La industria automotriz no enfrenta una crisis estructural, sino una reconfiguración productiva impulsada por cambios en el mercado global, ...
La industria automotriz no enfrenta una crisis estructural, sino una reconfiguración productiva impulsada por cambios en el mercado global, la electromovilidad y la competencia asiática, donde México mantiene un papel clave dentro de las cadenas regionales.
La industria automotriz atraviesa un proceso de transformación profunda derivado de un nuevo orden económico internacional y de cambios acelerados en los patrones de consumo, explicó Jessica Yanet Soto Beltrán, investigadora de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
La especialista señaló que esta etapa está marcada por una reconfiguración del mercado global encabezada por Estados Unidos, así como por la transición hacia vehículos más compactos, eficientes y eléctricos, tendencia que ha modificado las estrategias de producción y comercialización a nivel mundial.
Indicó que, en este contexto, las empresas chinas han ganado presencia de manera acelerada, particularmente en América Latina, al ofrecer unidades con costos más accesibles, lo que ha incrementado la presión competitiva sobre las armadoras tradicionales.
Soto Beltrán destacó que este escenario obliga a empresas japonesas y estadounidenses con operaciones en México a replantear sus esquemas productivos. Aclaró que los recientes cierres o ajustes de plantas en entidades como Morelos y Aguascalientes no implican un retiro generalizado del país, sino procesos de reestructuración orientados a optimizar costos y sostener la competitividad frente a nuevos actores del mercado.
Respecto al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), subrayó que, pese al discurso político que impulsa el regreso de plantas al territorio estadounidense, las cadenas de valor continúan altamente integradas. Añadió que trasladar por completo la producción a Estados Unidos elevaría de manera significativa los costos laborales y operativos, lo que reduciría la capacidad de competir frente a fabricantes asiáticos.
Finalmente, sostuvo que, aunque factores como la violencia o la incertidumbre jurídica generan inquietud en algunos sectores empresariales, no se observa una fuga relevante de capitales. Señaló que México conserva estabilidad política y condiciones económicas atractivas, por lo que cualquier salida de empresas dependería de presiones externas extraordinarias o de una eventual ruptura del acuerdo comercial.
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