Entre Veredas Marco Antonio Lizárraga La política tiene tiempos oficiales y tiempos reales. Los primeros están marcados por convocatorias, r...
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
La política tiene tiempos oficiales y tiempos reales.
Los primeros están marcados por convocatorias, registros y calendarios partidistas. Los segundos comienzan mucho antes, cuando los actores empiezan a mover piezas, medir fuerzas y construir escenarios.
En Sinaloa, la sucesión gubernamental de 2027 ya entró en esa fase.
Falta exactamente una semana para que Morena abra el registro de aspirantes a la Coordinación de la Defensa de la Cuarta Transformación, una figura que formalmente representa una responsabilidad partidista, pero que políticamente se ha convertido en la antesala de la candidatura al Gobierno del Estado.
Nadie dentro del movimiento ignora la importancia del proceso.
Por ello, durante los últimos meses se han acelerado los posicionamientos, las giras, los encuentros y las señales políticas que permiten identificar a quienes buscan formar parte de la competencia interna.
Hasta el momento existen cuatro perfiles que ya aparecen claramente en el radar político estatal.
La senadora Imelda Castro Castro, una de las figuras históricas de la izquierda sinaloense y con una larga trayectoria dentro del movimiento que hoy gobierna el país.
La diputada federal Graciela Domínguez Nava, considerada una de las fundadoras de Morena en Sinaloa y protagonista de varios de los momentos clave en la consolidación del partido en la entidad.
La diputada local María Teresa Guerra Ochoa, actual presidenta de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado y una de las voces más visibles de la Cuarta Transformación en la agenda legislativa y gubernamental.
Y el diputado federal Jesús Ibarra Ramos, quien ha comenzado a construir una ruta propia con una narrativa que busca representar renovación generacional dentro del movimiento.
Los cuatro cuentan con fortalezas distintas.
Los cuatro tienen presencia pública.
Los cuatro poseen estructuras, grupos de apoyo y espacios de influencia.
Y los cuatro, por diferentes razones, aparecen como aspirantes naturales dentro del proceso que está por iniciar.
Sin embargo, cuando se habla de Morena, pocas veces las cosas terminan ocurriendo exactamente como parecen.
La historia reciente del partido demuestra que las definiciones más importantes suelen construirse en varias mesas al mismo tiempo. Una cosa es lo que se percibe en los estados y otra muy distinta lo que se analiza desde los centros de decisión nacional.
Por ello, conforme se acerca la fecha del registro, comienza a crecer una pregunta que recorre los pasillos de la política sinaloense.
¿Realmente la contienda está limitada a estos cuatro nombres?
La duda no es menor.
Existen quienes consideran que todavía podría aparecer un perfil que hasta ahora ha optado por la prudencia política. Un actor que no ha manifestado públicamente sus intenciones, pero que podría contar con los atributos suficientes para convertirse en una opción competitiva dentro del proceso.
No sería un hecho extraordinario.
La política mexicana está llena de ejemplos donde los protagonistas surgen cuando aparentemente todo está definido. Morena, particularmente, ha demostrado una notable capacidad para modificar escenarios y alterar pronósticos a partir de decisiones estratégicas tomadas en los momentos decisivos.
Por ello, mientras los reflectores se concentran en los cuatro aspirantes visibles, nadie parece dispuesto a descartar la posibilidad de una sorpresa.
Pero existe otro elemento que podría modificar por completo el tablero.
La posibilidad de una alianza electoral.
Aunque todavía no existe una definición oficial, en diversos círculos políticos se mantiene la percepción de que Morena podría construir una alianza estratégica con el Partido Verde Ecologista de México rumbo al proceso electoral de 2027.
Y esa posibilidad cambia significativamente la lectura del escenario.
Porque si la elección se construye bajo una lógica de coalición, las decisiones dejarían de depender exclusivamente de las dinámicas internas de Morena para incorporar factores relacionados con acuerdos políticos, equilibrios regionales, representación de grupos y viabilidad electoral.
El Partido Verde ha venido consolidando una presencia importante en Sinaloa durante los últimos procesos electorales. Su crecimiento territorial, su capacidad de movilización y los espacios políticos que ha logrado obtener lo colocan como un aliado relevante para cualquier proyecto de mayoría.
Por ello, no son pocos quienes consideran que podría convertirse en el fiel de la balanza para la elección de 2027.
Bajo esa circunstancia, el abanico de posibilidades se amplía. Y es aquí donde le agregamos a la lista la figura del diputado federal Ricardo Madrid Pérez que ha tejido fino y le ha dado al partido una estructura que antes estaba en el aire, ahora la aterriza con figuras fuertes políticamente en todo el estado.
Tampoco descartar en esta lista de "verdes" a Jesús Valdés Palazuelos que ya fue candidato al Senado en la elección pasada y sentó las bases de lo que hoy es el partido en Sinaloa, pues debido al liderazgo se lograron alcaldías, regidurías y diputaciones tanto locales como federales.
Y en una terna posible también de este partido, quien podría entrar en la ecuación es el actual presidente de la Mesa Directiva del Congreso de Sinaloa Rodolfo Valenzuela Sánchez quien es la figura también de la bancada en el Congreso local. Pero todo, hasta el momento, son posibilidades.
No solamente porque podrían surgir perfiles respaldados por acuerdos de coalición, sino porque las propias negociaciones podrían modificar las prioridades políticas del momento.
En otras palabras, la ecuación sucesoria podría ser más compleja de lo que actualmente parece.
Hoy existen cuatro nombres visibles.
Imelda Castro Castro.
Graciela Domínguez Nava.
María Teresa Guerra Ochoa.
Jesús Ibarra Ramos.
Pero la política rara vez se reduce a lo evidente.
A una semana de que inicie el registro formal de aspirantes, Morena parece tener una contienda definida.
Sin embargo, la experiencia demuestra que las definiciones más importantes suelen producirse lejos de los reflectores.
Por eso, más allá de quién llegue mejor posicionado al arranque del proceso, la verdadera incógnita es otra.
Si los cuatro nombres que hoy ocupan la conversación pública serán los únicos que participen en la disputa.
O si, como ha ocurrido en otras ocasiones, existe una carta que todavía permanece guardada.
Una carta que podría surgir desde las entrañas del propio movimiento.
O desde los acuerdos políticos que comienzan a tejerse rumbo al 2027.
Porque cuando se trata de Morena, las sorpresas nunca deben descartarse.
Y a siete días del registro, quizá lo más interesante no sea lo que ya se sabe.
Sino aquello que todavía nadie ha querido revelar.
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