Sobre el camino Benjamín Bojórquez Olea. En la política sinaloense, hay figuras que irrumpen con estridencia y otras que avanzan con un rit...
Sobre el camino
Benjamín Bojórquez Olea.
En la política sinaloense, hay figuras que irrumpen con estridencia y otras que avanzan con un ritmo calculado, casi imperceptible, pero altamente efectivo. Enrique Inzunza Cázarez parece pertenecer a este último grupo. El Senador, más allá de sus conocidas habilidades jurídicas y de su carácter férreo, se está redibujando ante la opinión pública con una estrategia simple en apariencia, pero sofisticada en su alcance: las asambleas informativas.
Conviene detenerse a reflexionar. ¿Tiene Inzunza un proyecto político inmediato? Es posible que no lo haya revelado con claridad. Su nombre se ha colocado como una incógnita en torno a tres posibles escenarios: la gubernatura en 2027, la alcaldía de Culiacán o, incluso, la coordinación de la próxima legislatura local.
No obstante, lo relevante en este punto no es tanto la meta, sino la forma en que está construyendo su tránsito hacia ella. El suyo no es un camino apresurado, sino un tejido paciente de relaciones, percepciones y nuevas narrativas.
Porque en política, el “ser” y el “parecer” importan casi en la misma medida. Inzunza Cázarez ha sido estigmatizado durante años con la etiqueta de un hombre impenetrable, distante y poco tratable. Y, sin embargo, sus encuentros con la ciudadanía están mostrando otra cara: la del político que escucha, que se acerca, que busca conectar emocionalmente con sectores populares y rurales. Esa es, sin duda, una jugada de reposicionamiento que busca neutralizar viejas campañas negras y construir una imagen más integral, más cercana a lo que hoy exige el electorado.
No se trata solo de carisma, sino de método. Las asambleas informativas cumplen una doble función: son ejercicios de gestión social que otorgan beneficios inmediatos a las comunidades, y, al mismo tiempo, son espacios de legitimación política que colocan a Inzunza Cázarez en contacto directo con la base ciudadana. Es un capital simbólico que, a futuro, puede ser determinante.
En tiempos donde la política suele reducirse a discursos digitales y propaganda, la presencia física, el saludo, el abrazo y la escucha activa, recuperan un valor enorme.
La pregunta de fondo es si este proceso será suficiente para convertir al Senador en un contendiente natural rumbo a 2027 o si, por el contrario, se trata de una estrategia de posicionamiento más amplia, que le permita conservar relevancia sin importar el cargo a disputar. Lo que sí resulta evidente es que, al margen de la incertidumbre de sus aspiraciones, Enrique Inzunza ha logrado colocar sobre la mesa un activo político difícil de ignorar: la capacidad de reconstruir su imagen y conectarse con la gente desde un terreno distinto al que sus adversarios le habían impuesto.
En una democracia donde la improvisación, el pago de cuotas y la mercantilización de candidaturas siguen siendo prácticas recurrentes, la trayectoria de un político serio, con formación sólida y un proyecto estructurado, se vuelve un bien escaso. Tal vez ahí radica la verdadera carta de presentación de Inzunza Cázarez: no tanto en lo que aspira, sino en lo que representa como contraste frente a la ligereza con la que se designan funcionarios en este país.
GOTITAS DE AGUA:
El tiempo dirá hacia dónde se encamina su paso lento, pero firme. Lo que queda claro es que, en Sinaloa, los próximos años pondrán a prueba no solo la capacidad de Enrique Inzunza para sostener su nueva narrativa, sino también la madurez de una ciudadanía que debe decidir si premia la preparación y la consistencia, o si continúa apostando por proyectos de coyuntura. En ese dilema se juega, quizá, mucho más que la carrera de un hombre: se juega el rumbo político de todo un Estado. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”...
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