La presidenta presume una encuesta que refleja optimismo ciudadano en materia de seguridad, pero el país aún enfrenta retos reales que no de...
La presidenta presume una encuesta que refleja optimismo ciudadano en materia de seguridad, pero el país aún enfrenta retos reales que no deben opacarse por cifras de percepción.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, celebró esta semana los resultados de una encuesta de De las Heras que señala que el 56% de los encuestados cree que la seguridad ha mejorado o se mantiene igual desde el inicio de su gestión. El dato, difundido con entusiasmo desde Palacio Nacional, sirvió de base para felicitar al Gabinete de Seguridad y reiterar el compromiso con el combate a la violencia. Sin embargo, más allá de la percepción, los hechos diarios exigen un análisis más profundo.
Es natural y hasta saludable que los gobiernos reconozcan cuando hay señales de respaldo ciudadano. Pero también es cierto que la seguridad no debe medirse solo con encuestas, sino con cifras reales de homicidios, desapariciones, extorsiones y violencia armada, delitos que, lamentablemente, continúan afectando a miles de familias mexicanas. La percepción, aunque relevante, no puede convertirse en el principal criterio para medir el éxito de una estrategia de seguridad.
Sheinbaum ha heredado un país marcado por el crimen organizado y la impunidad. A menos de dos meses de haber asumido el cargo, todavía es temprano para hacer un balance serio de su gobierno. Sin embargo, sería un error confiarse demasiado en el respaldo de la opinión pública, sobre todo cuando esta puede cambiar con rapidez ante hechos de alto impacto.
En entidades como Guanajuato, Michoacán, Zacatecas o Guerrero, la violencia no ha cesado. Incluso en estados con importantes despliegues federales como Sinaloa, persisten hechos graves que contradicen esa narrativa de mejoría. La sociedad mexicana no solo quiere sentirse más segura: necesita estarlo.
El llamado a "seguir trabajando" no puede quedarse en retórica de mañanera. Se requiere una evaluación continua, resultados verificables y, sobre todo, una política de seguridad integral que supere la visión militarista. Felicitar al Gabinete puede parecer justo dentro de la lógica de los avances institucionales, pero también podría enviar el mensaje equivocado: que basta con la aprobación de la gente para validar una estrategia que aún está en construcción.
La legitimidad de un gobierno no se mide solo por la percepción, sino por los resultados. Y en materia de seguridad, la única encuesta que verdaderamente importa es la que se responde con tranquilidad en las calles.
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