Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga “La verdad no siempre es bonita, pero el hambre de ella sí”, Nadine Gordimer (1923-2014) Escrito...
Entre Veredas
Marco Antonio
Lizárraga
“La verdad no
siempre es bonita, pero el hambre de ella sí”, Nadine Gordimer
(1923-2014)
Escritora sudafricana .
RESPIRO EN EL SEXTO
DISTRITO
Hay espacios
políticos que parecen permanentes, hasta que la propia ley recuerda que no lo
son.
El Distrito 06
federal de Sinaloa ha tenido un mismo rostro durante los últimos nueve años.
Desde 2018, la representación en la Cámara de Diputados ha recaído en Olegaria
Carrazco Macías, quien logró mantenerse durante tres legislaturas consecutivas,
una permanencia que pocos legisladores sinaloenses pueden presumir.
Pero todo ciclo
político tiene un final.
Más allá de la
evaluación que cada ciudadano haga de su desempeño legislativo, existe una
realidad jurídica y política: al concluir la actual Legislatura en 2027, Morena
estará obligado a presentar un nuevo perfil para competir por la diputación
federal. La reelección consecutiva ya no será una opción para quien ha ocupado
el cargo durante tres periodos, por lo que la sucesión dejó de ser una
posibilidad para convertirse en una necesidad.
Y es
precisamente ahí donde comienza el verdadero análisis.
Porque mientras
la opinión pública sigue concentrada en el presente, dentro de Morena el reloj
político ya comenzó a correr.
La pregunta ya
no es si Olegaria Carrazco volverá a aparecer en la boleta. La verdadera
interrogante es otra: ¿quién está construyendo las condiciones para ocupar el
espacio político que dejará vacante?
Pero antes de
hablar de los nuevos perfiles, inevitablemente tendrá que hacerse un balance
del ciclo que está por concluir.
Porque una cosa
es mantenerse durante tres periodos consecutivos en la Cámara de Diputados y
otra muy distinta es dejar una presencia política permanente en el territorio
que se representa.
Ese, quizá, sea
el principal pendiente que deja la actual representación federal.
Durante estos
nueve años, la diputada consiguió consolidarse dentro de Morena como un cuadro
disciplinado y de confianza para el movimiento. Sin embargo, esa permanencia
legislativa nunca se tradujo en una presencia constante dentro de los
municipios que integran el Distrito 06.
Fuera de los
eventos organizados por Morena o de las actividades institucionales propias de
la Cámara de Diputados, fueron escasas las ocasiones en que se le observó
recorriendo de manera permanente el territorio.
En municipios
como Elota, Cosalá y San Ignacio, presidentes municipales, exalcaldes, sectores
productivos y ciudadanos difícilmente podrían señalar una agenda permanente de
trabajo legislativo, una gestión relevante para esos municipios o una
interlocución constante con sus gobiernos.
La percepción
que prevaleció durante los tres periodos fue la de una diputación distante del
territorio.
Mazatlán terminó
siendo la excepción.
Y no
necesariamente porque sea la cabecera del distrito, sino porque conforme avanzó
el tiempo comenzó a observarse una mayor presencia política en el puerto,
alimentando las versiones que desde hace tiempo la colocan como una de las
posibles aspirantes a buscar la Presidencia Municipal de Mazatlán cuando
concluya su etapa legislativa.
Ese contexto
modifica completamente la lectura del Distrito 06.
Porque Morena no
solamente deberá encontrar un candidato competitivo; también tendrá que
responder a una exigencia ciudadana que empieza a hacerse evidente: contar con
un representante que mantenga una relación permanente con los municipios que
integran el distrito y no únicamente con la cabecera municipal.
Y ahí comienzan
a aparecer los nombres.
La primera
mirada apunta inevitablemente hacia Estrella Palacios Domínguez.
No solamente
porque gobierna el municipio con mayor peso electoral del distrito, sino porque
hoy encabeza la administración pública más visible del sur de Sinaloa.
Gobernar
Mazatlán significa administrar una plataforma política privilegiada. Cada obra
pública, cada programa social, cada decisión administrativa y cada resultado
tienen una repercusión política inmediata.
Si su
administración mantiene estabilidad, crecimiento económico, desarrollo
turístico y mejora en los servicios públicos, su nombre aparecerá naturalmente
en cualquier conversación sobre el futuro del Distrito 06.
Sin embargo, la
política ha demostrado una y otra vez que gobernar el municipio más importante
no garantiza una candidatura. La fortalece, sí; la asegura, nunca.
En San Ignacio,
el alcalde Luis Fernando Loaiza Bañuelos representa un perfil completamente
distinto, se ha manejado más en el municipio que es el político a vencer en el 2027, hablando de llegar a ser candidato para una reelección, y el trabajo que ha hecho lo consolida como tal, pero no todo queda ahí.
Su fortaleza no
radica en los reflectores, sino en el territorio. Su presencia se construye
desde las comunidades rurales, el contacto ciudadano y el conocimiento de una
región que históricamente ha producido liderazgos con influencia superior a su
peso electoral.
Claro está que
San Ignacio, por sí solo, no aporta los votos suficientes para definir una
elección federal, pero sí puede convertirse en un aliado estratégico dentro de
cualquier proyecto político regional.
Elota también
juega un papel relevante.
Su ubicación
geográfica lo convierte en el puente natural entre el centro y el sur del
estado. Sus liderazgos quizá no tengan el nivel de exposición mediática de
Mazatlán, pero cuentan con estructuras políticas que históricamente han
resultado determinantes en las elecciones.
Cosalá ofrece
otra lectura.
Es el municipio
con menor peso electoral del distrito, pero la política no siempre se define
únicamente por el número de votos. También pesan las alianzas, las
circunstancias y la capacidad de construir consensos.
A este tablero
deben sumarse los diputados locales y los cuadros emergentes de Morena.
No es casualidad
que algunos hayan intensificado sus recorridos, fortalecido la gestión social y
ampliado su presencia territorial. La política tiene sus propios tiempos, y
quienes aspiran a crecer entienden que las candidaturas no comienzan con una
convocatoria, sino con años de trabajo previo.
Morena
enfrentará un reto que tarde o temprano alcanza a todos los partidos que llegan
al poder: cómo renovar sin fracturarse, cómo abrir paso a nuevos liderazgos sin
romper los equilibrios internos y cómo mantener la competitividad electoral sin
depender de los mismos perfiles.
El Distrito 06
será una de las primeras pruebas.
Porque por
primera vez desde 2018 el partido llegará a una elección federal sin la
posibilidad de postular nuevamente a la misma candidata. Eso obliga a construir
acuerdos, medir perfiles y, sobre todo, analizar quién tiene realmente
presencia en el territorio.
Porque si algo
dejó la experiencia de estos últimos nueve años es una enseñanza que
difícilmente podrá ignorarse.
Los ciudadanos
ya no solamente buscarán un candidato que gane elecciones.
Buscarán un
diputado que recorra los municipios, que gestione recursos, que mantenga
comunicación con los alcaldes, que impulse iniciativas de impacto regional y
que recuerde que un distrito federal no termina donde termina el malecón de
Mazatlán.
Las campañas
duran apenas unos meses.
La
representación popular dura tres años.
Y después de
nueve años de una diputación cuya presencia territorial fue, para muchos, más
discreta que cercana, Morena tiene frente a sí la oportunidad —y también la
obligación— de construir un nuevo liderazgo que entienda que representar al
Distrito 06 significa caminar por igual las calles de Mazatlán, los valles de
Elota, la sierra de Cosalá y las comunidades de San Ignacio.
Porque la
sucesión ya no es una especulación.
Es una realidad
política que ya comenzó.
Échense ese
trompo a la uña.
IMPULSO
Las
declaraciones de la gobernadora Yeraldine Bonilla no deben leerse únicamente
como un informe sobre el avance de la obra pública. En realidad, encierran un
mensaje político mucho más profundo.
Cuando afirma
que "el gobierno no se ha detenido" y que "ninguna obra ha
parado", responde a una narrativa que en los últimos meses ha puesto en
duda la capacidad del Estado para mantener el ritmo de gobierno frente al
contexto de inseguridad y los desafíos económicos.
No es casualidad
que enfatice la continuidad de los dos créditos autorizados por el Congreso, ni
que enumere obras en distintas regiones del estado. El mensaje busca transmitir
estabilidad financiera, capacidad administrativa y, sobre todo, gobernabilidad.
La apuesta
también tiene una lectura política. Con las elecciones de 2027 cada vez más
cerca, la infraestructura será uno de los principales activos que Morena pondrá
sobre la mesa para defender su permanencia en el gobierno estatal. Carreteras,
puentes, sistemas de agua potable y el malecón de Culiacán no son solamente
obras; son cartas de presentación de una administración que buscará ser
evaluada por sus resultados.
Sin embargo, el
reto no termina con ejercer los recursos o concluir los proyectos en tiempo. La
verdadera evaluación ciudadana llegará cuando esas obras logren resolver
problemas cotidianos y mejoren la calidad de vida de los sinaloenses.
Porque en
política, inaugurar una obra genera impacto. Pero convencer a la ciudadanía de
que esa obra transformó su realidad es lo que finalmente construye un legado.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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