seguirá teniendo afinidades políticas, seguramente relaciones personales y quizá coincidencias legislativas con Morena.
Pero ahora cada voto será suyo. No de la bancada. Eso cambia su valor. Paradójicamente, Inzunza queda más aislado políticamente mientras su voto puede llegar a valer más parlamentariamente. Es una posición extraña. Débil hacia afuera. Pero potencialmente estratégica dentro del Senado.
Morena quiso quitarse un problema y adquirió otro
También hay que reconocerlo. Inzunza se había convertido en un costo político para el movimiento por los señalamientos que enfrenta. La presión pública hacia él fue aumentando y desde Morena aparecieron voces que consideraban conveniente que solicitara licencia o enfrentara personalmente cualquier cuestionamiento.
El senador escogió una tercera vía. No dejó el escaño.Dejó la bancada. Y con ello separó parcialmente su situación personal de Morena, pero simultáneamente le quitó al partido un voto que hasta entonces podía contabilizar como propio.
Eso explica perfectamente la preocupación de Monreal. No se trata necesariamente de defender a Inzunza. Se trata de entender que en política cada ruptura tiene consecuencias.
Y cuando la diferencia entre controlar o no una mayoría constitucional es de un solo voto, cualquier ruptura deja de ser pequeña.
Lo de 2027 es todavía más importante
Después vino la otra declaración.
Monreal sostuvo que las coaliciones opositoras son normales y que Morena deberá prepararse para enfrentar a una oposición más fuerte. Reconoció algo que dentro de los partidos gobernantes no siempre resulta sencillo aceptar: 2027 no será 2024.
Claudia Sheinbaum ya no estará encabezando la boleta presidencial. No existirá aquel efecto nacional arrastrando candidaturas locales. Y los adversarios tendrán tiempo para corregir errores, construir alianzas y buscar candidatos competitivos.
Monreal fue bastante claro: Morena debe cuidar su relación con el Verde y el PT y no confiarse. Eso tiene una traducción directa para Sinaloa. Aquí el movimiento acaba de vivir una crisis política extraordinaria.
Rubén Rocha Moya terminó nuevamente fuera del Gobierno. Graciela Domínguez Nava asumió el Ejecutivo. Imelda Castro fue colocada al frente de la construcción electoral rumbo a 2027. Enrique Inzunza abandonó la bancada.
Y numerosos grupos que durante meses construyeron aspiraciones deberán ahora alinearse alrededor de una sola figura. Todo en cuestión de días. Eso no significa que Morena esté derrotado. Sería absurdo plantearlo.
Sigue siendo la fuerza política con mayor estructura electoral en Sinaloa y ya tiene definida a la persona que encabezará su proyecto. Pero tampoco puede comportarse como si nada hubiera ocurrido.
Imelda recibe un partido fuerte, pero golpeado
Ésta es quizá la conexión más importante. Imelda Castro llega a la coordinación con estructura, partido, aliados y una definición temprana que le permite comenzar a trabajar antes que la oposición.
Es una ventaja. Pero también recibe los costos acumulados de los últimos meses. La violencia. La incertidumbre política. Los problemas económicos. El campo. La crisis provocada alrededor de Rocha.
Y ahora la salida de Inzunza.
La economía sinaloense tampoco ayuda al discurso triunfalista: los datos recientes reportan contracción económica, pérdida de empleos y cierres de empresas en un entorno afectado por violencia e incertidumbre.
Por eso Imelda no solamente necesita unir a quienes compitieron contra ella. Necesita reconstruir confianza fuera del partido. Eso será bastante más difícil.
La oposición también está entendiendo el momento
Y aquí Monreal tiene razón. La oposición se está moviendo.
PAN y PRI han comenzado nuevamente a explorar acuerdos estatales pese a sus diferencias nacionales, mientras en diferentes entidades se analiza la conveniencia de construir candidaturas comunes rumbo a 2027.
En Sinaloa el debate ya comenzó. PAN habla de alianzas. El PRI discute hasta dónde conservar identidad y hasta dónde abrirse. PAS tiene estructura territorial. Movimiento Ciudadano tendrá que decidir si mantiene su ruta propia o encuentra condiciones para participar en un frente mayor.
Todavía no existe una alianza consolidada. Mucho menos un candidato común. Pero ahí está precisamente el riesgo para Morena. La oposición tiene tiempo. Y si encuentra un perfil competitivo capaz de trascender las siglas, la elección puede adquirir otra dimensión.
Inzunza es una advertencia pequeña de un problema grande
Por eso la salida del senador tiene una lectura que va más allá del Senado. Inzunza representa exactamente aquello que Monreal quiere evitar rumbo a 2027: Rupturas. Deserciones. Proyectos personales. Grupos inconformes. Votos que dejan de estar garantizados.
Porque una mayoría política puede parecer enorme mientras permanece unida. Cuando comienza a fragmentarse, cada persona adquiere un peso diferente. Eso ocurre hoy en el Senado. Y podría ocurrir mañana en las elecciones.
La elección no estará perdida ni ganada de antemano
Aquí debemos mantener equilibrio. Morena continúa teniendo enormes ventajas. Gobierno. Estructura.
Presencia territorial. Una candidata prácticamente definida. PVEM y PT como aliados naturales. Y Claudia Sheinbaum con elevados niveles de influencia sobre el movimiento.
Pero también tiene nuevas responsabilidades. Ya no basta con decir que la oposición está dividida. Tiene que permanecer unido. Ya no basta con confiar en la marca. Tiene que presentar resultados. Y ya no basta con recordar el triunfo de 2024. Tiene que entender que el elector de 2027 evaluará circunstancias distintas.
Eso es lo que Monreal parece estar advirtiendo.
La otra lectura
Quizá las declaraciones de Ricardo Monreal sean menos pesimistas de lo que parecen. Pueden ser simplemente realistas. Los partidos pierden elecciones cuando confunden fuerza con invulnerabilidad.
Morena sigue siendo fuerte. Pero después de Rocha, de Inzunza y de los reacomodos internos, ya sabe que también puede cometer errores. Imelda Castro tiene ahora la responsabilidad de evitar que esos errores se acumulen.
Integrar a quienes perdieron. Cuidar al Verde y al PT. Mantener distancia suficiente de los costos del pasado sin renegar del movimiento. Y enfrentar una oposición que probablemente intentará llegar más unida.
La salida de Enrique Inzunza dejó a Morena a un voto de perder la comodidad legislativa. Las elecciones de 2027 pueden dejarle una enseñanza semejante.
En política, cuando las diferencias se estrechan, cada voto cuenta. En el Senado ya lo descubrieron. En Sinaloa sería mejor entenderlo antes de llegar a las urnas.
LOS CAMBIOS DE RIELES
La designación de Imelda Castro Castro como coordinadora estatal en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional no puede leerse únicamente como el resultado de una encuesta.
Es algo más.
Es la forma en que Morena, el Partido Verde y el Partido del Trabajo decidieron cerrar filas en Sinaloa después de semanas de tensión política, reacomodos internos y una crisis institucional que terminó acelerando los tiempos.
Imelda ya estaba en la ruta. Eso lo hemos dicho.
Tenía trayectoria, estructura, reconocimiento dentro del movimiento y una relación política suficientemente amplia para dialogar con distintos grupos sin depender completamente de uno solo.
La crisis de Rubén Rocha Moya no creó su proyecto. Lo aceleró. Y ahora aparecen dos datos que ayudan a entender mejor la decisión. El primero es el mensaje de Claudia Sheinbaum.
La Presidenta no se limitó a reconocer formalmente el resultado. Habló de Imelda como una mujer recta, honesta, con muchos años dentro del movimiento y con amor por Sinaloa.
Eso no es un simple cumplido. Es un mensaje político.
Sheinbaum dejó claro que ve en Imelda a una figura confiable, identificada con la transformación y con condiciones para encabezar una nueva etapa.
No la declaró candidata. No podía hacerlo. Pero sí construyó públicamente una legitimidad alrededor de ella. Y eso pesa.
El segundo dato es todavía más importante
PVEM y PT suspendieron sus propios procesos internos. No concluyeron sus mediciones. No esperaron a definir sus propias cartas. Decidieron acompañar la designación de Imelda. Y lo hicieron de manera presencial.
Eso significa que la decisión dejó de ser solamente de Morena. Se convirtió en una decisión de bloque. Ricardo Madrid lo explicó con claridad: el momento que vive Sinaloa obligó a poner por encima de proyectos personales la necesidad de unidad.
Karen Castrejón habló de altura de miras y de priorizar el bienestar colectivo. El PT hizo lo mismo. No fue menor que los tres partidos aparecieran juntos precisamente en el caso de Sinaloa. Eso confirma que había urgencia.
Urgencia por cerrar la competencia. Urgencia por evitar fracturas. Urgencia por mandar un mensaje de estabilidad. Y urgencia por dejar claro que, después del episodio Rocha, el oficialismo no quería prolongar otro conflicto interno.
Imelda terminó siendo la solución políticamente más segura
Aquí está el punto fino. Morena podía haber prolongado las encuestas. El Verde podía mantener su proceso. El PT también. Gerardo Vargas podía seguir construyendo.
Tere Guerra, Estrella Palacios, Omar López, Jesús Ibarra y otros aspirantes podían continuar recorriendo el estado. Pero el contexto cambió.
Sinaloa necesitaba una definición rápida. Y dentro de todos los perfiles, Imelda parecía reunir algo que en ese momento tenía mucho valor:capacidad para unir sin representar una ruptura.
No era una candidata externa. No era una figura improvisada. No era una imposición evidente desde fuera. Y tampoco estaba tan ligada al grupo de Rocha como para cargar completamente con los costos de su crisis. Eso la convirtió en una salida políticamente funcional.
Y ahí aparece Sheinbaum
El respaldo presidencial fortalece esa lectura. Porque Imelda ahora puede construir su proyecto diciendo dos cosas al mismo tiempo. Que tiene historia dentro de Morena. Y que representa una nueva etapa.
Eso le permite conservar la estructura del movimiento sin quedar atrapada únicamente en el pasado inmediato. La tarea será difícil. Tendrá que reconocer lo hecho. Pero también corregir.
Tendrá que mantener unidad. Pero construir identidad propia. Tendrá que convivir con Graciela Domínguez en el Gobierno. Pero sin intentar gobernar desde la coordinación.
Y tendrá que mantener cercanía con Claudia Sheinbaum sin proyectarse como una candidatura construida exclusivamente desde el centro. Ese equilibrio será decisivo.
Lo que pasó con Verde y PT también cambia a la oposición
Mientras Morena, PVEM y PT prácticamente cerraron filas alrededor de una misma figura, la oposición sigue discutiendo cómo llegar a 2027. PAN habla de alianzas. PRI debate entre identidad y apertura.
PAS busca preservar su peso político. Movimiento Ciudadano todavía debe decidir hasta dónde caminar solo. Esa diferencia de tiempos puede ser importante. Morena ya tiene nombre. Ya tiene bloque.
Y ya tiene respaldo presidencial. La oposición todavía está definiendo método. Eso no significa que la elección esté resuelta. Pero sí significa que Morena comienza antes.
La verdadera lectura
Quizá lo más importante de todo este episodio no sea que Imelda ganó. Es cómo ganó. Ganó dentro de Morena. Pero también consiguió que Verde y PT renunciaran temporalmente a sus propios procesos para acompañarla.
Y después recibió un reconocimiento público de Claudia Sheinbaum que le da una dimensión nacional a su designación. Eso es mucho más que una encuesta. Es una operación de unidad. Y probablemente eso fue lo que Morena necesitaba en Sinaloa después de tantas semanas de incertidumbre.
Imelda fue la elegida. Eso ya estaba definido de tiempo atrás. Lo nuevo es que ahora no solamente Morena decidió caminar con ella. El Verde y el PT también. Y Claudia Sheinbaum acaba de colocarle encima algo todavía más importante: confianza política.
Ahora falta lo más complicado. Convertir esa unidad partidista en confianza ciudadana. Porque una cosa es conseguir que tres partidos cierren filas. Y otra muy distinta será conseguir que Sinaloa haga lo mismo en las urnas.
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