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Seis tucanes pico de canoa lograron sobrevivir tras ser atendidos en el Hospital de Fauna y hoy habitan un espacio especialmente diseñado, como símbolo del compromiso con la conservación.
La historia inició con la donación de un tucán adulto y, posteriormente, con el ingreso de diez ejemplares juveniles provenientes de un decomiso. Al arribar al Hospital de Fauna del Gran Acuario Mazatlán, su pronóstico era reservado debido a la falta de nutrición y al estrés causado por la extracción de su hábitat natural. Gracias al trabajo del equipo veterinario, encabezado por Ángela López López y su cuidadora Elva Aurora Uribe, seis de los ejemplares lograron sobrevivir tras semanas de atención intensiva.
Actualmente, los tucanes ya comienzan a volar y a alimentarse por sí mismos, mientras continúan su recuperación bajo resguardo. Para su desarrollo, el acuario creó un hábitat especialmente diseñado, donde los visitantes pueden conocer más sobre esta especie emblemática y la importancia de su conservación.
El tucán piquiverde se encuentra catalogado como especie “casi amenazada” a nivel internacional y, en México, figura como Amenazada en la normativa ambiental vigente. Su población ha disminuido por la tala de árboles, incendios forestales, expansión urbana y, principalmente, por la captura ilegal con fines de comercio y caza furtiva.
Para el Gran Acuario Mazatlán y el Centro de Investigaciones Oceánicas, la llegada de estos tucanes va más allá de un atractivo para el público: reafirma el compromiso con la protección, el cuidado y la conservación de la fauna que forma parte del patrimonio natural.
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