La Selección Mexicana superó a Panamá en el Estadio Rommel Fernández con un autogol en tiempo de compensación, logrando su primer triunfo en...
La Selección Mexicana superó a Panamá en el Estadio Rommel Fernández con un autogol en tiempo de compensación, logrando su primer triunfo en seis partidos ante selecciones con boleto mundialista.
Lo ocurrido en el Estadio Rommel Fernández no fue futbol; fue una prueba de resistencia para la afición. En un partido infumable de principio a fin, la Selección Mexicana de Javier Aguirre venció 0-1 a Panamá, rompió una racha de seis encuentros sin triunfo ante rivales mundialistas, pero dejó una sensación inquietante: el resultado maquilla carencias que siguen sin resolverse rumbo a la Copa del Mundo.
El encuentro fue un desierto de ideas. Aguirre apostó por un equipo alterno —por momentos más cercano a un combinado B o incluso C— integrado por nombres que, siendo realistas, difícilmente tendrán un rol protagónico en el Mundial que arranca en junio. La consecuencia fue evidente: un futbol plano, lento, sin personalidad ni liderazgo dentro del campo.
La falta de jerarquía se tradujo en un partido sin ritmo, sin ambición y sin alma. Para el “Vasco”, el duelo aportó muy poco en términos de análisis táctico real. Panamá fue tan inofensivo que Raúl Rangel vivió el partido como un espectador más, sin una sola intervención que pusiera a prueba su condición de arquero titular.
Dentro de la mediocridad general, apenas apareció un destello: Richard Ledezma. El lateral del Guadalajara fue el único que intentó algo distinto, atacando su banda con convicción y profundidad. De no ser por sus recorridos, el costado derecho habría sido un páramo absoluto. Aun así, el futbol fue coherente con lo visto: México no encontró el gol por mérito propio.
La anotación llegó, como tenía que llegar en un partido así, por la vía del accidente. Al minuto 93, un autogol del panameño Richard Peralta decidió un encuentro que parecía condenado al olvido desde mucho antes del silbatazo final.
México ganó, sí, pero fue una victoria circunstancial, casi fortuita, que deja más dudas que certezas. El marcador suma en la estadística, pero no en la convicción. Y cuando el Mundial está cada vez más cerca, el problema no es no ganar: es ganar sin saber bien por qué.
.png)

